Prohíben el baño en las playas de Riazor, Orzán y Matadero por la presencia de carabelas portuguesas

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Una carabela portuguesa
Una carabela portuguesa

Seguridade Cidadá ha puesto este martes la bandera roja en estos arenales

29 ago 2023 . Actualizado a las 13:22 h.

Las carabelas portuguesas regresaron este martes a los arenales de A Coruña. Seguridade Cidadá ha puesto la bandera roja y la prohibición de baño en las playas de Riazor, Orzán y Matadero al detectar la presencia de estos ejemplares. «Prégase seguir as indicacións do equipo de salvamento e socorrismo», resaltó el Ayuntamiento de A Coruña en un tuit.

En los últimos días ya se han avistado en otros puntos de la ciudad. El pasado sábado se contabilizaron «unas ocho o diez» en la playa de Bens y el viernes, día 25, apareció una carabela portuguesa de gran tamaño en el arenal de San Amaro.

Presencia en la Costa da Morte

Durante este mes de agosto se detectó una numerosa presencia de estos ejemplares en municipios de la Costa da Morte, A Mariña lucense, en la zona de Ferrol e incluso en algunos puntos de las Rías Baixas. A la ciudad herculina llegaron más tarde, pero finalmente fueron arrastradas también hasta las playas coruñesas. Desde la Coordinadora para o Estudo dos Mamíferos Mariños (CEMMA) confirman que estos animales hallados este sábado son también carabelas portuguesas.

¿A qué se debe su presencia en la costa gallega?

Las carabelas son fundamentalmente especies de mar abierto, menos comunes en las costas, y que sobre todo habitan en aguas tropicales y subtropicales, aunque en los últimos años se han dejado ver también en las costas mediterráneas. Hay varios factores que explican su presencia en Galicia.

En primer lugar, los vientos y las corrientes a través de los que se guía la especie. Como explicaba la investigadora Eva Velasco a La Voz, «el debilitamiento del anticiclón de las Azores favorece que el viento sea del sur, lo que hace que el aire sople de mar hacia tierra», lo que ayuda a que las especies lleguen a la costa gallega.

A ello se suma la temperatura del mar. «Las aguas están mucho más cálidas de lo normal tanto en la costa atlántica como en el litoral cantábrico», aclaraba la científica del Instituto Oceanográfico de Vigo sobre esta condición, que crea «un ambiente muy favorable para quedarse».

Además, también influye la falta de depredadores, ya que «solamente las tortugas se alimenta de ellas y su población tampoco es que esté pasando por el mejor momento», reconocía Velasco.

¿Las carabelas son medusas?

Aunque mucha gente lo piensa, en realidad no son medusas, sino que pertenecen a la especie de los cnidarios, y están emparentadas con las anémonas y los corales.

Según explica Eva Velasco, se trata de una especie muy compleja, ya que cada individuo es, en realidad, la suma de millones de microorganismos que se agrupan y adquieren esa forma vistosa. Por encima del agua tienen esa cavidad con forma de flotador, que le permite navegar, y por debajo están «los gastrozoides, que se encargan de la alimentación; los gonozoides, que se ocupan de la reproducción, y los dactilozoides, que son los tentáculos que sirven para cazar y defenderse, los que nos pican», aclara.

Cada tentáculo puede llegar a medir unos 20 metros y contiene más de un millón de células urticantes por centímetro, que se disparan y se clavan en su presa con un simple contacto. «Son como arponazos que se inyectan en la piel con millones de células urticantes», subraya Velasco, que explica que el dolor es mucho mayor que el de una medusa, y que puede llegar a ser mortal en caso de patología previa o alergia.

¿Qué hacer si nos cruzamos con una?

Por supuesto, lo principal es alejarse de la criatura y evitar tocarla. Pero, en caso de que, por cualquier razón, hayamos entrado en contacto con una carabela portuguesa, José Antonio Álvarez, responsable del servicio municipal de Emerxencias de O Grove, explicaba a La Voz cuáles serían los pasos a seguir.

En primer lugar, es importante que nunca se ha de usar agua dulce para limpiar la herida, ya que esta serviría para activar la toxina que inocula la carabela. Tampoco se debe frotar y, como mucho, se podría acercar una bolsa o un paño con hielo. 

A continuación, habría que acudir al socorrista de la playa, si es que hay ese servicio. En caso contrario, si las picaduras son pequeñas, se puede utilizar una pinza o una tarjeta de crédito para retirar los filamentos que la carabela haya dejado adheridos a nuestra piel.

Si las picaduras son más graves, el experto recomienda no perder tiempo y acudir cuanto antes al centro de salud más cercano. Allí, en atención primaria, podrán darnos, si fuera preciso, un antihistamínico, corticoides o un calmante si es que persiste el dolor.