Reveladora disección del cuarteto de cuerda

Hugo Álvarez Domínguez

A CORUÑA

El concierto del Cuarteto Gerhard en el Festival Resis se recordará por el programa (dos cumbres de la música camerística del siglo XX abrazando el estreno de un cuarteto de uno de los autores gallegos más interesantes de hoy) y por unas interpretaciones apasionadas y minuciosas capaces de diseccionar la estructura de las partituras.

Witold Lutoslawski y Dmitri Shostakovich son profundamente políticos, con música teñida de dolor subyacente. Del Cuarteto para cuerda del polaco se entregó una versión expresiva y sentida. Desde los tejidos espectrales del inicio y el fin, se prodigó en contrastes, como se vio en el paso al frenético segundo tiempo. Lectura emocional, que aprovechó todos los desafíos técnicos de la obra para dar sentido dramático a la partitura, destacando todavía más por su fuerza emocional que por su destreza técnica (también impecable).

Se estrenó el Cuarteto nº 2, Liñas de augua, de Jacobo Gaspar, comisionado por Resis con el apoyo de la Fundación Ernst von Siemens. Introduce sutiles disonancias en pequeñas células melódicas que emergen en un juego que va hacia un efectivo crescendo progresivo que incorpora toda clase de recursos técnicos (incluyendo la manipulación de las cuerdas) a líneas melódicas transparentes. Pieza eficaz defendida con total garantía.

Reveladora la interpretación del Cuarteto nº 8, de Shostakovich. Por la amplitud sonora, redonda y casi elegíaca, de los movimientos lentos que lo abren y cierran (escalofriante trabajo del cello), y por la satírica angustia de los movimientos centrales (chispeante el allegretto). De cálido y amplio sonido, la versión dejó escuchar cada elemento de la escritura. Pocas veces se toca esta obra con tal aliento lírico, dejando claro cuánto debe Shostakovich a grandes del pasado. En consonancia, fue de total pertinencia la propina: un fragmento de El arte de la fuga, de Bach, muestra de cómo el Cuarteto Gerhard disecciona las obras buscando su esencia formal y expresiva. Por su equilibrio entre sonido y sensibilidad, se trata de un concierto de muchos quilates.