En primavera se mata más

Casi la mitad de los crímenes que hubo en la ciudad en las tres últimas décadas fueron entre los meses de marzo y junio


a coruña / la voz

¿Qué está pasando en la ciudad de A Coruña desde que comenzó la primavera? Ha pasado de todo y nada bueno. A los cuatro días de la llegada de la estación de las flores, una septuagenaria apareció muerta en su casa supuestamente asesinada por su propia hija, a la que todavía no se encontró. Al día siguiente, la inquilina de un piso en Monte Alto apuñaló a su pareja y prendió fuego a la vivienda con otros tres hombres dentro. Y el jueves un hombre apuñaló a su compañera en Betanzos. Una semana negra que no se recuerda otra igual. En una ciudad en la que casi nunca ocurre nada, donde se produce una media de un asesinato cada dos años y con un índice de criminalidad de los más bajos de España. Pero estamos en primavera y eso, según los profesionales de criminalística o los que tratan la salud mental, tiene algo que ver. Si bien son más cautos para relacionar el crimen con el termómetro, en esta época del año «siempre hay más causas para matar». Dicen que cuando el termómetro sube, la irritabilidad arrecia.

«Con el calor aumentan los delitos de sangre», asegura el médico forense Manuel Pérez. «Es una vieja ley criminológica de la que se hablaba más a principios de siglo, cuando el clima se podía manejar peor por el hombre». Eso sí, «el calor produce irritabilidad y agresividad». Y ello puede afectar a las personas cuyo equilibrio psíquico es más lábil, lo mismo que la primavera, que es una estación de transición», añade la psiquiatra Maite García-Roncal. Los expertos quieren dejar bien claro que la asociación de la temperatura con el crimen es uno más de los factores que influyen en la violencia. No la principal.

La psicóloga clínica Ana Mejuto asegura que a nivel cerebral poseemos un «reloj biológico» compuesto por una serie de estructuras cerebrales. «También se denomina tercer ojo, ya que es la estructura biológica que se encarga de recibir la luminosidad, y liberar determinadas sustancias neuroquímicas en función de ello. Es decir, se encargan de recibir la luz para empezar a secretar melatonina, encargada a su vez de posibilitar la síntesis de serotonina. En los meses de otoño e invierno, en los que hay menos horas de luz, este proceso requiere de un esfuerzo extra, por lo que nuestros ritmos circadianos registran algunos cambios».

Crónica negra

Desde el crimen de la Panadera, en octubre de 1991, al de la mujer de la calle Perú el pasado lunes se han producido en la ciudad y comarca un total de 42 asesinatos u homicidios. Sorprendentemente, 19 se produjeron entre marzo y junio. La crónica negra de la primavera en las últimas tres décadas comienza con el crimen de la maleta. El 20 de mayo de 1992, una mujer secuestra y mata al hijo de una amiga. Metió su cuerpo en una valija y lo envió a Madrid. Ese mismo mes, un hombre de nacionalidad peruana apareció asesinado en Francisco Añón. También en mayo, pero de 1995, una joven apareció flotando en el embalse de Sabón. Entre 1998 y el 2000 hubo cinco crímenes y todos en primavera (el del ghanés, San Pedro de Visma, Calvo Sotelo, Teixeiro y el crimen de la asturiana, la mujer que mató a un constructor en su dúplex». El asesinato de Oza-Cesuras fue en mayo del 2017 y el del arteixán que mató a su madre en mayo del 2014.

«Comenzamos la época en la que las personas estamos más inestables»

Se tiene un concepto amable de la primavera, generalizado en todas las sociedades, en el que se considera esta estación como una época del año alegre y agradable. La luz siempre se relaciona con una actitud positiva, el florecimiento de la naturaleza como algo alegre. Sin embargo, como señala la psiquiatra María González, la primavera es una época del año difícil para muchas personas, ya que es una de las estaciones en la que las personas «estamos más inestables emocionalmente».

-¿Qué tiene la primavera que no tienen otras estaciones?

-Muchas enfermedades como la depresión o el trastorno bipolar tienen un componente estacional y empeoran en primavera y también en otoño. Esto es algo que se nota en las listas de espera en los centros de salud mental, puesto que aumentan significativamente las consultas en estas fechas, especialmente en las enfermedades graves.

-¿A qué se deben esos cambios?

-La causa principal se debe a que tanto en la primavera como en el otoño son las épocas en las que más rápidamente cambia la exposición a la luz. Se cree que esto podría llevar a inestabilidad en el reloj biológico y cambios de ánimo. En las personas más vulnerables son factores de riesgo para enfermar.

-¿La mente depende de la luz?

-Se ha comprobado cómo los pacientes con trastorno bipolar ingresados en habitaciones orientadas hacia el este (reciben el sol por la mañana) tenían ingresos más cortos que los pacientes orientados al oeste.

El cambio de luz afecta a los mecanismos del cerebro

Por Alberto G. Alonso

Hay que ser muy prudente a la hora de relacionar los sucesos violentos con personas con alguna enfermedad mental. Ni son peligrosas ni, mucho menos, proclives a cometer un delito cuando llega primavera o el otoño. Dicho esto, es un hecho palpable que el cambio de la luz puede afectar a los mecanismos biológicos del cerebro vinculados a la melatonina, que repercute en el ánimo de personas susceptibles. Existe la impresión generalizada de que la primavera es la estación del año durante la cual se produce un alza en la aparición de cuadros de trastornos del ánimo. Esta es una observación que viene desde la antigüedad y que ha sido apoyada por algunos estudios modernos. La evolución estacional de algunos cuadros muestra que al menos un grupo de pacientes con trastornos del ánimo presentan sus descompensaciones en períodos regulares, muchos de ellos durante el invierno y primavera, y es lo que se conoce como trastorno afectivo estacional. Sin embargo, aún en estos días, no se tiene una opinión definitiva sobre el tema. Las razones de esta ritmicidad entre estaciones se han relacionado con una variedad de factores, muchos de ellos vinculados a condiciones del clima y la estacionalidad. Por ejemplo el cambio rápido en la luminosidad de los días afectaría los mecanismos biológicos del cerebro vinculados a sustancias como la melatonina, repercutiendo en la regulación del estado del ánimo en personas susceptibles.

También se ha observado que los intentos de suicidios y los suicidios se manifiestan con estacionalidad. Estudios llegados de todas partes del mundo muestran un aumento de los casos durante los meses más cálidos, primavera y verano, asociado a cambios en la luminosidad.

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