Vivimos dentro del Banco de España

Sandra Faginas Souto
Sandra Faginas CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA

Banco de España en A Coruña
Banco de España en A Coruña ANGEL MANSO

Durante muchos años he oído la expresión «cuando vivíamos en el banco» con una normalidad que, sin embargo, siempre traía a continuación un relato increíble

23 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Hace un par de días contamos en el periódico que el edificio del Banco de España que está situado en la calle Durán Loriga esquina con Juana de Vega acaba de cumplir cien años. Pero pocos son los privilegiados que han estado dentro de ese lugar emblemático. Claro que muchos menos son los que pudieron vivir allí, porque ese edificio guarda muchos secretos en su interior. Les cuento alguno. A finales de los años cincuenta terminaron de construir el piso (el segundo) que fue la vivienda de mis abuelos, porque en la década de los sesenta varias familias de los empleados del banco (director, cajero, ordenanzas...) compartían ese vecindario tan particular, que yo pude conocer muchos años después. Lo primero que llamaba la atención de residir en un banco era que al entrar te recibían dos policías que, situados en su habitación, te saludaban como si entraras en una película. Subías por aquellas enormes escaleras de mármol y todo te parecía mágico: los torreones, la terraza superior que era una solana maravillosa, sus recovecos misteriosos... Durante muchos años he oído la expresión «cuando vivíamos en el banco» con una normalidad que, sin embargo, siempre traía a continuación un relato increíble: el día que llegó la primera televisión en el año sesenta a una de las casas para fortuna de los vecinos que cogían su silla y se trasladaban todos juntos a verla; los partidos de fútbol y de pimpón que los críos organizaban en el enorme hall; el día que alguno de esos niños tuvo la potra de que le enseñaran la caja fuerte (como una habitación) con billetes ya caducados; las Navidades de aquella enorme gran familia... Si cierro los ojos, recuerdo habitación por habitación, y veo a mi abuela recibiéndome con un abrazo en aquella puerta y la sonrisa de mi abuelo en este banco que, para mí, fue siempre un tesoro.