Caliente en lo político, frío en la gestión

Los grandes proyectos siguen parados en un ambiente de precampaña para las municipales


A Coruña / La Voz

El 2017 ha sido caliente en lo político y frío en la gestión. El Ayuntamiento vivió su primera cuestión de confianza en más de 30 años, y el PSOE, pese a sus críticas, ha apoyado esta semana el presupuesto de la Marea para el 2018; pero el año termina con todos los grandes proyectos congelados en el tiempo y pocas novedades que llevarse a la boca.

Como en el 2016, durante este año no se han abierto centros cívicos o guarderías infantiles, sí se ha puesto en marcha un espacio de baja exigencia para los sin techo en Monte Alto -gestionado por una firma privada- y un punto de lectura en Novo Mesoiro. Eso es prácticamente todo.

Esta semana, el alcalde se marcó el área metropolitana, el futuro de la fachada marítima y la reforma de la movilidad como los principales retos para el 2018. Son los mismos de este ejercicio, pero apenas han avanzado.

Los retos del 2017 pasan casi sin avances al 2018

El área metropolitana lejos de hacerlo, ha retrocedido. El Ayuntamiento ha gastado miles de euros en el proceso participativo y en asesorías sobre ella, pero ha excluido a la oposición, perdiendo así el apoyo del pleno. Entre los ayuntamientos del área el apoyo a la iniciativa ha descendido, basta con ver las fotos de las reuniones de la asamblea de alcaldes, cada vez más despobladas.

La disputa por el borde litoral y la movilidad

El futuro de la fachada marítima se ha convertido en un campo de batalla con el PP, que gestiona la Xunta y Puertos del Estado, los otros entes claves junto al Ayuntamiento para el desarrollo de la zona. Después de que la Xunta y Puertos presentasen un pacto, alcanzado sin el concurso del gobierno local, para garantizar los usos públicos de La Solana y los muelles de Batería y Calvo Sotelo, el Ayuntamiento renunció a el principio de acuerdo que había alcanzado y volvió a sus propuestas de máximos. Con todos los puentes volados, todo indica que el debate sobre esos terrenos seguirá congelado hasta después de las municipales.

En cuanto a la movilidad, baste decir que en la Marina sigue la señalización viaria de las obras acabadas hace dos años. La gran apuesta es la promoción de la bicicleta, con la construcción del carril bici comarcal, un proyecto ideado en el anterior mandato. Pero la reforma del transporte público urbano, que al contrario que la bicicleta sí puede ser utilizado por una amplía mayoría población coruñesa, continúa en el aire a pesar de que ya estaba comprometida para el 2016. Nada se sabe de esa reforma, a pesar de que este año se presupuestaron 100.000 euros para que la Agencia de Ecología Urbana redactase un plan, y de que en el 2018 figuran en las cuentas otros 150.000 con esa misma finalidad.

La principal novedad en materia de circulación ha sido la llegada al centro de los buses comarcales, impulsada por la Consellería de Infraestruturas de la Xunta. Su puesta en marcha se retrasó un año por las dudas del gobierno local, que este mes retrasó sin fecha la reunión para la entrada de los buses de Arteixo.

Santiago y Vigo adelantan en infraestructuras

La congelación afecta a otros frentes. El centro de salud de Santa Lucía sigue a la espera de un pacto con el Sergas, la obra de la estación intermodal no empezará hasta el 2019 -después de las de Vigo y Santiago-, y la reforma de Alfonso Molina sigue a la espera del proyecto definitivo, cuando las de Rande y la circunvalación de Santiago, que debían ir en paralelo, ya están listas.

En esos proyectos también están implicados la Xunta y el Gobierno central, que en el caso de Lavedra lleva meses informando las alegaciones, pero los tres comparten algo en común: el gobierno local se opuso a los proyectos heredados del anterior mandato, y en el caso de la intermodal forzó un cambio del diseño que antes había negociado con la Xunta, retrasando el inicio de las obras al menos un año más. Comenzarán antes las de Vigo, Santiago y Ourense.

El gobierno local también tardó meses en tramitar la licencia de la Xunta para construir viviendas en el Ofimático, para acabar denegándola, y ha incumplido una y otra vez los plazos para que los cooperativistas puedan entrar en sus pisos. Primero se marcó la primavera, luego el otoño y finalmente el fin de año. Hoy siguen sin poder vivir en ellos.

Frente a ese inmovilismo, plasmado en una ejecución de las inversiones presupuestadas que el 15 de noviembre rondaba el 13 %, el frente político se ha movido y ya hay ambiente de precampaña.

Ferreiro ha anunciado que se presentará en el 2019. Su única rival por el momento es la conselleira de Medio Ambiente y presidenta del PP local, Beatriz Mato, que también ha anunciado que le gustaría presentarse y cuenta con el plácet de su partido. El PSOE, el BNG y Ciudadanos aún deben elegir a sus candidatos.

El respaldo al referendo independentista catalán

El 2018 ha terminado con la aprobación inicial de las cuentas gracias a los votos de la Marea y los socialistas, que a pesar de su voto favorable lanzaron severas críticas contra la gestión de Xulio Ferreiro y su equipo de gobierno.

Ese apoyo, de acuerdo a las palabras de su portavoz, José Manuel García, es temporal. Seguramente se irá debilitando a medida que el PSOE renueve su jefatura en los próximos meses.

El año también ha estado marcado por el proceso independentista en Cataluña. El alcalde, como su homóloga barcelonesa Ada Colau, optó por una postura equidistante en el conflicto. Pero su partido y la mayor parte de sus ediles apoyaron el referendo ilegal y criticaron la aplicación del 155. Ese conflicto continuará en el 2018, como el de la Comandancia de Obras. Incluso sus inquilinos, a los que la Marea dejó asentarse desoyendo al pleno, se han vuelto contra ella y la acusan de mentir y copiar su proyecto. Dicen que no se piensan marchar por voluntad propia.

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