Un vertido de aguas fecales provoca caídas y un olor nauseabundo en el Ventorrillo

Comerciantes y vecinos de la zona tuvieron que cerrar puertas y ventanas ante el fuerte hedor que afectó a la zona


a coruña / la voz

Sobre las nueve de la mañana de ayer comenzaron a brotar aguas fecales de una alcantarilla de Rodrigo A. de Santiago y permanecer en la zona se hizo insoportable. Ya no solo por la riada de residuos que corría por las calles, sino por el fuerte hedor. Los establecimientos de Monasterio de Bergondo y de Jubia, en las proximidades de las viviendas de Franco, tuvieron que cerrar sus puertas. Pero ni eso fue suficiente para escapar de los malos olores, que inundaron el barrio durante toda la mañana mientras los operarios limpiaban la zona y desatascaban la alcantarilla.

En Casa Piñeiro, ubicado en el cruce entre Rodrigo A. de Santiago y Monasterio de Bergondo, la zona más afectada, tuvieron que mantener la puerta cerrada del bar durante toda la mañana. Fueron los clientes del establecimiento los que socorrieron a las tres mujeres que resbalaron y cayeron en las aguas fecales que corrían calle abajo. Un vecino de la zona que ayudó a levantarse a una de ellas recordaba horas después: «Pobriña. Sentía mucha vergüenza por caer sobre toda la suciedad. Solo quería volver a casa para asearse». Manuel Pillado, que así se llama este residente de Monasterio de Bergondo, lamentaba el retraso en la llegada de los operarios. «Estuvimos mucho tiempo esperando que viniesen a limpiar mientras la basura bajaba por las calles casi hasta la polideportiva del Ventorrillo y los colegios».

Atascos

Otros vecinos de la zona, como Silvia Garabato, achacaban el problema «a la manía que tiene mucha gente de tirar toallas o cualquier cosa que atasca las tuberías». Explica que «no es la primera vez» que la alcantarilla por donde brotó la suciedad «se atasca y provoca que el agua sucia acabe rebosando por el primer punto en el que tiene una vía de escape». En el barrio también culpaban del vertido a la «falta de limpieza de las tuberías». Además se quejaba de que el hedor quedaba impregnado en la ropa y en los zapatos. «Me tuve que cambiar de ropa y calzado tras bajar a la calle», recordó.

El olor insoportable no se quedó en la calle. Los vecinos de esa zona del Ventorrillo tuvieron que cerrar ventanas y, «aún así, no se aguantaba en casa. No sé por donde entraba el olor», decía otro vecino que juraba que «nunca había sentido algo tan asqueroso en su vida».

Ya al mediodía, los operarios daban por concluido los trabajos. Habían pasado horas regando las calles afectadas. Pero el olor quedó ahí y entrada la tarde todavía «no se podía respirar».

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