Las cuidadoras de la colonia de gatos de Os Mallos, en A Coruña: «La situación ha mejorado mucho»
A CORUÑA
Dos vecinas gestionan desde hace años los animales que viven en un solar de la calle Sofía Casanova y aseguran que, desde entonces, las quejas vecinales han disminuido
30 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Dos particulares se encargan de forma voluntaria del cuidado de la colonia felina asentada desde hace más de una década en un solar de la calle Sofía Casanova, muy cerca del mercado municipal Ramón Cabanillas, en el barrio de Os Mallos. Aunque algunos vecinos continúan denunciando molestias derivadas de la presencia de los gatos comunitarios (como se denominan oficialmente), las cuidadoras aseguran que la situación ha mejorado notablemente en los últimos años y que incluso reciben felicitaciones por su labor.
«Nos dan las gracias por cómo ha cambiado todo desde que nos ocupamos de los animales», explican. Reconocen, no obstante, que hace un par de años la convivencia era complicada. Según relatan, muchas personas dejaban comida en la vía pública, lo que generaba suciedad y favorecía la proliferación de enfermedades entre los animales. Además, algunos gatos llegaban a colarse en viviendas cercanas.
Ante esta situación, un grupo de vecinos decidió organizarse, con el apoyo de la Asociación Veciñal Os Mallos Plataforma. «Teñen todo o noso apoio xa que isto redunda nunha mellora para os veciños», explica su presidenta, Pilar Neira. Colocaron carteles en el muro del solar pidiendo que no se alimentara a los animales en la calle para evitar residuos y atraer otras especies. En septiembre del 2024 registraron oficialmente la colonia, integrada entonces por 15 gatos, y comenzaron a esterilizar a varios ejemplares para frenar la reproducción incontrolada.
«En septiembre del 2025 contactamos con el Ayuntamiento, que nos derivó a la empresa Servigal para iniciar el procedimiento legalmente establecido, el método CER —captura, esterilización y retorno—, ya que los animales no pueden ser retirados de su entorno salvo en casos de abandono, muerte o enfermedad vírica», explican las responsables de la colonia.
Para desarrollar este sistema se instalaron jaulas en el solar destinadas a las capturas y periódicamente se realizan desparasitaciones internas y externas. Las cuidadoras subrayan además que cuentan con el permiso de los propietarios del terreno para acceder a la finca, colocar comida y agua, instalar arena para las deposiciones y realizar tareas de limpieza y desbroce.
Pese a ello, la labor no convence a todos los residentes de la zona. Algunos vecinos consideran que las medidas adoptadas solo alivian parcialmente los problemas asociados a la colonia. Las cuidadoras responden que la legislación impide trasladar a los gatos a otro lugar y que su objetivo es minimizar las molestias y garantizar el bienestar de los animales. Inciden en que los animales que están castrados son fáciles de identificar: las hembras tienen una muesca en la oreja derecha y, los machos, en la izquierda. «Y todos chipeados a nombre del Ayuntamiento», añaden.
Indican, por otro lado, que su labor está salpicada de contratiempos. De hecho, recuerdan que el pasado febrero alguien esparció cerca de cinco kilos de pienso frente al solar y arrancó los carteles que pedían no alimentar a los gatos. Además, alguien dejó recipientes con arroz y pollo sobre el muro de la finca. «Y, claro, eso hizo que también reaparecieron las gaviotas», señalan. Sospechan que estas acciones fueron intencionadas, aunque desconocen el motivo.
Actualmente, la colonia está formada por entre ocho y nueve gatos, después de una reciente baja aún no aclarada. «Y todos tienen nombre», indican las cuidadoras.