Un tren del que dependen la economía y el futuro urbano de A Coruña

X. G. A CORUÑA

A CORUÑA

CESAR QUIAN

Sin el ferrocarril a Langosteira, el puerto coruñés perderá competitividad

20 feb 2021 . Actualizado a las 08:29 h.

«No se concibe un puerto sin ferrocarril» dijo en el 2019 Isabel Pardo de Vera, presidenta del ADIF, que el próximo martes estará en A Coruña para hablar, entre otros temas, del tren a punta Langosteira. 

Un puerto sin tren también es inconcebible para el conjunto del Gobierno y la Unión Europea, que en sus últimas convocatorias de fondos insiste en la necesidad de primar el transporte ferroviario, más sostenible y económico a largo plazo que otras opciones.

Pero un puerto sin tren tampoco lo conciben las empresas. A Coruña y su entorno se juegan su futuro económico con el enlace ferroviario de Langosteira. Sin esa infraestructura el puerto coruñés perderá competitividad y las nuevas compañías optarán por otras dársenas antes que instalarse aquí. Las que se queden harán frente a tarifas de transporte más altas, que minarán su competitividad. En algunos casos, tendrán además que operar desde varios muelles a la vez -el exterior y los interiores-, lo que también lastrará su capacidad de inversión y creación de empleo.

Sin tren a Langosteira el propio Estado se arriesga a no rentabilizar jamás la enorme inversión que hizo en la construcción del puerto exterior, ante la imposibilidad de recuperar los préstamos que hizo, y pone en riesgo la inversión privada que ya está en marcha en la dársena. Son más de mil millones de euros en total.

A Coruña, han insistido en las últimas semanas la alcaldesa, Inés Rey, y el presidente del Puerto, Martín Fernández Prado, siempre ha crecido a la par que sus dársenas. Hoy vuelve a ser así. La entrada en funcionamiento de Langosteira permitirá la liberación de los muelles interiores de la ciudad. La de Batería y Calvo Sotelo ya es una realidad. Sus 88.393 metros cuadrados volverán a abrir al público de aquí al 2022. Pero su desarrollo futuro está lastrado por la deuda de la construcción de Langosteira, que será un obstáculo mucho mayor sin el enlace ferroviario.

Aún más comprometida es la situación de San Diego. Sobre sus casi 395.000 metros cuadrados, una superficie equivalente a la Sagrada Familia y el Agra del Orzán, debe edificarse la ciudad del futuro. Su liberación avanza con una millonaria inversión de Repsol para trasladar sus actividades petrolíferas a Langosteira.

Pero ese esfuerzo quedará en nada sin el enlace ferroviario. En San Diego operan otras empresas que necesitan el tren para funcionar, y no podrán moverse a Langosteira mientras no cuente con ese servicio. Así, mientras el Gobierno central no tome medidas para corregir lo que a sus propios ojos es inconcebible, A Coruña queda parada en el tiempo, incapaz de aprovechar los terrenos que abren la puerta a su desarrollo urbano. Mientras, su futuro económico queda en entredicho y el Estado echa tierra sobre las millonarias inversiones que hizo en Langosteira para evitar nuevas catástrofes ecológicas y crear un nuevo polo de riqueza, cada vez más necesario en una zona que el mismo Estado está desindustrializando por decreto.

PUERTO EXTERIOR DE PUNTA LANGOSTEIRA

Lo que A Coruña pierde sin el tren al puerto

Xosé Gago

Los muelles del puerto interior, Batería, Calvo Sotelo y San Diego, con sus 483.145 metros cuadrados, son desde principios de siglo la tierra prometida para A Coruña. Sobre ellos debe levantarse el proyecto de la ciudad en el siglo XXI. Así lo ha propuesto, entre otros expertos, el urbanista Joan Busquets, que en el 2004 firmó el proyecto más conocido para la nueva fachada marítima.

Pero el futuro de A Coruña está hipotecado. Pese al deseo del Puerto y de las empresas que operan en sus instalaciones de trasladar su actividad al puerto exterior de punta Langosteira, en el que se ha invertido un ingente esfuerzo material y económico -más de mil millones entre la Administración y el sector privado-, la mudanza no se puede completar porque Langosteira carece de un enlace ferroviario imprescindible para mantener las actividades portuarias. 

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