La empresas están listas para dejar Batería y Calvo Sotelo en el año 2019

Todas tienen instalaciones en otros muelles o ya se están mudado a Langosteira

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a Coruña / la Voz

Los muelles de Calvo Sotelo y Batería son los primeros del puerto interior que dejarán la actividad portuaria y volverán a ser de uso ciudadano. Suman 88.393 metros cuadrados, equivalentes a cuatro veces los jardines de Méndez Núñez. Están ubicados en un punto privilegiado del centro de la ciudad, enmarcado por el espacio de ocio del Puerto y Palexco, los jardines antes citados, la plaza de Ourense y la lonja. Según el acuerdo alcanzado entre el presidente de la Xunta de Galicia, Núñez Feijoo, y el de Puertos del Estado, José Llorca, esos dos muelles no se subastarán para pagar la obra de Langosteira y tendrán titularidad pública.

En la actualidad, los amarraderos albergan las instalaciones de cinco empresas (Alcoa, Bunge, Tudela Veguín, Oleosilos de Galicia y TMG), además de construcciones que ya no tienen uso, como los silos de cemento y naves de la Autoridad Portuaria.

Esa institución tiene previsto que los muelles queden completamente libres de actividad entre finales del 2018 e inicios del 2019, para lo que entabló negociaciones con las distintas operadoras durante los últimos años.

Tanto Cementos Tudela Veguín como la mercante TMG disponen de instalaciones alternativas en otros muelles del puerto interior y de punta Langosteira. Se prevé que ambas dejen Calvo Sotelo entre el 2018 y el 2019.

Otro tanto ocurre con Oleosilos de Galicia, con la que hay conversaciones avanzadas para que mueva su actividad en esos años.

Quedan las instalaciones de Bunge Ibérica, pero no representarán un problema porque están sin uso. Lo mismo sucede con la nave de la Autoridad Portuaria y con su gemela del muelle de Batería, de las que la institución podrá prescindir sin dificultades cuando llegue el momento.

En ese segundo muelle existen varios silos de cemento, que también están sin uso. El principal desafío en Batería era la mudanza de Alcoa Inespal, pero la aluminera ya está construyendo sus nuevas instalaciones en punta Langosteira. Está previsto que el traslado de la planta al puerto exterior acabe entre finales del 2018 y el comienzo del 2019.

Según el plan general (PGOM) aprobado en el 2013, la ordenación urbanística detallada de los dos muelles se ejecutará tras la desafección de los terrenos portuarios. Según el PGOM, el plan de transformación se ajustará a los convenios del 2004, firmados entre el Ministerio de Fomento, la Xunta, la Autoridad Portuaria y el Ayuntamiento, con el fin de facilitar la construcción de punta Langosteira. Además, el PGOM marca una superficie edificable de 50.000 metros cuadrados en los muelles, que se podrán dedicar a edificios de hasta nueve plantas de altura para usos terciarios -es decir servicios e instituciones- y hoteleros.

San Diego depende del ferrocarril a Langosteira y no quedará libre hasta pasado el 2020

Aunque se dedicará en parte a suelo residencial con el fin de pagar Langosteira, también está previsto que el muelle de San Diego, con sus 394.752 metros cuadrados se abra en el futuro, pero quedan más obstáculos que en Batería y Calvo Sotelo.

En los dos próximos años está previsto que Repsol traslade la mayor parte de su operaciones a punta Langosteira, liberando cerca de 30.000 metros cuadrados. Pero todavía será necesario sacar de allí numerosas empresas más pequeñas que no han iniciado los trabajos para trasladarse.

Por otra parte, en San Diego se hacen descargas de mercancías -como grano, bioetanol o carbón- que se mueven exclusivamente por ferrocarril, de forma que no podrán irse a Langosteira hasta que el puerto exterior cuente con esa infraestructura.

El tren, según las estimaciones más optimistas, no estará operativo hasta el 2020 o 2021, suponiendo que se resuelva el asunto de la financiación de la obra.

El traslado de esas mercancías a Langosteira se hará en paralelo a la mudanza de otras operadoras al muelle del Centenario, el único del puerto interior que mantendrá actividad portuaria, lo que permitirá liberar por completo las instalaciones de San Diego.

Cuándo ocurrirá eso es una incógnita, ya que una vez finalizados los traslados será preciso descontaminar los muelles antes de que puedan dedicarse al uso público. Todo indica que no ocurrirá hasta la segunda mitad de la década de los años 2020.

El plan general prevé que en San Diego se levante un distrito dedicado a la innovación y la productividad, un gran parque y más de 3.000 viviendas en edificios de seis plantas, diez en el caso de los edificios singulares. El actual gobierno municipal apuesta por reducir la edificabilidad para construir más espacios públicos.

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