El mantel de cuadros y la romería campestre no es la imagen típica ya de la jira de Os Caneiros de Betanzos pese a las llamadas al orden que se hacen para reconducir una fiesta en la que los jóvenes promocionan, a su modo, el vino local. La de ayer, primera cita de las dos oficiales de celebración, el 25 será la segunda, concitó a una horda que tomó el campo desde primera hora.

La opción más tradicional y tranquila estuvo en las afortunadas pandillas y familias que lograron remontar el río en las embarcaciones y tomaron las orillas para disfrutar de la comida a bordo. Hubo quien cumplió incluso con el ritual de engalanar los barcos, pero también eso ha perdido adeptos. Otros optaron por subir en las embarcaciones a la plancha, el bus náutico para este tipo de jornadas, y muchos fueron los que eligieron una alternativa más de secano e hicieron el camino andando. «Los barcos son para los mayores, los jóvenes suben a pie», explicaba una joven que peregrinó al campo tanto de subida como de bajada y que reconocía que era «una gran fiesta».

Nunca vin tanta xente, pero tamén é certo que xa non acostumo a vir o 18

El campo, destino final para todos, se llenó. «Nunca vin tanta xente, pero tamén é certo que xa non acostumo a vir o 18», explicaba una brigantina que pasaba la treintena estaba asombrada por lo que resumió como «bacanal» y una «debacle». Su padre, más comedio y más comprensivo con la diversión juvenil, explicaba que la afluencia fue similar a la de otros Caneiros y que la chavalada, ya se sabe, tiene otro espíritu festivo. Hacía referencia a que, pese a la llamadas municipales para que la fiesta no se convierta en una versión vinícola de la Festa da Auga de Vilagarcía, siguen repitiéndose lo de lanzarse la bebida, teñirse la ropa de tinto y tunnear las camisetas sea jornada calurosa o no. No faltaron las pistolas para acertar con más precisión en el lanzamiento y no, no las empuñaban, niños.

Hubo mucha pandilla con uniformidad de camiseta, un modelo que se impone, pero también familias que lograron sobreponerse a todo el entorno y mantener a salvo sus pertenencias.

Lo mejor, para los jóvenes, la discomóvil que comenzó a las cinco y mantuvo el listón festeiro arriba. En su descanso, las charangas no dejaron que el ritmo decayese. Fue entonces cuando los más ávidos de agua se echaron al río. Parecía una competición, aunque para algunos, debido a su estado, no era la opción más segura.

Hubo alguna que otra refriega y mucha exaltación de la amistad en una jira en la que este año triunfaron las gafas de sol de colores, las coronas de flores popularizadas en las fiestas medievales e incluso un grupo, que por eso de ir en barco, se caracterizó de piratas. No hubo abordaje.

Pese a la cantidad de gente, que desde el Concello de Betanzos vinculaban a coincidir en domingo, solo se registraron cuatro traslados. Quien se perdió la fiesta aún puede resarcirse el próximo domingo.

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A Os Caneiros, mejor ir en barco