El sueño del mirón... o no

En junio del 2006 numerosos «voyeurs» se acercaban hasta Arteixo para disfrutar del mayor catalejo posible


Los voyeurs iban a disfrutar en Arteixo del mayor catalejo posible. Casi quince metros de acero corten para mirar a donde no se debe. Bien sentaditos en una silla con las dimensiones adecuadas para acercar el ojo al agujerito de la mole.

O eso podía parecer, aunque la intención del creador no iba precisamente por ahí. «En realidad, el catalejo, si te fijas, es una especie de flecha enorme que señala al mirón», explicaba Enrique Saavedra Chicheri, autor del provocador monumento, que se estaba instalando en el paseo de Valcovo. Primera decepción...

Ya, pero ¿cuál era el objetivo al que iba a apuntar el tubo? El curioso no dispondría de mecanismo hidráulico alguno para moverlo, y a mano iba a costarle hacerse con los 3.500 kilos que pesaba, así que habría que fiarlo todo a la elección de Saavedra. ¿Una playa? Pues no. Mar y cielo, a partes iguales, divididos por la línea del horizonte.

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