Carlota Pérez, directora de Sacra Experience: «He podido ir ampliando mi sueño a base de esfuerzo y de hipotecas»

A CORUÑA

La bailarina y coreógrafa Carlota Pérez en su residencia del lugar de Pincelo, en la Ribeira Sacra.
La bailarina y coreógrafa Carlota Pérez en su residencia del lugar de Pincelo, en la Ribeira Sacra.

Dejó A Coruña por la Ribeira Sacra para lanzar un ambicioso proyecto cultural

20 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

No es la primera coruñesa a la que la Ribeira Sacra le roba el corazón. Pero el caso de Carlota Pérez —que nació en Chantada en 1975 pero vivió toda su vida en A Coruña— es excepcional, porque no llegó al lugar de Pincelo simplemente para huir de la ciudad, sino para transformar su nuevo hogar en un centro cultural que extiende sus lazos por toda España. Y lo hace a través de Sacra Experience, un conglomerado de actividades que van desde residencias artísticas a un exclusivo festival con la cultura y la naturaleza como protagonistas.

—Ha cambiado A Coruña por la Ribeira Sacra.

—La verdad es que hasta que tenía un año viví en Chantada y pasé allí muchos veranos de mi infancia. Yo creo que ahí desarrollé mi relación con la naturaleza. Ya desde niña me costaba acostumbrarme a la ciudad. Pero la Ribeira Sacra la conocí porque fui a la cantina de Esther Teijeiro, la que hizo el primer vino ecológico de Galicia, en Pincelo. Me enamoré del lugar y es donde tengo mi casa ahora.

—¿Cuando decidió cambiar de lugar de residencia?

—Cuando murió un tío mío en un accidente. Me replanteé todo. Tenía un piso en A Coruña, pero empecé a buscar casas por la Ribeira Sacra y me hablaron de una a la que no le veían mucho futuro. Tenía una ventana pequeña, había que rehabilitarlo todo... Era muy complicado. Pero me lancé. Vendí mi piso y me puse a invertir ahí, con la idea de tener una segunda residencia. Pero llegó la pandemia.

—Eso lo cambió todo para mucha gente.

—Me pilló allí y ya no hubo vuelta atrás. Vivir en la ciudad me ha costado siempre. Así que centré todas mis fuerzas en Pincelo, establecí allí mi compañía de danza y toda mi vida. Empezó siendo algo pequeño, una casita que era el antiguo horno de la aldea, y fui ampliando el espacio, mi sueño, a base de esfuerzo e hipotecas.

—¿Cuándo se convierte en un centro cultural?

—Desde el principio. Aunque era un espacio muy limitado, vimos que teníamos sitio para alojar a más gente. Así que empezamos con los talleres y actividades de danza y teatro. Poco a poco fue creciendo y ahora hasta tenemos un bar, un espacio de degustación de productos de la zona y vinos poco comerciales, además de los quesos de Airas Moniz, lo que ha cambiado mucho las cosas, porque le ha dado mucha vida a la aldea. Tenemos también una cata al mes con el sumiller Marcos Eiré.

—¿Cómo definimos Sacra Experience?

—Es el nombre general, podríamos decir. Y dentro de esto hay varios pilares. Tenemos el Sacra Forma, un proyecto en el que tenemos diez residencias anuales de artistas. Es un modo de democratizar la cultura a través de ayudas que tenemos y cofinanciaciones para que un alumno, más allá de sus recursos económicos, pueda acceder a cultura de excelencia. Esa es la meta del proyecto.

—¿Tienen otro proyecto llamado Cohabitar la Creación?

—Damos alojamiento y comida a artistas emergentes y reconocidos durante una semana, aunque vamos a ampliarlo a quince días, para que puedan investigar en un proyecto que estén llevando a cabo sin necesidad de que tengan que mostrar algo al final. Lo que sí se les exige es que devuelvan algo al territorio, ya sea una relatoría, una muestra, algo en el centro de mayores... Tienen que hacer algo por la comunidad.

—Y, por supuesto, el Sacra Festival.

—Es el más complejo a nivel de financiación. Es un festival de artes en diálogo con la naturaleza y llevamos ya diez ediciones. Va itinerando por diferentes espacios de la Ribeira Sacra. Son eventos muy limitados por el espacio, de manera que solo pueden verlos sobre cien personas, dependiendo del lugar. Este año estarán, entre otros, Mercedes Peón haciendo un recorrido por su historia musical, y El Niño de Elche, que mostrará las conclusiones de su residencia con un pianista con el que está trabajando. Claro, una actuación de El Niño de Elche para ochenta personas no es económicamente viable, así que ha sido como un intercambio que hemos hecho con él. Lo hemos expandido en distintos espacios y también en el tiempo, y se va a celebrar durante todo mayo y junio. Es un festival muy complejo por minoritario, por sus limitaciones, no vive de la taquilla y tiene un carácter interdisciplinar que hace que sea más complejo optar a ayudas.

«Oliver Laxe lleva años haciendo talleres con nosotros, y este año volverá»

Carlota Pérez ha dedicado buena parte de su carrera como bailarina y coreógrafa a la integración a través del arte, a través de su propia compañía, ExperimentaDanza, y de festivales como el de Artes por la integración.

—La Ribeira Sacra no es el lugar más accesible del mundo...

—Por eso estamos invirtiendo en la aldea, para hacerla plenamente accesible. Es un plan muy complicado y caro, pero es necesario para que toda persona pueda llegar allí. Y estamos trabajando con un centro de mayores y con jóvenes con diversidad. El proyecto se llama La tercera sonrisa. Queremos convertirlo, un día a la semana, en un centro de creación artística. Están pasando cosas muy bonitas y hay mucha energía. Estoy rodeada de unos equipos de trabajo fantásticos.

—¿Seguirá celebrándose en A Coruña el festival Artes por la integración?

—Claro, lo seguiré haciendo tanto en Santiago como en A Coruña. Y será ya la edición número 15. Así que no abandono del todo A Coruña.

—Ha conseguido llevar a grandes nombres de la cultura hasta Pincelo.

—Por aquí han pasado fotógrafos como Vari Caramés, David Jiménez o María Meseguer, diseñadores gráficos como David Carballal, bailarines como Guillermo Weickert o Janet Novás, músicos como Su Garrido o cineastas como Miguel Ángel Delgado, director de la película San Simón, y Oliver Laxe, que va a volver este año.

—El hombre del momento.

—Lleva mucho tiempo haciendo talleres con nosotros. Tuvimos la suerte de poder ver en Cinema Palleiriso —un cine que hay en un pajar montado por Anxo Moure— una previa de Sirat, antes de su montaje definitivo.