El incendio se apagó a los siete meses

Tras el voraz fuego de abril, Nerea y su familia acaban de normalizar su vida regresando a la casa en la que las llamas arrasaron los recuerdos de la joven


Betanzos

Cuando Nerea y su familia observaron desde la calle, aún envueltos en bata y pijama, cómo las llamas devoraban su casa, no se hubieran creído que regresarían a su hogar a tiempo para despedirse de un año marcado a fuego (no es una metáfora) aquel sábado de abril. Todas las cabezas miraban a ese primer piso del barrio de la Ribera de Betanzos, donde el fuego consumía la habitación de Nerea hasta convertirla en un cubo negro. Aquel siniestro necesitó el refuerzo de bomberos de otros parques. Pero un incendio no se acaba cuando estos se van dejando el edificio ventilado. Al agua de las mangueras siguieron las lágrimas de Nerea y su madre Raquel, por las incógnitas de las siguientes noches, la impotencia y los recuerdos volatilizados… Entonces Nerea lloró las fotos de su padre, muerto en accidente de tráfico cuando ella era un bebé.

Pero el incendio de abril se acaba de extinguir definitivamente hace unas pocas semanas: la familia acaba de regresar al piso, tras un tenso intercambio de llamadas a la compañía de seguros y a los obreros contratados. Anoche recibieron el 2020 en su propia casa, con los familiares que le acogieron en los últimos meses. Tomaron las uvas deseando un año sin sobresaltos, rodeados de muebles nuevos y regletas de luz con botones individuales, más seguras que las convencionales. Confirmado, un cortocircuito fue el origen de aquel fuego.

¿Cómo han sido estos meses de transición?

Raquel tardó diez semanas en poder acudir a su casa. «Ni siquiera podía pasar por la calle, me derrumbaba», explica en su nuevo sofá. Durante muchos meses, la ventana de Nerea estuvo tapiada con un gran tablón bajo la fachada tiznada de negro por el fuego que derritió la ventana del vecino de arriba. «Ni siquiera el seguro me quiso cerrar la casa, fueron unos amigos los que se encargaron de tapiar, aquí aún quedaban muchas cosas de valor. Mucha gente, mucha, los vecinos se portaron de maravilla, hubo hasta quien nos ofreció una casa…», relata Raquel con los ojos enrojecidos. Ella, su pareja Lito y su hijo Alex se trasladaron a la casa materna, donde convivieron con dos hermanos de Raquel y una cuñada. Nerea se incorporó dos meses después, tras vivir en casa de unos amigos. No pudo acudir a clase. Necesitó de un tratamiento que le ha hecho remontar y comenzar 4.º de la ESO con un buen expediente. «Pero tengo muchas asignaturas pendientes del curso pasado», lamenta.

En medio de esta vida de desbarajuste, llegó el cumpleaños de Nerea. El 26 de septiembre. Ese mismo día, la mujer de su tío Ángel, dio a luz a Magnus. La coincidencia fue como una señal positiva después de tanta desgracia. Pero el nuevo miembro familiar hizo más urgente la vuelta a la normalidad. Dos meses después, Nerea, Raquel, Lito y Alex regresaron a su casa, donde anoche comieron las uvas. Y después durmió muy cerca de un marco desde el que la observa una fotografía de su padre.

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