Luis González Bahamonde: «Una joya no está terminada hasta que se lleva puesta, ahí cobra sentido»

El taller de Ardentia, situado en Bergondo, celebra los 30 años de su fundación


A Coruña / La Voz

Tras 30 años conjugando lo mejor de la tradición artesanal, el diseño y los más revolucionarios avances tecnológicos -lo que no está en absoluto reñido-, hemos visto los diseños de las joyas de Ardentia hasta en la tele, en series como Serramoura. Pero los humildes orígenes de esta empresa distan mucho de la imagen actual del taller fundado por Luis González Bahamonde.

-¿Se imaginaba cuando empezó cómo estaría usted 30 años más tarde?

-¡Qué va! Si yo empecé en esto casi de casualidad. Estaba estudiando y en ningún momento pensé que llegaría a ser mi profesión. La cosa fue evolucionando poco a poco. Empecé en el rastro. Iba allí como todos, a vender cosas, los juguetes antiguos y los discos que ya no escuchaba. Pero veía a los que estaban allí haciendo sus cosas de artesanía y empecé a hacer las mías. Tenía 16 o 17 años y empecé a congeniar con los que estaban allí, que a día de hoy son compañeros.

-Así que se metió en la artesanía sin querer.

-Terminé el bachillerato y cuando tuve conciencia de que quería dedicarme a esto me fui a Santiago, a la Escuela de Arte Mestre Mateo. Pero el plan de estudios de entonces te obligaba a cursar otras asignaturas, gimnasia y demás, y eso me echó para atrás, porque entendía que ya lo tenía superado, yo ya estaba lanzado con el taller. Tuve la suerte de que tras llamar a un montón de puertas, un orfebre de Santiago, Jesús Bautis, me dejase ir los viernes por la tarde a su taller. Falleció hace poco y era una gran persona que me enseñó muchísimo de este oficio.

-¿Cuántos trabajadores componen Ardentia?

-Ahora somos nueve en el taller del polígono de Bergondo, en donde estamos desde el 2007. Nos fuimos allí porque llegamos a ser más de veinte y necesitábamos espacio. Además siempre pensé que el taller no solo debe tener espacio para trabajar cómodos, sino para albergar también otro tipo de actividades. Hemos dado formación a otros talleres de diseño en 3D o fundición, incluso a artesanos y joyeros venidos de otras comunidades. Hasta llegamos a barajar la posibilidad de montar una escuela taller. Pero se cruzó la crisis y hubo que adaptarse.

-Llevan todo el verano en los jardines de Méndez Núñez, primero con Mostrart y ahora con Made in Galicia.

-Es que el trato directo con el público es fundamental. Es un banco de pruebas, una toma de contacto con la realidad que no tienes cuando te encierras en el taller. Además, puedes ver puestas las joyas y estas crecen si las lleva la persona adecuada. Una joya no está terminada hasta que se vende. Y no tanto por el aspecto económico, que también; sino porque es entonces, cuando se pone, cuando cobra todo su sentido.

-¿Recuerda cómo fueron sus primeras creaciones?

-Eran unas piezas muy sencillas. Una era una bruja, otra un hombre saltando... Y alguna algo irreverente, como la del Pensador de Rodin sentado en la taza de un váter. Esa todavía me la piden, aunque hace años que no la hacemos. Pero hemos pensado en hacer una reedición de alguna de las piezas más emblemáticas. He separado estos días una pequeña, una bicicleta de las antiguas, que era una de las que hacía hace 30 años. Voy a preparar una tirada limitada y ya veremos lo que hacemos con ella...

«Acudir a las ferias sigue siendo la mejor manera de conservar clientes»

A pesar del crecimiento de Ardentia en estos 30 años, Luis González sigue definiendo a la empresa como una taller en el que trabajan de manera artesanal.

-¿Ha cambiado mucho Ardentia en estos 30 años?

-El concepto sí que ha cambiado con el tiempo, pero no ha sido algo premeditado. No fue de forma radical, sino una evolución lenta, obligada por la propia vida. Por ejemplo, la crisis nos hizo plantearnos buscar mercado fuera de España, así que empezamos a exponer en el extranjero. Eso nos hizo ser más exigentes con nosotros mismos. Y la propia madurez te hace estar más preocupado por los diseños, los acabados... Un producto mejor, al fin y al cabo. Y eso lo percibe la gente.

-¿Esos esfuerzos dieron frutos?

-Tuvimos que esperar tres o cuatro años hasta poder ver que eso daba resultados. Pero en Europa también se empezó a notar la crisis. Estar presentes en las ferias como la de París, sin descuidar las de España, fue un esfuerzo muy grande para una empresa pequeña como la nuestra. Pero estar físicamente, acudir a las ferias, sigue siendo la mejor manera de mantener los clientes.

-¿Y han superado ya la crisis?

-Creo que sí, pero no sin costes, que han sido diez años muy duros, manteniendo una plantilla artesanal en un sector como el de la joyería, que ha sufrido especialmente la crisis. Hemos trabajado mucho buscando las oportunidades que nos permitiesen seguir funcionando tal y como somos. Pero en estos últimos tres años sí que hemos visto cambios en las ventas, aunque para llegar hasta aquí tuvimos que tomar una serie de decisiones que todavía condicionan nuestros resultados, con unos márgenes muy bajos, lejos de los que teníamos antes de la crisis.

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