«Espero que mi madre me perdone, murió de covid y no puedo ir a verla»

Llorar en 30 minutos. Así se vive el duelo en el cementerio de San Amaro. El covid impone nuevamente su ritmo, que es de ambulancia y no de funeral


Redacción / la voz

En San Amaro los visitantes caminan con prisa. El protocolo de prevención que restringe las visitas a los camposantos gallegos obliga a los asistentes a llorar a sus seres queridos en 30 minutos. El covid impone nuevamente su ritmo, que es de ambulancia y no de funeral. También prevalece su estética, porque a pesar de la inminencia de las festividades de Todos los Santos y Difuntos, apenas hay gente. El comentario que más se repite es que parece un día de semana normal.

Pequeños grupos y parejas van recorriendo su circuito personal de duelos y recuerdos. Pero, como siempre, hay quien se lleva la peor parte. Es el caso de una enfermera que visita las tumbas de algunos familiares. No quiere dar su nombre ni hablar demasiado porque teme emocionarse. Perdió a su madre en los meses más duros del covid. Cuenta que no pudo ofrecerle la despedida que quería, «el homenaje que merecía», limitados como estaban los funerales a 20 personas. Esta era, quizás, una segunda oportunidad para hacerlo, pero tampoco pudo ser: su madre descansa en un pueblo, a las afueras de la ciudad. En su familia son creyentes, por eso esta festividad «es un símbolo y una tradición». «Sé que para ella era importante», dice, «espero que me perdone, porque no puedo ir a verla. Pero bueno, mi madre lo entenderá...». Y se marcha llorando, incapaz de decir nada más.

La soledad vuelve a ser uno de los dramas que pone de relieve esta crisis. «Antes veníamos en familia, pero este año nos toca solos», dice otra de las visitantes. «Hacemos lo máximo posible por ayudar, por venir y marchar pronto», señala mientras limpia la lápida del nicho en el que descansan sus consuegros. Cuenta que esta vez no podrá visitar la tumba sus padres, como le gustaría: están enterrados en Arteixo. Sin embargo, «flores van a tener», porque cuando supo de las restricciones lo primero que hizo fue coger el coche. «En las floristerías no se podía ni entrar. Mal como pude, cogí flores de la huerta y me fui al cementerio. Apenas me dio tiempo de regresar, volví a Coruña a las tres menor cuarto», recuerda.

La necesidad de compartir a pesar de la distancia convierte al móvil, nuevamente, en un protagonista. Sorprende ver a tantas personas haciendo fotos y vídeos, mirando sus pantallas.

Marisa ha venido a visitar a su esposo y a sus padres: «Nunca había venido sola. Acabo de quitar unas fotos para mandarle a mi hermana. Me las pidió. En otras circunstancias, ella también vendría, pero decidimos que era mejor evitar porque está malita y queremos prevenir», asegura. Se toma un respiro para contener sus lágrimas. «Antes venías con los hermanos, por ejemplo, y después te ibas a comer o a tomar un café, pero ahora, con todo lo que estamos pasando... Es muy triste», finaliza.

«El ambiente y el ánimo es otro. Anteriormente, este día se vivía de otra manera, porque la gente venía con su pena, pero también con una cierta alegría, para compartir con sus seres queridos», asegura María Núñez, otra visitante, y resume así, con sencillez, el ambiente que impera en el cementerio San Amaro.

Al final, en este contexto parece que se sufre más la muerte. Y se sufre más porque el duelo necesita tiempo. De lo contrario, solo es dolor, el de todos los que solo pudieron llorar, con prisa, aturdidos, haciendo lo posible por aferrarse a sus tradiciones, pero sin saber como conseguirlo.

«Voy a enviarle una foto para que vea nuestros nichos. Tiene 90 años y prefiero no traerla»

No solo las restricciones de movilidad para evitar la expansión del covid han reducido la afluencia a los cementerios gallegos durante la víspera de la celebración de Todos los Santos y Difuntos. El miedo y, su cara más amable, la prevención han sido factores fundamentales que motivaron a muchos a quedarse en casa esta vez.

Los vecinos de la zona de San Amaro señalan que el escenario es desolador en comparación con otros años, pero también sugieren que puede deberse a que muchas personas acudieron antes para evitar posibles aglomeraciones.

«Desde principios de semana ya se notaba más presencia de la habitual, gente que optó por traer sus flores antes para prevenir cualquier sorpresa», asegura una vecina. «Incluso te diría que hace dos días, más o menos, había bastante más gente que hoy», señala.

«Yo suelo venir todos los sábados con mi madre, pero desde que empezó la pandemia prefiero no traerla. Tiene 90 años y prefiere prevenir», cuenta un visitante del cementerio de San Amaro. Sin embargo, ha encontrado en la tecnología la mejor alternativa para compartir el momento Y no han sido pocos los que, como él, han recurrido a los móviles para salvar el día y conservar el recuerdo.

«Ahora le voy a enviar una foto a mi madre para que pueda ver todas las flores que hay y para que sepa que los nichos de nuestros familiares están bien. Le grabé también un pequeño vídeo», asegura. «Lo digital está aquí y está para quedarse. Antes estas posibilidades no las teníamos, pero hoy sí que las tenemos, así que lo ideal es aprovecharlas», reflexiona el joven.

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