Una veintena de indigentes duermen a la intemperie a pesar del toque de queda

La policía les advierte de posibles sanciones, aunque sabe que no pueden pagarlas. Las entidades solidarias han tenido que reducir sus salidas de socorro por el covid

Un indigente durmiendo en la calle, en una imagen de archivo
Un indigente durmiendo en la calle, en una imagen de archivo

A Coruña

Una veintena de indigentes duermen a la intemperie en la ciudad a pesar del toque de queda a partir de las diez de la noche como medida de precaución contra los contagios por covid-19. A pesar de saltarse esta restricción, esta limitación, los agentes de policía no les pueden obligar a abandonar la calle «si no es con una orden judicial», indican desde el Ayuntamiento. La única medida que se puede adoptar es denunciar a estas personas «aunque somos conscientes de que no tienen recursos para sufragar la sanciones», subrayaron estas fuentes, pero «tenemos que hacer cumplir la ley».

Desde Asuntos Sociales son conscientes de que los problemas sociales y económicos de esta gente no le permiten descansar bajo un techo. Si bien, son muchos «los que renuncian a las ayudas que les ofrecemos», indican desde María Pita. Aun así, los técnicos municipales logran en alguna ocasión convencer a alguna de estas personas sintecho a que acudan a los albergues de la ciudad. Sin embargo, a los pocos días de estar en estos centros «se van, no se adaptan a estar con otras personas y prefieren estar en la calle», explican las mismas fuentes.

Desde la asociación social Boanoite aseguran que el número de sintecho en A Coruña «se redujo». Sobre todo «gracias a las medidas adoptadas por el Ayuntamiento creando el hostal y utilizando el espacio del polideportivo de Os Mallos para acogerlos», explicó Sara, una de las responsables de Boanoite. 

Sara también comentó que la crisis sanitaria derivada del covid-19 «nos obligó a modificar toda nuestra operativa para ayudar a estas personas». La pandemia perjudicó de tal forma a estas personas sintecho que desde casi el inicio de las restricciones «no podemos llevarles la comida que nosotros, todos voluntarios, cocinábamos». Boanoite adoptó esta medida por el riesgo de contagio que existe cuando se elaboran las comidas y las bebidas que les llevaban a estos necesitados: «No se sabe cuando adquieres el virus, y lo puedes tener y ser asintomático, y preparas las comidas y expandes el virus», explicó Sara.

Por ello, los voluntarios solamente les pueden ofrecer mascarillas y gel hidroalcohólico, aunque no hagan uso de ellos, que yo creo que sí, y, por supuesto, «sacos de dormir para que no pasen frío», indicó triste Sara. «Este invierno fue muy duro», subrayó.

La pandemia también obligó a rebajar los días de atención y ayuda a estas personas por parte de los voluntarios de esta asociación social y solidaria. «Solamente salimos una vez al mes», dijo Sara. Y lo hacen exclusivamente para evitar la transmisión del virus, «a ellos y a nosotros», subrayó la mujer.

Sara reconoce que esta veintena de sintecho están por casi todos los barrios de la ciudad. Per esta responsable de Boanoite señaló como zonas con más aglomeración de personas sin medios: «Cuatro Caminos y el centro». Y así es, en A Falperra se congregan hasta tres personas con dificultades y problemas para sobrevivir. Y lo mismo ocurre en la zona de la avenida de Finisterre con San Pablo, o en O Ventorrillo. El indigente, que deambula desnudo por la calle Torre, continúa en el mismo lugar, «a pesar de que fue trasladado varias veces a distintos albergues», dijeron desde el Ayuntamiento. Y desde María Pita recuerdan que la solución definitiva para este hombre, y de los vecinos de la zona, depende de una decisión de la Fiscalía, «y esta espera se extiende ya más de un año», dijeron.

Alguna de estas personas no solamente duermen a la intemperie, «sino que rebuscan en los contenedores, abren las bolsas de basura, las cambian de sitio y dejan todo esparcido, y este tipo de actuaciones es un foco de infección, no solo del covid, sino de otro tipo de enfermedades», contó una vecina de San Pablo. Y se queja de que no le puedes llamar la atención y ofrecerles ayuda, «porque algunos son muy agresivos», subrayó esta mujer.

«El dinero que pido me llega para comida y tabaco, pero no para pagar una habitación»

Uno de los últimos sin techo que se detectó fue José, un hombre de 40 años, que eligió como zona de descanso y de pasar la noche en el soportal del número 40 de la calle Real, en el bajo donde se ubica una reconocida churrería, cerrada de forma provisional.

El hombre dice ser de León, que no tiene familia y que lleva más de 20 años en A Coruña: «Trabajé muchos años de jardinero». El hombre asegura que intentó buscar refugio en algún albergue de la ciudad, «pero están todos ocupados, no hay plazas». Manifiesta que tiene dinero que recauda de pedir, pero solo le alcanza para comer y para tabaco «y no me llega para pagar una habitación o un piso», subrayó.

Varios vecinos no entienden esta situación en plena calle Real, «en la parte de atrás de la Subdelegación del Gobierno y frente a la Oficina de Extranjería, «y a escasos 200 metros del Ayuntamiento», subrayan.

Ya denunciaron la situación los propietarios del edificio, «y sabemos que está haciendo las gestiones necesarias para sacar al hombre de aquí y que sea de la forma menos traumática», explicaron.

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