Esta curiosa sala de salpicado, en la que las personas crean su obra de arte mientras lanzan pintura, acaba de estrenarse en Os Mallos. Valentina y Nicole están detrás de este espacio pensado para desconectar y pasárselo bien
27 mar 2026 . Actualizado a las 21:12 h.En el número 52 de la calle San Luis, muy cerquita de la estación de tren, un bajo pintado de azul da la bienvenida a Mancharte, la primera «splatter room» de A Coruña. Valentina y Nicole son las creadoras de este espacio en el que la gente puede disfrutar lanzando pintura sin miedo a mancharse. «Aquí vienes a crear arte, pero también a desestresar», cuentan sobre esta novedosa actividad relacionada con el arte, pero de un modo distinto. En Mancharte hay dos espacios. Una primera sala con una gran mesa de madera en la que comienzan las actividades, con una pequeña charla sobre arte y de búsqueda de inspiración, para pasar después a la sala de manchado, donde la gente se cubre por completo con un impermeable antes de que empiece la diversión. En la sala de salpicaduras las paredes se van llenando poco a poco de pintura: aquí no hay miedo a salirse del lienzo. Dentro de la sala hay distintas estaciones para crear arte y lanzar pintura de formas diferentes: con un péndulo, en vertical, con pistola… Las actividades se pueden realizar de forma individual o en grupo.
«Primero hacemos un ritual de inspiración en la primera zona limpia acompañada de un picoteo, para que la gente pase a la sala de salpicado con algún tipo de dirección de cómo quiere llevarse la obra a su casa. Aquí rompemos el hielo, nos nutrimos de conocimientos sobre arte, hablamos de pintores y luego pasamos a la sala donde ocurre el manchado, donde nos cubrimos toda la ropa, los pies, las manos, el cabello, y de manera libre vamos pintando entre las diferentes estaciones», cuenta Valentina.
«Está el arte libre, que es tirar pintura en vertical; la mesa giratoria, para tirarla de manera horizontal y que el lienzo vaya girando y generar así formas centrípetas; está la mesa de fluido parar ir direccionando la pintura hacia donde nosotros queremos que vaya o el péndulo», explican las creadoras de este espacio. «Es una actividad muy divertida para hacer en grupo, por ejemplo, en un cumpleaños, pero también para hacer de forma individual para desestresarse y descontracturarse», apuntan. Para casa la gente se lleva el lienzo con su obra y una experiencia inolvidable.