Cándida, la histórica mercería coruñesa que vende sus broches por toda España

Patricia García Lema
Patricia García A CORUÑA

A LA ÚLTIMA

Menchu está detrás del mostrador de este negocio de San Andrés abierto en 1939, un auténtico parque de atracciones de botones, pasamanerías, puntillas, pañuelos, abanicos o costureros

13 mar 2026 . Actualizado a las 18:17 h.

Cándida es uno de los negocios de toda la vida que siguen funcionando en A Coruña. Su local en el número 113 de la calle San Andrés mantiene la esencia de mercería de toda la vida: con sus estantes de madera pintados de un color rosa clarito y cientos de cajas de botones recorriendo sus paredes. Menchu es la responsable de este negocio que lleva abierto desde 1939 y que ahora está viviendo una segunda juventud: sus broches para la ropa se han convertido en una obsesión para las amantes de la moda de toda España.

«Los broches los llevo trabajando ya años porque hay gente que me los pedía para cerrar prendas que vienen hoy en día sin botones. Yo empecé a traer estos imperdibles muy bonitos y la gente los compraba, de hecho, muchas veces pasaba gente que viene de fuera, los veía en el escaparate y se llevaban varios porque no los encontraban en sus ciudades de origen», cuenta Menchu. «Un un día vino Paloma Gras, que es una estilista y creadora de contenido de A Coruña, se llevó uno y se lo puso de adorno. No lo usó para cerrar, lo usó de adorno en la solapa del abrigo, lo puso en Instagram, etiquetó a la mercería y ahí empezó el bum». De ahí Cándida dio el salto a referentes del mundo de la moda de todo el país que querían uno de sus broches para completar sus looks. «Esto fue como una onda expansiva y muchas chicas jóvenes ahora me están demandando este producto. Me encanta porque además son súper imaginativas y los ponen en los sitios más insospechados: en un sombrerito, en un lateral de un jersey o en una manga».

Enviaron broches a Sevilla, Cádiz, Huelva o Zaragoza, entre otros lugares. Los que más demandan de mercería Cándida son unos broches más tipo pincho, como unos imperdibles sencillos, minimalistas. «Alguno lleva una perlita, pero son más sencillos, con unos diseños muy juveniles», explica Menchu. Otros productos que también están funcionando muy bien, cuenta, son las diademas y pinzas para el pelo, muy del estilo de Carolyn Bessette-Kennedy. Menchu siente que hay una conexión con los negocios de toda la vida y una vuelta a la costura. «En una mercería hay una infinidad de cosas, botones, pasamanerías, puntillas, pañuelos, abanicos, costureros… Al final todo el mundo puede necesitar venir en algún momento a la mercería».