Dos puentes y los restos de un convento ennoblecen Betanzos

Una pequeña ruta conecta las ruinas del monasterio de As Donas con el lavadero de As Cascas y los pasos históricos sobre el Mendo


El convento de Nosa Señora das Donas, en Betanzos, está a punto de pasar a la irrelevancia absoluta, a la nada, a la desaparición. Bloques de piso se le han echado encima, y de aquel administrador contratado por los dueños y que procedía de Teixeiro no queda más que el recuerdo de los historiadores, que incluso no están seguros del nombre, a pesar de que sus descendientes -o al menos una parte de ellos- sí están identificados, y viven por Ferrol, por Narón, por Oroso, por Sada y claro está que por el propio Betanzos. Y a saber por cuántos sitios más.

En esa ciudad tan bella en su casco histórico como tan maltratada en la zona nueva el convento de As Donas se transforma en un buen comienzo de una pequeña ruta que obliga a pararse a los pocos metros, en el magnífico ejemplar de lavadero mandado construir por los hermanos García Naveira -dos benefactores de su localidad natal que volvieron con dinero tras hacer las Américas- y que se encuentra a la sombra del mayor espécimen de feísmo gallego en muchísimos kilómetros a la redonda.

Allí mismo está también un puente histórico, de pie de auténtica carambola. O mejor dicho, gracias al tesón y sana cabezonería de los betanceiros de principios del siglo XIX. Y es que los ingleses, que huían con el rabo entre las piernas para embarcarse en A Coruña -lo que consiguieron, a pesar del resultado desfavorable de la batalla de Elviña-, querían volarlo para complicarle las cosas a sus perseguidores, los soldados de Napoleón. Y los betanceiros dijeron que sí, que eran antigabachos de pura sangre pero que su puente no se tocaba. Y así quedaron las cosas.

El viaje acaba muy pronto, porque medio kilómetro más allá un desvío a la izquierda invita a ir al de Roibeira, un ejemplar tan sencillo como precioso que permite salvar el río Mendo, igual que el anterior. El paraje es grato, y se convierte en un buen lugar para reflexionar cómo fue la construcción de esta obra en la Edad Media, sin duda para comunicarse con Curtis.

Claro está que a lo largo de la historia ha sufrido modificaciones. El arco de esquistos es mucho más antiguo que el principal. Ahí están los tajamares triangulares, esos salientes que tienen como misión desviar la corriente para que no golpee de lleno en el corazón de la estructura y acabe tirándola. No hace demasiados decenios su empedrado llamaba la atención.

«Esta ponte é de todos, ¿sabe por que?». Y ante el silencio del interlocutor, el vecino, jubilado hace mucho tiempo, desvela el misterio: «No 1715 todos os meus antepasados e moitos máis desta parroquia e doutra tiveron que pagar o seu arranxo, e os de Oza pleitaron para non abrir a carteira». No se le puede negar razón.

La aventura: Ir andando entre ambos puentes, As Cascas y Roibeira.

La foto más personal: Ante los muros del convento de Nosa Señora das Donas.

El desafío: Dibujar el convento, porque igual no se presentan muchas oportunidades.

El pasado: Las discrepancias entre Betanzos y Oza para no pagar el arreglo del puente de Roibeira duraron años.

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