Al Dépor con la camiseta del revés

Sandra Faginas Souto
Sandra Faginas CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA

La afición deportivista, en el partido del ascenso en Valladolid
La afición deportivista, en el partido del ascenso en Valladolid César Quian

Los porteros aceptaron y con el escudo pegado al corazón cientos de deportivistas accedieron al campo del Valladolid con la camiseta puesta

28 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Qué grande el Dépor y qué grande la afición que se volcó con el equipo tanto en Coruña como en Valladolid. Viendo las imágenes no era difícil emocionarse, con toda esa gente vibrando en la previa del partido, alentando al Dépor. Nos alegramos por todos, por gente como Esther Fernández, a la que muchos recordamos como vicerrectora de la universidad, que con 94 años se desplazó a Valladolid para vivir con sus nietos un día histórico al ritmo de ese cántico que los futboleros saben de memoria: «Abuelaaa, laaaa; abuela, laaa». Esther fue una de las protagonistas por su vitalidad inquebrantable, pero sin duda han sido los nietos de todos esos abuelos seguidores del Dépor los que se movilizaron a tope para acompañar al equipo. Los chavales que ahora rozan los 20 fueron los que elevaron la alegría de un día en el que todo salió redondo. Porque no hubo ningún mal rollo, la gente se comportó con esas ganas que le ponen los coruñeses. Fuimos un ejemplo para toda España y hasta para los aficionados del Valladolid, que a pie de campo, contagiados de la ola, terminaron cantando a nuestro favor. Solo se produjo cierta tensión a la entrada del estadio, cuando a la gente de tribuna no la dejaron pasar con las camisetas del Dépor, a pesar de que algún policía había dicho que sí previamente. Allí algunos aficionados lideraron una pequeña revuelta para hacer entrar en razón a los responsables de la puerta. «Llamamos al club», dijo alguno. «Nos quitamos la camiseta», respondieron otros, pero nada les valía. Hasta que se hizo la luz y alguien deslumbró a todos: «¡Nos la ponemos del revés!». Y ahí sí, los porteros aceptaron, y con el escudo pegado al corazón cientos de personas accedieron al campo con la camiseta puesta del revés para un minuto después, claro, darle la vuelta. Qué grande la afición.