Los ataúdes se incorporan en el último adiós a las mascotas

Un tanatorio de Bergondo es el único que ofrece en Galicia las cajas de una de las principales fábricas


Bergondo / La Vozarteixo / la voz

Nos hacen compañía, nos lamen las heridas, nos arrancan del sofá para pasearlos… y un día mueren. Las mascotas se han convertido en un miembro más de cada vez más familias en nuestra sociedad. Por eso el momento del deceso no se resuelve de cualquier manera. Por sentimiento y por higiene. En Galicia, el tanatorio Galimascota, ubicado en el polígono de Bergondo (y con otra sede en las afueras de Ourense) lleva dos años gestionando el «adiós» de los animales más queridos a través de su crematorio.

En todo este tiempo ha celebrado unas 1.500 incineraciones individuales, y su gerente, Rosi Guerra, recalca que son momentos muy duros para los dueños. «Por eso les dejamos solos en una sala que llamamos de despedida, unos minutos en los que ven a su mascota por última vez», explica. Después llega el turno del crematorio, donde algunos usuarios optan por salir, «incapaces de verlo», y esperan fuera para recoger las cenizas. Hasta aquí llegó incluso un matrimonio desde Vigo con los restos de su periquito. «Y en el tanatorio de Ourense incineramos un loro de 24 años que habían traído de Estados Unidos tiempo antes».

Pero desde el año pasado, gracias a un decreto de la Xunta, la incineración ya no es la única vía para poner fin a los restos de los animales de compañía. Desde junio del 2016, la Consellería de Medio Rural permite oficialmente los enterramientos de las mascotas en fincas particulares (o en terrenos públicos, con el preceptivo permiso del ayuntamiento). No obstante, el decreto 72/2016 está más motivado por la suerte que corren los caballos en libertad, cuyas muertes generaban casos conflictivos en el monte, donde muchas veces es imposible su retirada por los problemas de acceso de los vehículos. La ley permite enterrarlos, previa comunicación y evitando la cercanía de los ríos y arroyos.

Buenas previsiones

Ese cambio legislativo ha introducido un nuevo servicio en la sede de Galimascota con un amplio catálogo de ataúdes. La caja más grande puede albergar a un perro de 110 kilos. Y los especialistas en el sector prevén que las características minifundistas de Galicia generen una gran demanda de este tipo de enterramientos. «Mucha gente dispone de terreno para enterrar a sus animales, de hecho nos demandan bastante las urnas biodegradables para las cenizas porque las quieren enterrar, pero la de los ataúdes es una pregunta muy recurrente», explica Rosi. 

Fabricación gallega

Y sus cajas proceden de una fábrica ourensana especialista en el sector, Ataúdes Gallego, quien solo distribuye sus productos de mascotas en Galicia a través de Galismacota. «Vendemos en todos los puntos del mercado español desde Piñor (domicilio de la empresa), y aquí tenemos mucha y muy buena relación con Rosi (Guerra)», indica Víctor Gallego, uno de los administradores de la firma, que se hizo muy popular hace años por la construcción de un ataúd humano revestido en oro de 24 quilates. «Aquel había sido un encargo que nos había llegado de Rusia».

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