Aranga, un municipio medio olvidado con mucho encanto

El municipio es un buen destino en el que disfrutar de naturaleza, patrimonio y juegos para los más pequeños

La iglesia de San Paio cuenta con una gran torre y es parada obligada
La iglesia de San Paio cuenta con una gran torre y es parada obligada

A Coruña

Y muy en la retaguardia del golfo Ártabro, Aranga. Otro de esos municipios con multitud de encantos y que no suele figurar ­­—injustamente— en las guías turísticas. Y con el virus ese danzando por ahí, se ha convertido en un destino apetecible: resulta hasta difícil cruzarse con alguien. Así que autovía rumbo a Lugo y salida en Monte Salgueiro buscando Irixoa. O sea, al este primero y al norte después.

Desde que se deja la autovía, la carretera baja y baja introduciéndose en el medio de una enorme, y casi que parece infinita, masa de eucaliptos, en donde destaca, y mucho, un edificio noble en Castelos, a la izquierda. Hasta que tras una curva a la diestra aparece el desvío a Aranga, señalizado también hacia la derecha, y el asfalto pierde pendiente.

La llegada a Aranga es dulce y tapa los detalles agrios que se va a encontrar el visitante unos metros después, que tampoco son tantos. Y es dulce porque en medio de un paraje agradable aparece a la derecha la fuente de Santa Cruz, con cierta ampulosidad. Una inscripción en el granito evita que se pierda la memoria: fue reedificada en el siglo XVIII.

Tampoco se pierde la memoria histórica y unos metros después queda a la izquierda un aparcamiento con un monolito situado en la parte menos grata (una torreta difícil de erradicar en un par de días, contenedores a la vista fáciles de erradicar en un día) y que recuerda que fueron paseados en el 36 por los matones de los sublevados.

Patrimonio y ocio

Pero el resto es dulce. No hay aberraciones urbanísticas, torres de apartamentos ni nada que se le parezca. Y sí hay otro aparcamiento, y a caminar. Porque sin cruzar el notable puente del siglo XVII una estrecha pista, poco más que un camino, invita a recorrer un centenar de metros pegados al río Mandeo. Y además de barbacoas, mesas y bancos, hay elementos para los niños, incluidos dos rocódromos pensados para cortas edades. Por cierto que en el aparcamiento de la memoria histórica espera otro parque infantil, de mayores dimensiones.

La visita a Aranga queda incompleta si no se va cuesta arriba hasta la gran iglesia de San Paio. Enorme, con una torre altísima, una campana por el otro lado y una fachada ¡llena de ventanas! Y como vecinas, las dignas ruinas de la rectoral y de un palomar hasta misterioso. Otra ventaja: la persona que en el Concello lleva la promoción turística informa con tanta amabilidad como diligencia. Un valor humano, tan importante como los encantos naturales de este municipio medio olvidado.

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