«No hicimos nada mal en la vida como para tener que ir a pedir comida a los 60 años»

Una mujer cuenta cómo fue el camino que le llevó a acudir a entidades benéficas


a coruña / la voz

El hambre hace cola y los que están delante cada día tienen más gente atrás. Los que estaban bien, no lo están tanto, y los que estaban mal, están mucho peor. La pandemia apretó a todos el bolsillo. Pero a unos más que a otros. Gente que jamás ha tenido que pedir nada a nadie, que hasta ahora siempre trabajó, que sacó adelante a sus hijos, que viajaron a Sevilla en la Expo y que los sábados cenaban con amigos en restaurantes de alto copete se vieron ahora, de un día para otro, con la vida mirando a la pared. «Nos costaba llegar a fin de mes, pero nunca nos faltó comida en la nevera ni 30 euros para que nuestro hijo saliera con la novia. Ahora empezamos el mes y ya no tenemos nada. Pagamos el alquiler y los recibos y nos quedamos sin un céntimo». Lo dice Lucía, una mujer de 60 años, vecina de la Sagrada Familia, ama de casa y con su marido en paro desde hace 8 años. No tienen «ni para una barra de pan».

A esta mujer, en agosto del año pasado, cuando su hijo se quedó en paro y no le pudo seguir ayudando, le llegó ese día en el que por primera vez tuvo que hacer cola para comer. Cuenta que al principio no le dijo nada a su hijo, «nos daba vergüenza y no queríamos que se preocupara, que ya bastante tenía él con lo suyo. Pero se enteró por la madre de un amigo, que me veía todos los días a las puertas de la oenegé Fonte de Vida. Vino a casa y nos pusimos a llorar los tres». Lucía hubiese preferido «estar un mes sin llevar alimento alguno a la boca antes de que mi hijo descubriera nuestra situación».

Al problema económico se une la angustia. La depresión. El no entender por qué la mala vida les esperaba a los 60. «Nunca hicimos nada mal como para tener que ir a pedir comida. Mi marido tenía una pequeña empresa de reformas y en el 2014 la tuvo que cerrar, con unas deudas que aún hoy seguimos pagando. A nuestra edad, cuando ya deberíamos estar tranquiliños y disfrutar, es cuando peor lo pasamos», dice.

Su esposo cotizó «muy poco. Terminó el paro y ahora estamos con una ayuda». Ella siempre fue ama de casa. Por tanto, los ingresos son mínimos. Si no fuera por las entidades benéficas, «ya no sé qué sería de nosotros».

Jamás pensó verse en esta situación. Aunque ella lo lleva mejor que su esposo, que «hay temporadas que se viene abajo y no es capaz de salir a la calle. Tengo miedo de que caiga en una depresión». El hombre trabajó toda la vida y ahora, con 58 años y sin posibilidad de que nadie le dé un trabajo, «solo espera que le paguen la pensión, que será poca, pero nos dará para no tener que volver a pedir».

No recuerda la última vez que se compró una prenda de ropa. La que tiene lleva con ella «casi diez años». Tampoco volvió a ir a una peluquería. Y los libros -siempre le gustó leer- los busca en una biblioteca cuando antes los adquiría en una librería. Eso tan al alcance de cualquiera como ir a tomar un café con su esposo, también ha dejado de hacerlo. «El año pasado teníamos tres euros en el bolsillo y bajamos al centro a dar un paseo. Hacía buen día y nos apeteció tomar algo en una terraza. Mi marido le preguntó antes al camarero cuánto costaba un café pequeño. Algo vio en nosotros que nos respondió que invitaba él», recuerda. Muy agradecida por la bondad y humanidad de aquel chico, pero a la vez entristecida, «porque el que nunca tuvo que pedir le duele mucho verse en una situación así».

Ayer, Lucía y su marido comieron pizza y una ensalada. Tienen leche y huevos para varios días y no les falta fruta y carne picada.

Las empresas se vuelcan «cada vez más» con las oenegés

Fonte da Vida es una oenegé coruñesa que tiene su sede en la Sagrada Familia. Abre todos los días, excepto el domingo. Y este sábado repartió 117 menús a las familias necesitadas. Esa comida llega de varios sitios. Sobre todo, del banco de alimentos. Pero también de otras empresas que donan a diario todo tipo de productos.

Pablo Alves es el presidente de esta entidad y, aparte de lo que le envían del banco de alimentos, acude a primera hora de la mañana con un camión al mercado de frutas. Allí, todas las empresas siempre tienen algo que darle. Ya sean grelos, cajas de fresas, patatas, melones...

También van a Sanbrandán, Cambalache, Danone, Coren, Pizza Systen, o congelados Alaska. Aparte de las donaciones que reciben de particulares. Entre todos, llenan las bolsas que se entregan con productos frescos y que contienen los nutrientes necesarios.

Para que nadie en la ciudad se acueste con hambre, el banco de alimentos también recibe a diario donaciones de múltiples empresas. De alimentación o de cualquier otro sector a través de cheques. Ahí está, por ejemplo, Gadis, una de las firmas que más está aportando a las entidades benéficas. O Eroski, que firmó un convenio a través del cual los clientes que lo deseen pueden ofrecer un donativo. Cada vez que alguien aporte una suma, la cadena alimenticia la iguala.

La Cocina Económica, Cáritas o Renacer, que también se vieron en un mes desbordados debido al fuerte incremento de usuarios, cuentan asimismo con numerosos donantes. Y quieren agradecer el esfuerzo de marcas como Coren, Pascual, Mercadona, Carrefour, Da Cunha, Debén, Finca Montesqueiro... Pero también de particulares. La lista es larguísima. Y no paran de sumarse más marcas.

Además, no solo se reciben alimentos por esa vía. Cuando la Guardia Civil, por ejemplo, decomisa pescado o marisco que se encuentra en buen estado, lo entrega a la Cocina Económica, que en estos momentos, debido a la pandemia, tiene cerrado su comedor y entrega los menús en la puerta de la sede.

Las colas del hambre en A Coruña son un 220 % más largas

alberto mahía

El Servicio de Atención Inmediata pasó a atender a 2.496 personas en el último año, mientras que las entidades benéficas triplicaron en algunos casos el número de usuarios

Personas que hace un año tenían trabajo, pagaban religiosamente sus recibos, salían a cenar los fines de semana, viajaban de vez en cuando y a sus hijos no les faltaba de nada hoy hacen cola para poder llevar un plato a la mesa. Acuden a Cáritas para una ayuda del alquiler, a la Cocina Económica para comer, a Servicios Sociais para que le tramiten una ayuda económica, a la Cruz Roja para solicitar la tarjeta monedero, a Padre Rubinos en busca de un techo bajo el que dormir, a Renacer para que lo orienten en la búsqueda de empleo... Tremendo lo de estos coruñeses que, sin culpa ninguna, se vieron en el pozo de un día para otro. Son los golpeados por la crisis que provocó la pandemia. Son los que dibujan el perfil de los nuevos usuarios de las entidades benéficas o de los receptores de ayudas municipales. Son los que jamás se imaginaron que iban a pasar por esas.

Seguir leyendo

Conoce nuestra newsletter con toda la actualidad de A Coruña

Hemos creado para ti una selección de noticias de la ciudad y su área metropolitana para que las recibas en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
19 votos
Comentarios

«No hicimos nada mal en la vida como para tener que ir a pedir comida a los 60 años»