Coruñesas en lucha por la igualdad de oportunidades

Tras décadas de reivindicaciones y cambios sociales, las mujeres despuntan o han consolidado ya su presencia en sectores tradicionalmente masculinos


A Coruña

Empoderamiento de la mujer. ¿Realidad o ficción? Hemos reunido a coruñesas de diferentes sectores laborales, sociales y económicos para saber su opinión al respecto, que relaten su experiencia vital y sus vivencias en sectores tradicionalmente copados por hombres. Todas coinciden en que se ha avanzado en la equiparación de derechos y oportunidades entre ambos sexos, «pero queda mucho, mucho camino por andar para lograr la igualdad total». «No es que hombres y mujeres seamos iguales, porque obviamente somos diferentes, sino que tengamos igualdad de oportunidades». Quien habla es Isabel Russo, directora del IES Eusebio da Guarda durante 13 años y presidenta de la Asociación de Directores de Centros Públicos de Galicia. Advierte de que «no hay que bajar la guardia» y, aunque la mayoría de los jóvenes rechazan actitudes discriminatorias, escuchan mensajes confusos y se dan actitudes «que parecen un regreso a la prehistoria, aunque sean casos anecdóticos».

 «Sí, avanzamos mucho. Pero ¡ojo!, no hemos llegado a la igualdad. Los salarios no están equiparados a los de los hombres, especialmente en empresas pequeñas, a pesar de que ellas tengan incluso mejor formación y experiencia». Begoña López es la segunda presidenta en los 46 años de historia de la Asociación de Empresarios Agrela y ella, que se ha movido en un sector empresarial «muy machista», tuvo que reivindicarse, demostrar que podía manejar máquinas y hasta un martillo picador para hacerse valer ante sus compañeros y su propia familia, que fundó Talleres Hércules de Maquinaria. «Hay mucho por hacer para conseguir la igualdad de oportunidades. No existe. Y si existe, es minoritaria».

 Esa lucha la conoce muy bien Elvira Alonso, cigarrera desde los 18 años en la antigua Fábrica de Tabacos y la última presidenta del comité de los trabajadores antes de que cerrase la factoría en diciembre del 2002. «Mi abuela ya era cigarrera y, antes de que se introdujese la nueva maquinaria, prácticamente todos de los 1.800 trabajadores éramos mujeres. Venían andando desde Pastoriza, desde Alvedro para comenzar la jornada a las ocho de la mañana. Las mujeres se llevaban un sueldo para casa, que no era exagerado, pero con mucho sacrificio». Explica que en los 60 llegaron nuevas generaciones y los turnos horarios. «Luchamos mucho por nuestros derechos. Con 77 años todavía sigo afiliada a la UGT porque creo que los obreros tenemos que estar unidos». Dice que está preocupada por la tasa de desempleo en la ciudad y los puestos precarios que se ofrecen a los jóvenes. Algo que comparte Rosa Seijo, mariscadora en la ría de O Burgo a punto de cumplir los 65 años. «Aínda que agora hai menos, sempre houbo máis mariscadores mulleres que homes. Levamos un ano sen traballar polo covid-19 e estou tola por volver traballar. Non cambio este traballo por nada. É moi escravo, pero encántame a liberdade que teño». Rosa confirma que, en su época, las oportunidades laborales para las mujeres no eran las mismas que tenían los hombres, aunque, ahora el abanico es más amplio. Eso sí, el techo de cristal sigue presente.

 Feli Alimentación Selecta es una empresa que se fundó hace más de 40 años en la avenida de Oza. Liderada por Felisa Fondo Blanco, el negocio se mantiene gracias a su «carácter luchador y trabajador». «Tengo 63 años, me casé con 17 y a los 18 me saqué el carné de conducir. Hoy en día llevo la tienda y también la empresa de Sadepor desde que falleció mi marido hace cinco años. Y aunque llevo 50 años en el sector de la carne, he tenido que sacar carácter para que me tengan en cuenta. Y yo no voy a ceder. Las mujeres tenemos mucho que decir y llegaremos a ser presidentas del Gobierno, porque gestionamos mucho mejor, a pesar de que nos lo ponen difícil». Feli lanza un mensaje para que las mujeres «nos apoyemos las unas a las otras» y seguir avanzando en el empoderamiento femenino.

 Otro ejemplo de superación personal y de éxito es Irene Blanco. Coruñesa de 27 años, se marchó a Madrid con tan solo 12 años para iniciar su carrera deportiva en halterofilia. Entre sus muchos títulos, es tercera de Europa en categoría de 63 kilos. «Aunque parezca lo contrario, la halterofilia es un deporte igualitario, especialmente desde que se incluyó como especialidad en los juegos olímpicos del 2000». Dice que cada día hay más mujeres en el deporte, que ya tienen otra idea de lo que es un gimnasio y que tienen más información sobre los beneficios de la práctica deportiva. «Ya no es por estar fuertes o tener un físico determinado, sino por salud».

Marta Vilanova es teniente jefe del Seprona en la provincia de A Coruña. Nació en 1974 y se crió en París hasta los 12 años, cuando sus padres regresaron a Galicia. De pequeña, cuenta, quería ser veterinaria, pero cada vez que había un desfile de las Fuerzas Armadas «ahí estaba yo». Recuerda el día en que su madre la llamó para ver el telediario, en 1988, anunciando que las mujeres ya podían ser guardias civiles. «Me di la vuelta y le dije a mi madre: Ya no quiero ser veterinaria». Explica que cumplió todos los objetivos que se marcó, con mucho sacrificio. Ahora, con dos hijos pequeños, en su balanza pesa más la familia, pero en ningún momento se ha visto condicionada para hacer esa elección. «Esta es una carrera profesional con plazos muy largos, con una movilidad geográfica constante y multitud de especialidades. Y yo he tenido la suerte de poder venir a A Coruña. Pero porque lo he decidido yo, sin cortapisas». Recuerda que a su padre le decían: «¡Hombre! Dos hijas y las dos eligieron profesiones de hombres...» Porque la hermana de Marta es coordinadora de Salvamento Marítimo en A Coruña. «Pero eso hoy en día ni se piensa ni se dice», añade. Afirma que en la Guardia Civil los hombres son mayoría, pero las cosas han cambiado y, como ejemplo, destaca que la maternidad o paternidad ya no es un hándicap para los puestos de libre designación. «Antes sí marcaba mucho el acceso a determinados puestos, pero ahora las bajas por el nacimiento de un hijo pueden ser indistintas», explica.

 Si hay un ámbito con presencia mayoritaria femenina ese es el sanitario. Rocío Seijo, supervisora de hematología del Chuac, investigadora y madre de dos hijos, asegura que en los hospitales coruñeses hay una prevalencia femenina. «Al menos esa es mi percepción», aclara. Dice que a lo largo de su carrera no se ha encontrado con cortapisas por ser mujer y que ha podido compaginar su labor asistencial como enfermera con la de investigadora. De hecho, está elaborando un estudio sobre covid-19 y la práctica de deporte federado. Los datos preliminares apuntan a que la probabilidad de contagio es mínima cumpliendo las normas de prevención y hace un llamamiento para que los niños sigan practicando deporte: «Os nenos deberían seguir relacionándose e facendo deporte, é fundamental para eles». La recogida de datos para el estudio finalizará en mayo.

 También la jefa del servicio de oncología del Chuac, Charo García Campelo, destaca que el ámbito sanitario es mayoritariamente femenino, aunque matiza que las mujeres ocupan más puestos intermedios que de responsabilidad. Aunque ella nunca se encontró con cortapisas para avanzar en su carrera laboral reconoce que sigue habiendo barreras «en el balance de la vida laboral y de la personal. Necesitamos más mujeres en foros de decisión, porque estamos perdiendo talentos». Dice que es necesario que las jóvenes tengan referentes, exigir talento y excelencia desde la igualdad de oportunidades, pero los cambios sociales ya se ven en las facultades. Destaca, por ejemplo, que en el 2020 el Chuac recibió 98 residentes nuevos, de los que 63 eran mujeres. «Y yo creo que este cambio de tendencia ya se está viendo en todos los estamentos de la sociedad».

 María Piñeiro y Rebeca Vilanova controlan la entrada de buques al puerto de A Coruña. Las dos estudiaron náutica y, ahora, en tierra, creen que su trabajo está equiparado al de cualquier hombre. Sin embargo, la experiencia a bordo, sobre todo en los inicios, fue muy diferente. María recuerda que había capitanes que pedían expresamente no tener mujeres en el barco y otros que lo asumían con más o menos normalidad. Ella explica que siempre se esforzó por hacer mejor su trabajo, «precisamente para que se diese cuenta ese hombre de que tenía un pensamiento equivocado». Dice que, si volviese atrás, estudiaría lo mismo y que la vida a bordo es dura para hombres y mujeres: «Porque pasas largos períodos en espacios reducidos tanto para el ocio como para el trabajo».

 Natalia Barreiro es directora de la Refinería Repsol A Coruña y destaca que está gestionada mayoritariamente por mujeres y que la incorporación femenina ha sido exponencial. Apuesta por seguir aplicando con rigor las medidas de igualdad, aprovechar todo el talento disponible en el mercado y fomentar el liderazgo femenino. «Pero aún queda camino», reivindica.

«No soy jefa, soy jefe de obra»

El tema de la feminización de los cargos es algo que a Ana Santiso, María Hermo y Sabela Pérez le trae sin cuidado. Saben que eso genera cierta polémica y que es una reivindicación que realizan algunos colectivos para ponderar el trabajo de las mujeres. «¿Pero qué más da? Yo no soy jefa, soy jefe de obra, independientemente de mi género. El puesto se llama así, entonces no lo convirtamos en un micromachismo», dice Ana Santiso. Las tres trabajan en la empresa de construcción Desarrolla y reconocen que en esta empresa no se han topado con ningún techo de cristal. «Depende de la empresa donde trabajes sí te puedes encontrar con cierta discriminación por ser mujer, un trato diferenciador que primaba más la elección de profesionales hombres, sobre todo para tareas de campo», dice María, arquitecta y responsable de compras. Ella explica que se siente privilegiada porque tiene las mismas condiciones salariales y laborales que sus compañeros varones, aunque conoce casos de compañeras muy capacitadas en otras empresas que no evolucionan de una forma igualitaria a la de los hombres. Ana Santiso, que todos los días se pone el casco y las botas de seguridad para pisar la obra, confirma que la construcción sigue siendo un mundo de hombres: «En todos estos años nunca me encontré con una mujer encargado de obra, capataz y solo una albañil, aunque cada vez hay más peones y oficiales tan válidas como el que más». Dice que su trabajo es duro, absorbente y con muchas horas entre máquinas y excavadoras. «Y sí, yo creo que hay que tener un carácter fuerte para un puesto como el mío. Lamentablemente, hay que dar algún que otro puñetazo en la mesa, pero no recuerdo ninguna falta de respeto». Sabela es técnico de estudios en Desarrolla y se encarga de realizar presupuestos, hablar con proveedores y clientes. Ella sí se encontró en situaciones comprometidas con algún proveedor que la desautorizó e, incluso, «me hizo llorar». Eran sus inicios pero, desde entonces, ha aprendido mucho: «Creo que los clientes tienen ahora más complicidad conmigo por ser mujer, porque somos más detallistas preparando los presupuestos y eso te lo agradecen».

Mónica Pérez Méndez es una de las cuatro mujeres en la plantilla de buseros de la Compañía de Tranvías de La Coruña. A ella, no le gusta esta palabra, porque mucha gente la utiliza de forma despectiva: «Yo soy conductor, no conductora de autobús», aclara. Y aunque lleva 11 años alternando líneas por toda la ciudad, todavía hay gente que se sorprende al verla ante el volante. «Las mujeres me felicitan y los hombres a veces ponen en duda tu valía con comentarios como “¿Iremos seguros, no?” Pero lo que más me sorprende es que niños pequeños le dicen a sus madres: “Mira, mamá. Una mujer conduciendo”. Yo sé que con el tiempo habrá cosas que se normalicen, como ver ahora a un hombre de cajero en el Gadis. El caso es que yo llevo conduciendo 20 años autobuses, no solo en transporte público, sino también de servicio discrecional».

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