José Ramón, doce años sobrio: «El alcoholismo no hace distinción de sexo, edad ni condición social»

Fernando Molezún A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA

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MARCOS MÍGUEZ

El sábado celebran su 18.º aniversario con un acto público en Los Rosales

19 sep 2022 . Actualizado a las 19:14 h.

El Grupo 24 Horas de Alcohólicos Anónimos se fundó en A Coruña hace 18 años, motivo por el que organizan una junta pública de información el próximo sábado, a las 18.00 horas, en la parroquia Nuestra Señora de Los Rosales. Un acto abierto al público con el que pretenden acercar su labor a todo aquel que lo pueda necesitar. Como le ocurrió en su momento a uno de los miembros más veteranos del grupo, José Ramón F., coruñés de 47 años, que lleva doce sin probar el alcohol.

-¿Qué es un Grupo 24 Horas de Alcohólicos Anónimos?

-Lo característico es que estamos en nuestro local de la calle Ramón Méndez Pidal siempre, las 24 horas del día y los 365 días del año, con la puerta abierta por si alguien necesitase ayuda. Y, dentro, hay un anexo formado por gente que no tiene recursos o que física y emocionalmente necesitan más terapia y que viven aquí. Son los que mantienen el grupo cuando el resto de militantes no estamos. Es algo que se les ofrece a los que pueden necesitarlo porque han perdido sus casas y sus trabajos por culpa del alcohol.

-¿Cómo se mantiene el grupo 24 horas?

-Con nuestras propias contribuciones. Somos totalmente independientes, no tenemos ayudas públicas ni donaciones particulares. Ni las queremos. Está así establecido desde siempre, y eso nos permite ser totalmente autónomos. Los que trabajamos y podemos, pues aportamos una contribución, sin cuotas. Hay otros que no pueden y no pasa nada, nos ocupamos nosotros de ellos, que ponen de su parte tiempo y esfuerzo para el grupo.

-¿Y con eso tienen suficiente?

-Pues la verdad es que estamos hasta arriba. Esto cuesta una barbaridad. Pero se hace lo que se puede y vamos arreglándonos. Llevamos así 18 años y hemos salido adelante.

-¿Cómo son sus terapias?

-No tenemos médicos, ni psiquiatras o psicólogos. Aquí somos todos enfermos alcohólicos, sin más. El tema está en que nadie me entiende mejor que otro que es igual que yo. Aquí compartimos la misma enfermedad y las mismas experiencias. Nos convertimos en profesionales de esta enfermedad por pura experiencia.

-¿Y funciona?

-Funciona. A mí, desde luego, me ha funcionado. Yo llevo 12 años sin probar ni una gota de alcohol. Sin recaídas. Y te puedo presentar a compañeros que están aquí que llevan tres, cuatro, nueve años sin beber.

-¿Cómo se llega hasta el alcoholismo?

-Naces con esta enfermedad, algo que no se ha entendido del todo socialmente. Se nos considera unos viciosos, y esto va más allá de una adicción. La Organización Mundial de la Salud dice que el alcoholismo es una enfermedad mental progresiva, incurable y mortal. Así que nacemos siendo alcohólicos, aunque la enfermedad no se desata hasta que empiezas a beber.

-Dice que es incurable.

-Somos enfermos, lo seguimos siendo aunque llevemos tiempo sin beber. El alcohólico lo es hasta que se muere. Lo que sí puedes hacer es parar la enfermedad, controlarla. Como con cualquier enfermedad crónica, como la diabetes.

-¿Cómo fue la pandemia para ustedes? ¿Detectaron más casos durante el confinamiento?

-Nosotros vinimos igual. Somos un centro terapéutico, así que teníamos los permisos de la Xunta para prestar asistencia. Y el alcohólico en pandemia siguió bebiendo igual, aunque ya no tuvo tanta libertad para hacerlo porque los bares estaban cerrados y encerrado en casa tienes la supervisión de la familia. De hecho, sí que tuvimos alguna llamada más de lo normal de familiares, mujeres alarmadas porque su marido bebía mucho en el confinamiento, pero en realidad estaba bebiendo lo mismo, solo que antes de la pandemia lo hacía fuera de casa.

-¿Existe un perfil de alcohólico?

-Esta enfermedad no distingue de sexo, edad ni condición social. Es terriblemente democrática. De hecho, en el grupo tenemos prácticamente el mismo número de hombres que de mujeres. Y tenemos a un chaval de tan solo 17 años, al que le queda toda la vida por delante para estar bien. Pero hay mucho alcohólico que no lo sabe. O que no quiere saberlo. El enfermo es siempre el último que se da cuenta de su problema.

«Tuve que perderlo todo y tocar fondo para darme cuenta de que tenía un problema»

El Grupo 24 Horas de Alcohólicos Anónimos de A Coruña es el más antiguo que hay en Europa después del de Ourense. En él, uno encuentra infinidad de historias como la de José Ramón, que tienen un final común: la búsqueda de una nueva oportunidad en la vida.

-¿Cómo fue su caso?

-Empecé joven, con 13 años, y hasta los 20 aguanté con mis borracheras de juventud. Pero a partir de ahí... La enfermedad va en aumento a lo largo de los años, pero niegas la realidad. Tuve una pancreatitis aguda que casi me mata y ni con esas dejé de beber, que sería lo que habría hecho cualquier persona. Algo fallaba. Pero el detonante para dejarlo no llegó hasta que mi mujer, agotada, cogió a mi hija y se fue. Perder a mi hija fue lo que me llevó al grupo, y gracias a él la he recuperado. Tuve que perderlo todo, lo más importante de mi vida, y tocar fondo para darme cuenta de que tenía un problema.

-¿Tras 12 años sobrio necesita todavía al grupo?

-Sin duda. No podría seguir sin él. Necesito la comprensión de mis compañeros para seguir en el día a día. La vida, como a todos, en ocasiones me quiere superar: el trabajo, la familia, las deudas... Antes lo solucionaba todo bebiendo. A la segunda copa se me ocurría una idea que creía brillante: si tengo deudas, pido un crédito al banco y listo. El resto de la noche, a festejar la gran idea. Y, claro, a la mañana siguiente es cuando te das cuenta de que el banco no te va a dar más créditos y que el problema no está resuelto, sino que ha empeorado por todo lo que te has gastado la noche anterior. Así que volvía al bar y vuelta a empezar. Pues bien, ahora, si flaqueo, tengo a mis compañeros, que sí que me van a dar buenos consejos.