La crisis habitacional lleva a Juan José e Isabel a vivir en un coche en Arteixo
A CORUÑA
Tras quedarse sin alquiler en Vilarrodís, no logran una nueva vivienda asequible
01 sep 2026 . Actualizado a las 13:26 h.Juan José Jiménez Montoro e Isabel Otero Martínez pasaron ayer su tercera noche en un coche. Lo hicieron después de no lograr una vivienda tras expirarles el contrato de 400 euros que tenían en Vilarrodís, en donde llevan viviendo 12 años, tras un primer alquiler en la urbanización Sol y Mar de Oseiro. Él, natural de Córdoba y de 55 años, y ella, de Cambre y con 57, unieron sus vidas hace 17 años. Explican que hace 2 años los propietarios del piso donde vivían les anunciaron que tendrían que dejarlo y hace seis meses que no habría renovación. Ella cobra una pensión de viudedad y esta situación lo atrapó a él en el paro, tras trabajar durante años en el sector de las carnicerías y durante un año como carpintero.
«Dejé de trabajar en marzo y cobro el paro, pero se me acaba en diciembre», explica Juan José, que a día de hoy recibe por prestación de desempleo 1.125 euros, pero al estar desempleado asegura que no cumple los requisitos que les piden los arrendatarios. Nadie les ofrece una vivienda cuando la perspectiva es que le queden 500 euros de una ayuda a partir de diciembre.
Ella enviudó cuando tenía 20 años y la prestación que cobra, de 1.220 euros, también se le reducirá a 705 el 6 de noviembre. Cita con claridad las fechas, porque asegura que no pueden hacer planes a largo plazo, cuando los ingresos se les reducirán considerablemente. Ella tiene una hija de 25 años que vivía con ellos, pero que estas noches ha pedido cobijo en casas de amigas y de su padre. A esto se suman sus deudas: él, 200 euros de un préstamo, y ella, 300 de los pagos de telefonía y de la factura odontológica. Los números se reducen.
La pareja se encuentra en una situación de vulnerabilidad pese a sus ingresos, agravada por problemas de salud de ella y la falta de alternativas habitacionales en el mercado privado y público. Denuncian que las exigencias de las inmobiliarias y los propietarios hacen imposible conseguir un techo. «Nos piden contrato de trabajo de un año mínimo y una nómina para el seguro de impago», explica Juan José, que asegura que aunque ahora tengan ingresos que quizás les dieran para abonar un alquiler «normal», solo sería por dos meses y se verían abocados a volver al coche, excepto si él logra trabajo. Sin embargo, reconoce que duda que alguien quiera contratarlo cuando como domicilio tiene su automóvil.
Ayudas puntuales
Ellos se van aseando en casas de amigos, que les ayudan. También aprovechan el lavabo del trastero donde han amontonado sus enseres, pero reconocen que lo peor es no tener dónde estar. Su principal ocupación es buscar vivienda, reclamar ante distintas Administraciones y pasear. Aseguran que sus familias no los pueden ayudar. Están a la espera de ver si en el sorteo de viviendas sociales tienen suerte, pero no tienen muchas esperanzas. «Es como jugar a la lotería», explica Juan José.
Sus ahorros los reservan para los arreglos del coche, que se ha convertido ahora en su hogar. La primera noche la pasaron en el centro de Arteixo, pero había mucho ruido y se han trasladado con su coche cerca del centro social de Vilarrodís para poder dormir con tranquilidad.
«No pedimos un piso gratis, sino un sitio para poder dormir», explica Isabel, que padece de hernias en la espalda y tuvo un cuadro de ansiedad por su situación. No se quieren ver en un albergue, pero aun así aseguran que están llenos y no hay sitio para ellos.
Desde el Concello de Arteixo aseguran que atendieron su situación, e incluso se avinieron a ofrecerles ayudas puntuales, pero el problema principal es el alquiler, que ellos no alcanzan. «El problema de fondo es que no encuentran vivienda», explican desde el Concello, un hecho que les supera administrativamente.
La pareja asegura que no busca subsidios ni vivienda gratuita, sino una alternativa accesible a su capacidad económica. «No pedimos un piso grande ni un palacio. Yo no quiero nada gratis; un bajo, una cama, no pido nada más», concluye Isabel.