Quienes lo conocieron recuerdan especialmente su carácter hospitalario, su conversación tranquila y el orgullo con el que hablaba siempre de su familia
24 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Silvino Sánchez Sánchez falleció el pasado sábado 16 de mayo a los 88 años, dejando tras de sí una vida profundamente ligada a Mera, a la emigración gallega en Venezuela y a las dos grandes pasiones que marcaron su camino: la barbería y la música.
Nacido en Mera, fue el sexto de siete hermanos en una época en la que el trabajo llegaba antes que la infancia. De niño ayudaba en casa repartiendo periódicos antes de acudir a la escuela y a sus 13 años se inició en el oficio de barbero en Cabreira, aprendiendo desde muy temprano el valor del esfuerzo.
En 1959, siguiendo la senda de varios de sus hermanos emigró a Venezuela en busca de oportunidades. Caracas se convirtió en su segundo hogar. Allí encontró una nueva familia entre compatriotas, siendo la Hermandad Gallega, lugar de encuentro y unión para quienes llevaban Galicia siempre presente pese a la distancia.
Años después, en 1962 conoció a Paquita, natural de Brexo-Lema, con quien formó una familia y compartió toda una vida. Juntos tuvieron a sus hijos, Isabel y Alberto. Fue también en Caracas donde Silvino continuó con el oficio que lo acompañaría para siempre: el de barbero. Un trabajo que ejerció con cercanía, conversación pausada y trato amable.
Pero la morriña nunca desapareció. En 1977, después de muchos años y vivencias al otro lado del Atlántico, regresaron a Galicia. Primero se instalaron en Brexo-Lema y, un año y medio más tarde, volvieron definitivamente en Mera, el lugar al que siempre sintió pertenecer.
Trabajó durante varios años en una barbería de A Coruña hasta que, en 1984, abrió su propio negocio en su Mera natal. Su barbería se convirtió pronto en un pequeño punto de reunión del pueblo, reflejo de su carácter acogedor y cercano.
Fue también entonces cuando floreció otra de sus grandes pasiones: la música. Silvino fue socio fundador de la Coral Polifónica de Mera y componente de la charanga Os Parados, agrupaciones a las que permaneció ligado hasta el final de su vida. Amante de su pueblo y de sus tradiciones, detuvo muy ligado al deporte, siendo unos de los precursores de los campeonatos de fútbol sala en Canide y llegó a ser uno de los socios más antiguos del Marino de Mera, el club de su vida.
Quienes lo conocieron recuerdan especialmente su carácter hospitalario, su conversación tranquila y el orgullo con el que hablaba siempre de su familia, de Mera y de la vida que había construido entre dos orillas. El fin de sus días estuvo lleno de alegría y motivación por ver crecer a su bisnieta Alejandra. Con su despedida se marcha una parte de esa generación de gallegos emigrantes que levantaron su futuro lejos de casa sin dejar nunca de mirar hacia ella.
Texto redactado por el nieto de Silvino Sánchez