Un banco de 118 bloques protege la dársena

La estructura alrededor del cantil estará lista el jueves y alojará estrechos pasos cada cinco metros


a CORUÑA / la voz

Exactamente dos meses después de que el gobierno los anunciara el 5 de abril, trabajadores de la constructora Manuel Rivas Boquete empezaron a colocar ayer alrededor de la dársena los 118 bancos de granito con los que el Ayuntamiento ha decidido reforzar la seguridad en la Marina tras las muertes de Manuel Rodríguez y Mateo González. Las piezas han sido fabricadas en un taller de Arteixo y una vez que este jueves, según las previsiones de los técnicos, queden definitivamente instaladas funcionarán a modo de barrera a 3,5 metros del cantil, alineadas en una estructura corrida de lado a lado de la dársena que repetirá una secuencia rítmica calculada: dos bancos adosados y a continuación un breve espacio de separación de 20 centímetros, coincidente con el eje de las balizas luminosas del suelo y por el que los paseantes podrán cruzar a la zona contigua al borde perimetral.

El alcalde defendió ayer la intervención, «que non vai comprometer nin a estética nin o coidado patrimonial do conxunto e ao mesmo tempo soluciona -afirmó- esa preocupación e necesidade de seguridade que apareceu despois dos dous lamentables accidentes». Xulio Ferreiro admitió «que ninguén é alleo ao contexto no que toma as decisións», en referencia a la alarma generada por dos muertes en menos de un mes, y aludió a otros tramos litorales con obstáculos de alguna clase para despejar las dudas sobre el impacto de los bancos en un entorno emblemático como la Marina. «No paseo do Parrote hai cadeas de protección, no paseo marítimo hai diversos elementos e noutros lugares non hai nada. Isto ten que ver tamén cos usos e temos que entender que os usos da Mariña agora non son como os de hai un ano. Creo que se conxugan todos os intereses», resolvió el alcalde.

El comienzo de la obra no estuvo falto de anécdotas, y en un contratiempo que bien pudiera abrigar una brizna de justicia poética, una ráfaga de viento tiró al agua un par de vallas de obra que señalizaban la zona donde habían estado trabajando los operarios. Ya no se encontraban allí (a su regreso a primera hora de la tarde engancharon las vallas sumergidas y las trajeron arriba sin dificultad). Fueron vecinos y paseantes, que a aquella hora ya habían formado un grupo espontáneo de comentaristas, quienes presenciaron la contingencia del hundimiento.

A María José Rancaño, residente en la Marina y propietaria de un negocio a pocos metros del cantil, el alineamiento de granito no le desagrada. «Tiene poco mantenimiento y la solución se integra bastante bien. Y para tomar el sol es estupendo», apuntó. Más problemáticos encuentra los estrechos espacios que se alternan entre cada pareja de bloques para permitir el paso de un lado a otro del banco: «Para una persona mayor con poca movilidad es un peligro», dijo. A su lado, Francisco Javier Bergantiños se mostraba partidario de la solución de la barandilla. «Hay barandillas y barandillas», advertía el hombre. «Una barandilla decorativa no tiene por qué quedar mal», proponía Aida mientras su marido, Luis, preguntaba el sentido de la franja de 3,5 metros que separa el asiento del cantil. «Para las maniobras del puerto no puede ser, porque las harán en los tramos donde hay escalera, digo yo». Algunos pronosticaron botellones y zambullidas voluntarias. Asier Jiménez y Ainhoa Méndez, turistas de Logroño, revelaron que en el puerto de Laredo están instalando también elementos de protección después de que un coche cayera al agua y murieran varias personas.

«La opción menos mala»

Pasó un hombre en bicicleta, arquitecto, e hizo fotos para sus colegas. «Sería deseable no tener que instalar nada, pero no creo que sea posible. Yo encuentro que esta solución es la menos mala. Mi padre diría que le falta respaldo. Pero al menos hay lugares para sentarse y gratis, sin tener que beber, como en las terrazas», apuntó.

Isabel Carreira y Jesús Quintáns se desmarcan decididamente de «la polémica inexistente». Piensan que no sería necesario colocar ningún elemento de protección, pero «dentro de la opciones que hay -subraya el hombre- esta no es mala». Les preocupa más el futuro de los espacios públicos portuarios. «La gente no tiene manera de pasear, a ver en San Diego y Batería cuando se lleven todo al puerto exterior».

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