Lina, una promesa musical que ha compuesto más de 300 canciones

leyre estévez coloma A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA

cedida

Actuará en A Coruña este domingo en el Garufa Club

12 mar 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

A sus 19 años, Carolina Gutiérrez Baños, conocida artísticamente como Lina y @linasinging en redes sociales, tiene claro que quiere dedicarse a la música. La joven, natural de Vigo, se trasladó hace dos años a vivir a A Coruña para estudiar el grado de Relaciones Públicas. Por casualidad acabó viviendo en la casa en la que se rodó la serie de Netflix El desorden que dejas, ambientada en Galicia. En esas pintorescas cuatro paredes blancas pasa todo el tiempo libre que le queda cantando y componiendo canciones, su auténtica pasión.

En el 2017, decidió empezar a publicar covers en sus cuentas de Instagram y TikTok en las que tiene 7.500 y 74.000 seguidores, respectivamente, y es que considera que ahora, con las plataformas digitales, «hay muchas más oportunidades que nunca para que los artistas independientes se den a conocer».

Aunque ha participado en un par de conciertos en Vigo, este domingo, por primera vez, actuará en A Coruña junto con otros dos grupos: Show-Laboratorio ImproEscénico y SemiConFusas. Será en la sala Garufa Club, a las 19.30 horas, y las entradas se podrán adquirir por 5 euros.

Durante este mes también saldrán a la luz por primera vez en Spotify algunas de sus canciones propias, de las que dice tener recopiladas «más de 300, escritas en español, inglés, e, incluso, alguna en francés». De ellas, ha seleccionado sus favoritas, y las está produciendo con la ayuda del músico gallego Amaro Ferreiro.

Un estilo fresco y natural

En cuanto a su estilo, Lina bebe de cantantes de otras décadas, como Los Beatles o la artista de jazz Nina Simone. En sus temas, habla de sus experiencias personales y, sobre el proceso de composición, explica que escribir canciones le ayuda «a encapsular sentimientos de un momento concreto y entenderlos mejor». «Actualmente, la gente está muy poco sensibilizada con lo que sucede a su alrededor, ahora se vive con mucha prisa y sin prestar atención —añade—. Con mi música, me gustaría luchar contra esta inmediatez, creo que la vulnerabilidad es preciosa y es necesaria la capacidad de emocionarnos».

Aunque asistió a clases de piano en el conservatorio desde los cinco años, lo dejó porque «no quería ser Beethoven», sino seguir su propio estilo, así que continuó dando clases particulares por su cuenta hasta los 15. También formó parte de un grupo de jazz en el bachillerato.

Sin embargo, su amor por la música se intensificó, como ocurre muchas veces, por serendipia, de casualidad. Fue en el 2017, cuando tuvo que estar ingresada en el hospital varios días debido a una intoxicación alimentaria: se aburría mucho y les pidió a sus padres que le compraran un ukelele. Así empezó a tocar sus propios acordes, para después introducir la voz, de manera autodidacta. Un año después, se pasó a la guitarra y también al teclado.

Ya en 2018, Lina participó en un curso de verano de inmersión musical que organizó en Valencia la Universidad de Berklee, referencia mundial en jazz. Al año siguiente, consiguió una beca para un programa de formación de canto en la Universidad de Boston.

Lina reconoce que le encantaría poder dedicarse a la música y se plantea estudiar algo de manera profesional en este ámbito, aunque, poco a poco, ha ido encontrando el punto en común entre su carrera y su pasión: «El proceso de distribución y promoción de las canciones que se lleva a cabo en una discográfica».