Bucle legal para traer a su familia a A Coruña: «Por un sello tenemos que volver a empezar y pagar otros 400 euros»

A CORUÑA

M., en Cuatro Caminos, cerca de su trabajo
M., en Cuatro Caminos, cerca de su trabajo EDUARDO PEREZ

Un trabajador del puerto cuestiona la gestión de los visados externalizada por la Embajada de España en Senegal

25 ene 2026 . Actualizado a las 06:19 h.

M. (Yoff-Tonghor, Senegal, 1978) prefiere no revelar su identidad por temor a que se le complique más el proceso administrativo en el que está atrapado desde el 2024 para traer a España a su mujer y a su hijo. Primero le dieron una cita para dos años, después se la adelantaron y en noviembre lo obligaron a volver a empezar por un papel sin sello, de entre la montaña que tuvo que presentar en BLS, la empresa con la que la Embajada de España externalizó la solicitud de visados en Senegal.

Asentado y apreciado en A Coruña, M. llegó en el 2009 en contra de la voluntad de su padre, un trabajador muy respetado en el aeropuerto de Dakkar que había conseguido un buen puesto para su hijo y tenía la esperanza de que allí se labrase un futuro. «Pero cuando eres joven siempre haces una tontería, aunque venir aquí no lo fue», explica este coruñés de adopción, vecino de Monte Alto y encargado en una empresa del puerto, para explicar cómo aprovechó un viaje a un torneo de fútbol en Francia, acompañando a un equipo juvenil al que entrenaba, para cruzar los Pirineos e instalarse en Galicia.

Tenía 32 años y la crisis del ladrillo no había hecho más que empezar. «El mundo era un poco desesperado», recuerda. Un primo lo acogió en casa; la oenegé Ecodesarrollo Gaia, que lleva adelante proyectos en Senegal, lo apoyó con las clases de español, los papeles y lo más apremiante, y casi a la vez que empezó a vender en la calle se vio jugando en el Almeiras.

«Jugaba para tener amigos, integrarme y hablar español. Y porque mi padre siempre me decía que la persona más rica del mundo no es la que tiene dinero, sino la que tiene gente a su alrededor. Porque si tienes gente, no te falta nada», dice este hombre que 15 años después se ha convertido en el taxista de la comunidad senegalesa y de todo aquel que se lo pida. «Muchos no tienen coche. Mi padre fue el primer conductor del pueblo y recuerdo cuando llamaban a la puerta a las dos o tres de la mañana porque una mujer iba a dar a luz y necesitaba que la llevara al hospital. Me enseñaron eso», dice.

M. se casó y tuvo dos hijos en España. El matrimonio se rompió pero la familia se mantiene unida y firme. «Ella me hizo sentar la cabeza y abrir los ojos. Me ayudó muchísimo y nos llevamos de maravilla. Tu vida deja de pertenecerte cuando tienes hijos, y no creo que los padres tengamos derecho a causarles sufrimiento a los niños», defiende. 

Cita para dos años

Su mujer actual se encuentra en Senegal con su otro hijo. Tienen DNI español desde el 2024, pero no pueden salir del país. Aunque el Gobierno aprobó el reagrupamiento familiar apenas cuatro meses después de solicitarlo, el proceso encalló en Senegal: les dieron dos años de espera, hasta noviembre del 2026, para entregar los papeles y recoger el visado. Al final consiguieron adelantar la cita y su mujer aportó toda la documentación, pero faltaba un sello. «Fue corriendo a que se lo pusieran y volvió, pero le dijeron que no, que estaba cerrado y que tenía que volver a empezar, volver a pedir cita y entregar todo. Por un sello. Y pagar otros 400 euros», relata perplejo.

«Hay cosas que no tienen sentido. ¿No poder aportar documentación complementaria? Creo que la embajada y BLS tienen que organizarlo mejor. Es mi familia, tienen su casa aquí. Hasta para el país es mejor que estemos juntos. Y esto nos pasa siendo legales, con DNI español. La gente que no es legal y que intenta llegar por su cuenta... No me extraña que los niños cojan cayucos», apostilla.