Una cápsula del tiempo para Betanzos

d. vázquez BETANZOS / LA VOZ

BETANZOS

CESAR QUIAN

Cuatro vecinos participan en un proyecto sobre el confinamiento y la memoria que permite recuperar los recuerdos de varias generaciones

18 mar 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

La cita comenzó y finalizó hablando de covid, pero el proyecto Memoria de Betanzos de Artestudio Xestión Cultural sobre relatos del confinamiento, grabado ayer en el Liceo, supone más la historia de una generación que añora no ya la normalidad, que también, sino unos usos sociales que la modernidad ha dejado solo impresos en sus recuerdos y de unos valores que consideran, en algunos casos, perdidos. Sus recuerdos, al igual que se recogen a vecinos de A Coruña, Sada y Oleiros, pretenden servir como cápsulas del tiempo colectivas y se proyectarán en abril en el Fórum coruñés dentro del programa Falando a Boca Chea.

Carmen Santos, de 78 años y modista, fue la más habladora del grupo de cuatro vecinos citado. Es la única que tiene un referente algo similar a esta pandemia. «Eu aínda lembro os mortos da tuberculose e avisábante de que lavara moito as mans, morría moita xente nova», explica. «Acordo dunha casa da Ponte Vella que morreron os tres fillos», precisa. Luis Otero, de 68 y antiguo maestro, apostilla que familias de Irixoa acogían a los enfermos como si fueran verdaderos hospitales de montaña.

Intentaron hacer un paralelismo con la pandemia de la gripe española, pero reconocen que poco escucharon, pese a que, por ejemplo, Genoveva Picado, 68 años y que trabajó de funcionaria, le murieron dos bisabuelos. «Coa Guerra [Civil] pasouse páxina», comenta a modo de explicación Luis. Fue un tema en el que se extendieron. Pilar Babío, de 78 años y que fue comerciante, reconocía que «os pais falaban do mal que o pasaran» y de cómo ayudaban a los escapados. «Moita xente os escondía aínda que non eran da mesma ideoloxía», loa Genoveva, citando el caso de un escapado que ocultaban en un barril en un molino de A Roibeira. Carmen cita otro caso curioso, el del fusilado de San Paio, que conservó ese apodo tras sobrevivir a un fusilamiento, y que mantuvieron escondido entre el follaje del maíz fuera de la casa para que no los comprometiera.

La charla, conducida por la narradora profesional Charo Pita, también tocó el papel de la mujer en esa época, con los hombres en el frente, que Carmen zanjó con un «traballando moito», y contando como su madre fue a «levarlle cartos de prata ao seu irmán porque sempre valían» o como se empeñó e ir al velatorio de un cura al que corearon «arriba a República e abaixo o clero, e nunca dixo nada», aunque sabía quien participó en los cánticos. «O pouco que contaba meu pai e que a nosa guerra era como unha película de Gila, un desastre», explicó Luis, que dijo que aunque le gustaba apuntar todo, su padre destruyó las anotaciones de esa época para olvidar. El de Carmen, que le tocó embarcar, contaban como salían «cos petos cheos de fabas e garavanzo castellanos» para una muchedumbre que los esperaba en el puerto.

De la guerra los cuatro vecinos pasaron a recordar la importancia de las ferias, el papel de las mandadas, que ayudaban a llevar lo que se transportaba al tren, y también de usos perdidos como el de la berza como envoltorio de los amaroques (fresas salvajes), para la manteca o para salvar los esquejes. También para hablar de las flores que denominaban bistecs, «que na casa non se vían», reconocieron, lo que le trajo a la memoria a Luis «os bistés da Marola, que eran sardiñas».

La emigración les hizo tirar de árbol familiar, para desgranar casos como el hermano de Carmen que preguntado si se acordaba de España, respondió: «Eu acórdome de Caraña». Todos desgranaron experiencias cercanas y como llegaban cartas ansiadas que se leían en grupo y regalos, para paliar la carestía en las casas. También se extendieron en la defensa de otros Caneiros, los del mantel de cuadros, los de las comidas familiares y remontar el río a remo, porque a motor estaba prohibido. Afean los actuales, tomados por una juventud y las salpicaduras de vino. La charla, de dos horas, que bien podría pasar por una clase de etnografía bien documentada concluyó preguntándoles qué añoran tras el covid y coincidieron en señalar que las reuniones familiares, más en el caso de Pilar, que vive sola.