«Muchas cuidadoras están más medicadas que los dependientes»

La Fundación Mujeres trabaja para ayudar a mujeres que atienden a familiares en el ámbito doméstico

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Betanzos / la voz

«Nadie está exento de convertirse en cuidador o en dependiente». Una frase con la que María Hervada, responsable de Igualdade de la Fundación Mujeres, resume la importancia de hacer visible el papel de las cuidadoras.

Con el objetivo de mejorar la calidad de vida de las personas que dedican su vida a atender a otras, nació en el 2012 el proyecto Cuidadanas. Un programa en el que se presta especial atención al género femenino, «ya que según los datos casi el 90 % de los cuidadores son mujeres», explica María. Con ese fin, la entidad realiza talleres y charlas por diferentes concellos de la comarca coruñesa. «Nuestra sede está en A Coruña, pero colaboramos con Culleredo, Bergondo, Abegondo, Cambre, Curtis, Carral, Sada o Betanzos», matiza María .

Durante la charla informativa ofrecida en el Concello brigantino, las responsables del proyecto, junto al personal de Servicios Sociales del ejecutivo local, abordaron los problemas más frecuentes a los que se enfrentan las cuidadoras. «Muchas están más medicadas que los dependientes», expone María, encargada de la sesión, que añade «no hay que olvidar de cuidarse a uno mismo. Porque si no se cuidan ellas, difícilmente van a poder cuidar a otros». En concreto, un alto porcentaje de mujeres cuidadoras desarrollan fibromialgia «ocasionada por el estrés que sufren. Una circunstancia que también les ocasiona, en algunos casos, trastornos alimenticios porque casi no tienen tiempo y acaban comiendo cualquier cosa».

Un trabajo a tiempo completo

María Díaz es una de las tantas mujeres que dejó de ser la protagonista de su vida para cederle ese papel a un familiar dependiente. A sus 46 años, lleva diez cuidando a su madre, «que tiene un trastorno bipolar. Ahora sabemos lo que es, porque antes no se sabía que era eso». Una labor que asume en solitario «desde que falleció mi padre, ya que mi hijo trabaja todo el día en A Coruña y mi marido también está fuera por trabajo». Entre los cambios que tuvo que hacer para afrontar los cuidados de su madre se incluye el de cambiar de residencia «porque vivíamos en Vilarmaior y allí era más difícil controlarla. Un día se escapó y se cayó. Lo pasamos fatal. Estuvimos horas buscándola y no dábamos con ella. Al final, gracias a que una vecina me dijo que la había visto en el invernadero, fuimos y la encontramos tirada en el suelo». El mudarse no ha sido el único sacrificio que María ha tenido que hacer para poder encargarse de su madre. «También tuve que dejar mi trabajo como peluquera para dedicarme por completo a mi madre, si no era imposible», expresa.

Tras una década cuidando a su progenitora, el cuerpo de María se resiente. «Tengo problemas de espalda de cargar con la silla de ruedas y de moverla», dice. Además, tiene una lesión en la rodilla por la que debe someterse a una intervención que ha ido retrasando. «Me tienen que operar y después tengo que estar 15 días en reposo. Por eso estuve buscando una residencia en la que poder dejarla mientras yo me recupero. Pero cuando pregunté, me dijeron que solo había plazas en Carballo y nos queda lejos. Por eso quería preguntarlo en esta charla», explica. Precisamente, en ella le hablaron del programa Respira, promovido por la Xunta, en el que ofertan centros residenciales en los que las cuidadoras puedan dejar a sus familiares para descansar unos días.

Más de 400 vecinas coruñesas forman parte del proyecto «Cuidadanas»

En el programa impulsado por la Fundación Mujeres han participado desde su inauguración, en el año 2012, más de 400 cuidadoras . «En algunos casos, personas que tienen que atender a más de un familiar dependiente», explica Marta Hervada. El perfil que más acude son «madres de niños con autismo, síndrome de Asperger y también personas con padres que tienen minusvalías físicas, alzhéimer o trastornos mentales», expone la socióloga. Entre los talleres que ofertan se encuentra el de higiene del sueño. «Muchas duermen mal debido al estrés y recurren a pastillas que les ayuden a dormir. Queremos evitar eso». Otra sesión se centra en pautas de comunicación para «enseñarles cómo dirigirse a los dependientes, ya que a veces pueden tener un comportamiento violento». Además, en las jornadas se les recuerda a las mujeres la importancia de que reserven una parte de su tiempo para dedicarse a ellas mismas. «Lo fundamental es que no dejen su empleo porque es importante que mantengan su vida, pero sabemos que es difícil. Por eso, por lo menos, deben reservarse un café con las amigas».

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