Panegíricos a Plácido


Palmeira

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E stá claro que mi pariente Plácido Betanzos no tenía enemigos, pero la iglesia no es sitio para elogios a nuestro amigos, hay medios de comunicación para eso, donde podemos contar su vida al que nos quiera escuchar, donde podemos aplaudir a rabiar. En el templo se venera a Dios, sobran sitios donde hacerle homenajes a nuestras personas queridas. Cuatro o cinco personas nos tuvieron como un cuarto de hora más, que si el padre estuviera desarrollando algún pasaje oscuro del evangelio le llamaríamos pelmazo, fanático, anticuado; cosa que tampoco hizo el celebrante, que para nada dijo algo sobre evangelio, sino que se limitó a los panegíricos.

Plácido ya no tiene alma sensitiva para satisfacerse con tanto elogio, ahora solo tiene alma intelectiva o inmortal y esta no desea más que la gloria de Dios, antagónica a la gloria humana, demasiado humana. Plácido, que era creyente, que incluso los días laborables iba a misa y fuera de horarios de misa visitaba al Santísimo, si pudiera hablarnos nos diría cómo debemos oír la misa. Las palabras que debemos decir y las que no, porque están fuera de lugar.

Ahora la iglesia está para todo. Se canta Un millón de amigos, Negra sombra, el pasodoble Agárrate saxo, que el año pasado nos daba ganas de agarrarnos a bailar en el templo, pues llovía y la banda tenía que tocar para cobrar. Siempre hay una razón para lo absurdo, mientras la fe brilla por su ausencia.

Creo que en el interior de la iglesia solo se debe tocar la música que contribuya a elevar el alma. Antonio M. Betanzos. Palmeira

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