Los vecinos de Labañou, en A Coruña, no quieren volver a ver sangre en sus calles

En la última semana se produjeron dos reyertas con cuchillos y botellas


a coruña / la voz

A las diez de la noche, cuando los ciudadanos han de estar en casa, en las pistas deportivas de Labañou, junto al centro de salud, había este jueves alrededor de 15 jóvenes en diferentes grupos. Sin pinta alguna de cumplir el toque de queda. Unos jugaban al baloncesto, otros se tomaban una cerveza en una de las mesas del jardín y otros charlaban de sus cosas. Tranquilos. Como si nada hubiese ocurrido dos horas antes pese a que lo que ocurrió fue muy gordo. Como si una pelea con cuchillos y machetes que acabó con tres personas heridas de pronóstico reservado fuese algo tan habitual como comer el caldo con cuchara. Y eso que uno de los que allí estaban tenía las zapatillas deportivas llenas de sangre.

Con gran serenidad, el chico, de nacionalidad marroquí, contó al periodista lo que había pasado: «Estábamos sentados cuando aparecieron varios de mi país. Me preguntaron qué estaba haciendo con españoles y nos dijeron que les entregásemos todo lo que lleváramos encima. Yo le di una patada a uno y comenzaron a aparecer cuchillos». Hecho el relato, pidió un cigarro y continuó la tertulia con sus amigos como si nada. Dos de ellos habían sido expulsados minutos antes de la residencia Padre Rubinos por encontrarse en estado ebrio. El resto, chicos y chicas del barrio de toda la vida.

Mientras, en la pista de baloncesto apuraban 4 jóvenes un partido. No habían visto nada. Solo la sangre que había por todas partes. Estos habían sido testigos «hace tres o cuatro días» de otra reyerta en la que sus protagonistas habían peleado con botellas de cristal. 

Toque de queda

Así transcurren las noches en los alrededores de las pistas de Labañou, donde el toque de queda significa quedarse en la calle. Y los vecinos están cansados y con miedo. «Llevábamos una temporada tranquila y ahora están viniendo por aquí un grupo de chavales que solo quieren pelea», cuenta el propietario de un bar cercano. Algunos residentes dicen que okuparon una casa en San Pedro de Visma después de que los echaron de otros barrios y «la vienen a montar aquí».

Tres de ellos están hoy curándose de las heridas en el hospital. Dos de ellos están en cirugía torácica por lesiones de arma blanca en el tórax y uno en cirugía plástica por heridas en diversas partes del cuerpo. Su sangre todavía se podía ver entre las pistas deportivas y la ronda de Outeiro, hacia donde escaparon cuando escucharon las sirenas de la policía.

«No es que las peleas sean habituales en la zona, pero sí las discusiones. A cualquier hora. Aquí se juntan algunos usuarios del albergue que fueron expulsados por mal comportamiento o por estar bebidos o drogados, con estos grupos de personas extranjeras», cuenta un vecino.

Desde la asociación de vecinos se pide una mayor presencia policial. Denuncian que es habitual ver a gente toda la noche por las pistas. Algunos escondidos entre bancos, «bebiendo sin parar, armando jaleo», precisa Antonio Pui.

La gente que reside en la zona dirige la mirada hacia ese grupo de jóvenes okupas que fueron expulsados de otros lugares.

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