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Doña Emilia sale del armario

Luís Pousa Rodríguez
Luís Pousa CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA

IAGO VIANA

Encerrar a la condesa en un polígono y cambiar la original de 1916 por una Pardo Bazán falsificada fue una bochornosa rendición de aquel Ayuntamiento ante los bárbaros del botellón

04 nov 2021 . Actualizado a las 12:28 h.

Hace unos meses, me enviaron una foto del monumento original de Emilia Pardo Bazán recluido en los talleres municipales de A Grela. A la escultura de piedra, que se retiró en el 2006 de los jardines para sustituirla por una réplica de bronce y ponerla a salvo de los botelloneros y sus trastadas, se la veía triste, con la mirada perdida, como buscando por la nave la sombra milagrosa del ombú de Méndez Núñez. Parecía una de esas fotos que los criminales envían a la familia de los secuestrados para demostrar que la víctima está viva y, aprovechando el sobre y los sellos, pedir el rescate millonario. A doña Emilia, para completar esa estampa de su cautiverio forzoso en A Grela, solo le faltaba tener en las manos el periódico del día.

Encerrar a la condesa en un polígono y cambiar la original de 1916 por una Pardo Bazán falsificada fue una bochornosa rendición de aquel Ayuntamiento ante los bárbaros del botellón, a los que se les envió el mensaje letal de «vosotros, a lo vuestro, que ya escondemos las cosas de romper para que nadie se lastime».

Agacharse ante los vándalos, los matones, los macarras y los camorristas nunca es una buena idea, porque normalmente el huno se viene arriba, en plan Atila, y luego para amansarlo hay que sudar sangre (o tinta, que casi es lo mismo). Y esconder la ciudad buena en una vitrina y poner en su sitio una Coruña de pega para que los mononeuronales le meen encima tampoco parece la estrategia más astuta.