«El programa de fiestas está redactado con las extremidades inferiores»

marta valiña A CORUÑA / LA VOZ

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Imagen de las fiestas de María Pita de 1960. Entonces, como en 1885 y a lo largo del siglo XIX, no faltaba el desfile de gigantes y cabezudos
Imagen de las fiestas de María Pita de 1960. Entonces, como en 1885 y a lo largo del siglo XIX, no faltaba el desfile de gigantes y cabezudos ALBERTO MARTI VILLARDEFRANCOS

«Es de lo más vergonzoso que se ha podido inventar», decía La Voz de Galicia del cartel de los festejos de María Pita publicado en 1885

26 jul 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

«El grupo municipal Popular de A Coruña se pregunta si realmente el gran atractivo de las fiestas de María Pita será el factor sorpresa, ya que a diez días del supuesto comienzo del programa apenas se conoce ningún detalle sobre su programa: si habrá actuaciones musicales más allá del Noroeste pop-rock, ni si se recuperarán las fiestas en todos los barrios de la ciudad». Así de contundente se mostraba la portavoz del PP, Rosa Gallego, el pasado día 20, criticando que se hubiese cancelado el Riazor Live «bajo el pretexto de las restricciones por el covid-19, pero al mismo tiempo se está instalando un escenario cuya función sigue siendo un misterio».

El misterio al que aludía el PP lo resolvió la alcaldesa, Inés Rey, solo dos días después, cuando presentó el programa de las fiestas de agosto. Un cartel oficial con Fangoria, Miguel Ríos, Carlos Núñez, Miriam Rodríguez y otra serie artistas y actividades que tendrán lugar entre el 31 de julio y el 22 de agosto. Un programa adaptado a la pandemia y comprometido con «el talento local y en femenino».

¿Suficiente para acallar las críticas? Probablemente no. Porque si algo ha quedado claro a lo largo de la historia de A Coruña es que en lo que a las fiestas de María Pita se refiere, nunca llueve a gusto de todos. Y a algunos, en ocasiones, les cae un chaparrón.

Fue lo que le ocurrió, en 1885 al entonces alcalde, Alejandro Brandao Piñeiro (abuelo materno del después también regidor Alfonso Molina), al que le llovieron las críticas por el programa de fiestas que el Ayuntamiento de A Coruña preparó para el mes de julio de ese año.

«Ayer se repartió por las calles el programa de los festejos que el ayuntamiento ha dispuesto para las próximas fiestas de María Pita». Así arrancaba el 16 de junio de 1885 una pequeña crónica de La Voz de Galicia, dentro de la sección De Sol a Sol, en la que se daba cuenta de lo que se iba a vivir en la ciudad. Empezaba bien el texto, pero lo cierto es que los siguientes párrafos estaban repletos de críticas, indirectas y muy directas. «No queremos servir de escarnio en otras localidades y por eso dejamos de insertar el programa que es de lo más vergonzoso que se ha podido inventar», dice la noticia. Sin paños calientes. «Gaitas del país, cabezudos y cohetes, he ahí todo lo que a la comisión de festejos se le ha ocurrido para atraer a los forasteros para festejar el hecho más glorioso de la historia local, según se dice en aquel programa que, para colmo de desdichas, está redactado con las extremidades inferiores». No contento con el zasca, el redactor concluye: «¡Si a lo menos los que llevan la batuta en la comisión de festejos saliesen acompañando a los cabezudos la cosa sería algo más distraída! Y serviría de justo castigo a la inutilidad de aquellos individuos». Pura literatura del siglo XIX.

Tan poco gustó el programa de fiestas de aquel año, que apenas hay más referencias periodísticas en La Voz a lo largo del mes siguiente. El 4 de julio, por ejemplo, se habla escuetamente de una misa de campaña en Méndez Núñez «en obsequio de la heroína María Pita, que ha sido dispuesta por el señor conde de las Quemadas». Además, señala, ese día habría gigantes y cabezudos, la tercera corrida de toros de las fiestas, «y al oscurecer volverá a lucir en Méndez Núñez la brillante iluminación. De nueve a once infinidad de voladores de variadas y caprichosas formas se elevarán al espacio, ejecutándose entre tanto por una banda de música escogidas piezas».

Y nada más hasta casi el final de ese 1885, cuando la lluvia de zascas regresan a las páginas de La Voz de Galicia. En este caso en la crónica en la que se narra el pleno en el que se aprobaron las cuentas de las fiestas. «La cuantía de los festejos (!) celebrados esta capital durante las últimas fiestas de María Pita, asciende a 11.775 pesetas», dice la noticia. Y como en las sesiones plenarias de este siglo XXI, en el XIX tampoco faltaba el debate: «La aprobación de esta cuenta dio lugar a un incidente entre los señores Pan, Berea y Quiroga, por oponerse el segundo de dichos señores a que se incluyese una partida de trescientas y pico pesetas para gratificaciones a los cabos de municipales por los servicios que prestan en las citadas fiestas».

Sigue contando la crónica que, el señor Pan, presidente de la comisión de fiestas, «tartamudeando y como Dios le dio a entender, contestó diciendo que se había incluido aquella partida porque era como una herencia de las comisiones anteriores. Quería decir el señor Pan que las comisiones de festejos que habían precedido a la actual, habían incluido esa partida en la cuenta, pero como no encontró buen medio de expresarlo salió por las de Pavía hablando de su honra y de su dignidad, ambas cosas que nadie había puesto en duda».

Quedaba claro a finales de 1885 que no habían gustado las fiestas, ni lo que habían costado, ni tampoco las explicaciones respecto a esos gastos. «Para cuanto sea gastar están prontos los de la mayoría a dar sus votos», concluía la crónica. Poco ha cambiado el debate desde entonces.