Alejandra Pais: «Hasta que vuelvan las verbenas sigo de camarera»

Cantante desde los 19 años en orquestas y en solitario, después del confinamiento se incorporó al negocio familiar de la calle de la Torre a la espera de tiempos mejores para su profesión

Alejandra Pais, cantante de orquestas y camarera del bar Olímpico de A Coruña
Alejandra Pais, cantante de orquestas y camarera del bar Olímpico de A Coruña

Lo mismo graba una canción que sirve un café. Y todo lo hace con entusiasmo. Desde los 19 años hasta ahora no se bajó de los escenarios. Siempre tuvo trabajo como cantante. «Nunca cobré el paro. Estuve en orquestas como New York, Ceniza o Fania Blanco Show, que es en la que estaba cuando empezó el confinamiento. También en dúos y actué como solista. Pero todo se paró», comenta Alejandra Pais Bugallo. Fue entonces cuando habló con Carmen, su madre, y le pidió si podía trabajar en el negocio familiar, el mítico bar Olímpico de la calle de la Torre. «Le estoy muy agradecida porque necesitaba el trabajo. La gente es muy maja. Me gusta hablar con las personas mayores y oír las historias que cuentan. El otro día, a los de una mesa de la terraza les canté Y sin embargo te quiero y me dejaron 9 euros de propina. Hasta que vuelvan las verbenas, sigo de camarera. Por los horarios será difícil, pero me gustaría poder compaginarlo con el bar», asegura esta coruñesa que nunca cambió de barrio. 

Un bar con historia

En la mesa de al lado, cuatro personas juegan una partida de dominó. Después de tanto tiempo con la hostelería cerrada, el sonido de las fichas sobre el mármol parece música celestial. Uno de los jugadores es Juan, el padre de Alejandra, Ale, o Álex, como también le llaman. Se hicieron cargo del negocio cuando ella aún no había nacido, en 1980. «Ya se llamaba Olímpico. Tiene mucha historia porque se fundó en 1936 y uno de los clientes era Luis Suárez. También pasaron otros nombres conocidos del fútbol, como Beci o Manolete», recuerda Juan, que comparte un rato de la charla con su hija. «Vivo aquí al lado, en San Vicente de Paúl. Cuando estaba de un lado a otro con las orquestas pensé en alquilar un apartamento en otro sitio porque eran continuos los viajes, pero no cambié. Siempre en el barrio. Estudié en el Curros Enríquez (señala con el dedo) y en el instituto Zalaeta. Después hice un ciclo medio en la academia Cervantes», relata. También estudió canto clásico y lírico en la Escuela Municipal de Música (en la zona) y más tarde jazz y música moderna con José Antonio Acuña. «Mi primer recuerdo musical es con el coro del colegio, que dirigía Pablo Carballido. Nos sacó a otro y a mí de solistas y mi madre alucinó», apunta esta cantante de la calle de la Torre de 36 años, novio y tres perros. «Mi pareja se llama Boris y lo conocí en la orquesta New York. Tiene una escuela de baile», confiesa. 

De Bruno Mars a Serrat

Alejandra ganó la primera edición del concurso La liga de los cantantes de TVG. Grabó en Miami con Luis Papo Márquez, ganador de un Grammy latino, participó en otros programas musicales de televisión y sigue grabando temas. El último, O teu amor, compuesto por Samuel Bugía. «El vídeo lo grabamos en la biblioteca de la Casa Consulado. Es una maravilla. Con la música siempre ando argallando. Nunca me imagino sin cantar y me gustaría algún día, cuando se pueda, hacer algún acústico en el bar». Dice que, cuando era pequeña, en su casa se escuchaba Boney M, Serrat, Paloma San Basilio o los Beatles. «Me gustan Dulce Pontes, Beyoncé, Marta Sánchez, con la que estuve en La batalla de los coros, o Bruno Mars... Canto en la ducha y mi madre siempre me dice que haga versiones de canciones de Camilo Sesto. Ah, también me gusta Luis Miguel», relata. Se confiesa poco puntual, dormilona y apasionada del sushi y de la carne. Me cuenta que la del asador La Cabaña, también en la calle de la Torre, está muy buena. Otro vicio confesable es que juega al Fortnite cuando llega a casa después de una dura jornada en el bar. Es un encanto. «Creo que soy buena persona. Soy como me gusta que la gente sea conmigo. Siempre estoy de buen humor porque cuando estoy enfadada lo paso fatal y me duele la cabeza», reconoce esta cantante, que estos meses no tiene más remedio que trabajar en el bar familiar hasta que vuelvan las actuaciones, las bodas y las verbenas. Pero a Alejandra se la ve feliz. «Disfruto cantando un pasodoble o un tema de AC/DC». O sirviendo un café.

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