El profesor de la escuela Pablo Picasso de A Coruña condenado por abusos sexuales llega al Supremo y desiste

La Voz A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA

MARCOS MÍGUEZ

«No cabe apreciar otra significación que la sexual», dice la sentencia, que ya es firme y ha permitido inhabilitar al docente con pérdida de destino desde el 30 de agosto

14 nov 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

Era habitual que al acercarse a las alumnas para resolver sus dudas o darles alguna explicación en el aula el profesor les acariciase o masajease la espalda. Pero con algunas mujeres, en privado, los abusos fueron a más. Tocamientos en las piernas, las ingles y los glúteos; a una estudiante a la que propuso verse fuera de la escuela le dijo que lo que sucedía en el despacho tenía que quedar entre los dos, y a todas y de forma reiterada les advirtió, para condicionarlas, que las asignaturas que él impartía eran las más duras de la carrera.

Las alumnas, asustadas, empezaron a ir a las tutorías en grupo. «¿Hacéis todo las tres juntas?», les espetó. Algunas jóvenes decidieron matricularse en otra ciudad para sacar las materias de las que él daba docencia y el miedo siguió calando hasta que nueve de ellas se armaron de valor y lo denunciaron, primero en la inspección educativa y a continuación en el juzgado. 

Significación sexual

«Quitar una pestaña o el pelo de la cara puede interpretarse como gesto de confianza y afecto, coger la mano y acariciarla puede ser un gesto de ánimo, pero cuando estas caricias se extienden a la pierna, aunque sea en la pantorrilla, introduciendo la mano bajo el pantalón, no cabe apreciar otra significación que la sexual», interpretó la magistrada del Juzgado de lo Penal número 4 de A Coruña, que no dejó lugar a equívocos: «Un hombre no acaricia el muslo de una mujer con la que no mantiene relación sentimental así porque sí».

El profesor, que daba clase en la especialidad de Diseño de Interiores de la escuela de arte Pablo Picasso, fue condenado por ocho delitos (seis de ellos continuados) de abuso sexual. Le cayeron 14 años de inhabilitación especial para ejercer la docencia, prohibición de aproximarse a menos de 100 metros de las víctimas o comunicarse con ellas durante dos años, pago de indemnizaciones que oscilaban entre 500 y 2.000 euros y una multa de 44.000 euros. La abogada de las víctimas pedía prisión.

El hombre, arquitecto de formación, recurrió la sentencia por infracción de ley y solicitó ser absuelto. Pero la apelación no tuvo recorrido. El 21 de noviembre del 2022 el tribunal de la sección segunda de la Audiencia provincial, presidido por el magistrado Ángel Judel, desestimó los dos recursos (también la defensa de las víctimas había acudido a la instancia superior para confirmar su petición inicial de cárcel e indemnizaciones más elevadas) y consideró que la sentencia se ajustaba a derecho. 

Anuncio y paso atrás

Aún cabía recurso de casación y el condenado se dirigió al Tribunal Supremo. Al menos lo anunció, un trámite formal sin más contenido que la propia declaración de intenciones pero imprescindible para que el procedimiento pudiera seguir su curso. Pocas semanas más tarde, sin embargo, el profesor desistió de seguir adelante.

Fuentes de la Xunta confirmaron que el profesor «está inhabilitado para el ejercicio de la docencia, con suspensión firme de funciones desde el 30 de agosto y pérdida de destino». La sentencia es firme y se está ejecutando. Las víctimas han recibido las indemnizaciones, que no superan los 8.000 euros. Le queda hacer frente a las costas y, después, a la multa de 44.000 euros, cuyo pago podrá fraccionar. La voluntad de las mujeres, en parte, se ha cumplido. «Que ninguna más tenga que pasar por lo que pasamos nosotras, ese era el objetivo. Y que la gente se dé cuenta de que nadie tiene por qué hacer sentirse incómoda a una mujer de ninguna manera», afirman.