Los ojos de María Casares

Luís Pousa Rodríguez
Luis Pousa CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA

MARÍA CASARES. Icono del cine y del teatro en Francia. De la calle Panadeiras huyó con su familia, su padre era el expresidente republicano Santiago Casares Quiroga, a Francia. Musa de cineastas y escritores como Camus, es una de las actrices más laureadas del teatro francés. En sus giras por Argentina entró en contacto con galleguistas como Seoane, Blanco Amor o Laxeiro. Allí actuó en recitales en gallego. Casares dijo: «Galicia soy yo. Galicia no soy yo. Pero soy un trozo de Galicia. Y moriré siendo gallega».
MARÍA CASARES. Icono del cine y del teatro en Francia. De la calle Panadeiras huyó con su familia, su padre era el expresidente republicano Santiago Casares Quiroga, a Francia. Musa de cineastas y escritores como Camus, es una de las actrices más laureadas del teatro francés. En sus giras por Argentina entró en contacto con galleguistas como Seoane, Blanco Amor o Laxeiro. Allí actuó en recitales en gallego. Casares dijo: «Galicia soy yo. Galicia no soy yo. Pero soy un trozo de Galicia. Y moriré siendo gallega».

Las dos dimensiones de la pantalla se le quedaban en nada, porque ella se salía hacia el patio de butacas, en plan cine en 3D, pero en blanco y negro de 1945

03 may 2022 . Actualizado a las 11:05 h.

Cuando Napoleón, los franceses exportaban mariscales a toda Europa. A los gallegos nos tocó uno que se llamaba Ney, pero como salió torcido, se lo mandamos de vuelta al emperador, inventando lo que ahora se llama devolución en caliente. Como no somos rencorosos, desde entonces llamamos Ney al can de palleiro y, a mayores, exportamos a París a la Bella Otero, que era de Valga, y a María Casares, que era de la calle Panaderas, bajando, a mano derecha. La Bella Otero llegó a Francia perseguida por la pobreza y María Casares, huyendo de los fascistas que querían cargarse a su padre. Al final, los perseguidores que te empujan a la emigración o al exilio son siempre los mismos, aunque a veces se camuflan.

La primera vez que vi a María Casares fue en Los niños del paraíso, esa película en la que todo el mundo ama a la persona equivocada, deporte que Francia también exportó al resto de Europa.

Me di cuenta entonces de que a María Casares las dos dimensiones de la pantalla se le quedaban en nada, porque ella se salía hacia el patio de butacas, en plan cine en 3D, pero en blanco y negro de 1945. Pensé que era porque venía del teatro y no le di importancia, o sea, no entendí nada.