La casa de Felipe II en Galicia, en venta

La huella del viaje del monarca a Inglaterra para casarse con la reina María Tudor sobrevive en el anonimato en Sarandós, Abegondo, en pleno Camino Inglés


redacción / la voz

Alguien con dinero se acercó a Valentín Gómez Ponte en los años setenta para comprarle los escudos adosados a la fachada de su casa de Sarandós, en Abegondo. Uno de ellos, de la realeza española, celebra la estancia de Felipe II de camino hacia A Coruña, de donde partiría rumbo a Inglaterra con una flota de 125 barcos para casarse con la reina María Tudor. Valentín, que nunca quiso reformar esta casa de estilo gótico tardío, pues pensaba que así podía perderla por deber el favor, contestó de esta forma a la persona que le ofrecía 60.000 pesetas por aquellos blasones con los que pretendía decorar su jardín: «Non perdas o tempo, non chos vendo».

Casi cincuenta años después ahí siguen los escudos en el centro de la fachada pétrea. La resistencia de Valentín refleja a la perfección cómo se ha conservado el patrimonio histórico gallego. Y también cómo se ha perdido. Ahora ya no está Valentín, y su hija María Elena, su yerno Manuel Quindimil y su nieto Diego creen que ha llegado el momento de vender esta casa de alto valor simbólico e histórico, situada en pleno Camino Inglés, en la hermosa parroquia de Sarandós, muy cerca de la impresionante vega del río Barcés. Un entorno en el que es fácil imaginar la comitiva del rey desde Santiago, procedente del monasterio de Yuste, en Extremadura, donde gestionó el retiro de su padre el emperador Carlos.

Felipe, aún príncipe, probablemente meditó en esa casa -rodeada entonces por otras estancias para criados y caballerizas- cómo sería su matrimonio con María Tudor, una solterona de 37 años que había sido novia de su padre. Cuando su prima María subió al trono, Carlos vio una oportunidad única para unir Inglaterra a su imperio. Pero él ya no tenía ni ganas ni energías para casarse con ella. Así que pensó en su hijo, doce años más joven que ella. Felipe había firmado ya otro matrimonio, con María de Portugal, y ese mismo día llegó el mensajero con los nuevos planes. Así que tuvo que localizar al correo que iba camino de Portugal para que regresara. Cuando Felipe descansó en esta casa de Sarandós estaba resignado a cumplir las órdenes de su padre. Pero en absoluto estaba ilusionado con la idea de casarse con su tía segunda, una mujer mucho mayor que él. Aceptó como «obediente hijo», mientras María expresaba en sus cartas su temor a que Felipe, por ser joven, fuera demasiado fogoso.

Antes, el rey hizo noche en esta casa de Sarandós, probablemente el 25 de junio de 1554. Y el 13 de julio partía desde A Coruña rumbo a Southampton para sellar la alianza más poderosa en un imperio en el que ya entonces no se ponía el sol. También es fácil imaginar la bahía coruñesa atestada de mástiles, esperando el viento favorable para poner rumbo al norte.

María Elena muestra la que era su casa familiar con cariño. Son muchos los recuerdos acumulados. Hay que tener cuidado con las escaleras de madera antes de llegar a la habitación donde, creen, durmió Felipe. El suelo necesita una amplia reforma. «Pensamos en rehabilitar la casa -comenta Diego-, pero la verdad es que es muy caro. Por eso la tenemos a la venta». Por menos de 200.000 euros no aceptarían venderla. «Podría ser un albergue perfecto para peregrinos, con explicaciones sobre la historia de la casa», añade Diego, que preferiría que la vivienda acabase en manos públicas antes que en las de un particular.

Lo cierto es que frente a la casa, por donde circulan cientos de peregrinos en verano, no hay nada que recuerde a los caminantes la relevancia de ese lugar. Es muy común verlos pasar de largo, sin percatarse de este rincón de la historia europea. En el Inventario de la riqueza monumental y artística de Galicia, de Ángel del Castillo, se describe así el solar: «Casa de dos plantas, con puerta de pomas por adorno [se refiere a las manzanas que rodean el marco de la puerta] y tres ventanas de arcos conopiales en el primer piso, con dos escudos, uno de ellos de España, y una inscripción que dice: Felipe II estuvo nesta casa, año 1554». El pazo está datado en los «primeros años del siglo XVI». El otro escudo es de la familia Barral, antiguos propietarios.

El sillón del rey

Nada dentro de la casa queda de aquellos tiempos. María Elena recuerda que sí existió una réplica del sillón que utilizó el rey. El original terminó tristemente apolillado y su padre, que era carpintero, hizo una réplica perfecta, que duró su tiempo hasta que finalmente también desapareció. «O tiñan como un tesouro. A xente de Madrid viña e todo o mundo se quería sentar nel», recuerda María Elena. Hace poco los niños de la familia cocieron pan en el viejo horno de la cocina. María Elena recordó aquellos tiempos en el que olor a pan inundaba su casa. El que hicieron los niños, dicen, sabía a gloria.

En la fachada empiezan a notarse las primeras grietas. Nada grave, dice Diego. Pero si no se hace algo en los próximos años podría perderse otra pequeña joya del patrimonio. Cuando Felipe se hizo a la mar para convertirse en rey de Inglaterra y concebir un heredero inglés que nunca tuvo, escribió que aquel día se mareó tanto «que para convalecer hube menester tres días en cama», recuerda Geoffrey Parker en su biografía. No quedó nada escrito sobre cómo pasó aquella noche en la casa de Barral, a orillas del río Barcés. Quizás solo durmió plácidamente.

La anterior escala en Poulo

En Poulo, parroquia del concello de Ordes, también sobrevive otra casa donde Felipe II hizo la escala previa a Sarandós en su viaje a A Coruña. Aunque según las fichas de patrimonio carece de valor arquitectónico, también cuenta con una inscripción que recuerda la estancia del entonces príncipe en 1554.

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