Un premio de 4,7 millones, 200 reclamantes, una búsqueda polémica y un lotero investigado

El boleto de la primitiva apareció en un despacho coruñés en julio del 2012 y aún se desconoce quién la selló. Durante año y medio se mantuvo en secreto, luego el Ayuntamiento abrió un expediente para buscar al afortunado y, finalmente, el asunto terminó en las vías civil y penal


A Coruña

Aunque la primitiva tenía un premio de 4,7 millones en junio del 2012, ahora serían más de 6, pues hay que sumar los intereses acumulados durante los 8 años y medio que pasaron desde que el boleto fue sellado. Ese dineral que en estos momentos está en el aire solo puede ir a tres bolsillos. Al de la persona que adquirió el boleto, si es que logra probarlo; al del lotero, si no aparece el afortunado; y al del Estado, en caso de que no se encuentre al primero y el segundo sea condenado por un delito de estafa muy cualificada, que es por lo que está investigado.

En todo este tiempo ha pasado de todo y nada bueno. Hay miles de preguntas sin respuesta. Y muchas sospechas de que poco o nada se hizo para identificar al dueño del boleto millonario, según apunta la policía judicial. Lo único que se sabe es que el billete fue sellado en la administración de Carrefour de Alfonso Molina y a los seis días apareció en el despacho del mercado de San Agustín. Punto. El resto son conjeturas. Esta es la historia de la primitiva coruñesa que por el momento no hizo a nadie feliz:

La compra del boleto. El 26 de junio del 2012, en la administración de Carrefour. Una persona acudió en la mañana del 26 de junio de aquel año al despacho del centro comercial. Adquirió cuatro billetes de la primitiva de manera automática. El sorteo se celebró cuatro días después.

El hallazgo. El 2 de julio, el lotero de San Agustín dijo haber encontrado el billete «abandonado». Manuel Reija, dueño de la administración de San Agustín, contó que cuando se encontraba solo en el establecimiento vio abandonado un boleto en uno de los mostradores. Comprobó si tenía premio y descubrió que se trataba del único acertante del sorteo del 30 de junio.

Delegación de loterías. Al día siguiente, el lotero se presentó en la sede coruñesa de la ONLAE. El dueño del despacho de San Agustín acudió a la delegación de Loterías con el boleto, de la que su hermano y también investigado, Miguel Reija, es su máximo responsable.

«El ganador ya apareció». Según el dueño del despacho donde se selló la primitiva, el delegado de Loterías le dijo que ya había sido cobrado. «El 30 de julio, tras el sorteo, colocamos el cartel que decía que habíamos sellado la primitiva. Cuando pasaron unos días llamé al delegado de Loterías, Miguel Reija, y este me dijo que ya había sido cobrado y que me olvidara del asunto», según explicó el propietario de la administración de Carrefour. El responsable de la delegación de la ONLAE, cuando declaró ante la jueza, negó haberle dicho tal cosa.

Intento de cobro. El lotero reclamó el premio el 5 de septiembre del 2012. El dueño del despacho de San Agustín solicitó cobrar el premio al alegar que había entregado el resguardo «de buena fe». Dadas las circunstancias en las que encontró el resguardo, Loterías le explicó que había que iniciar los trámites para buscar al dueño del boleto. Manuel Reija se escudó en que para iniciar la búsqueda, primero había que solicitar el cobro para que no prescribiese.

Secreto absoluto. Durante un año y dos meses, nadie desveló, ni el lotero ni Loterías, que había aparecido un boleto premiado. Tuvieron que pasar 14 meses para que los ciudadanos se enteraran de que había aparecido casi un año y medio antes un boleto de primitiva premiado con 4,7 millones. Y no fue Loterías ni el lotero los que informaron, sino La Voz, que tuvo acceso a los detalles que ocultaba el anuncio publicado en el BOP. No decía nada. Simplemente esto: «A la vista del escrito presentado en relación con un resguardo de Loterías y Apuestas del Estado identificado con el número 178-0454007-045, interesándose de que se promueva expediente al amparo y se dé publicidad a esta circunstancia para que las personas que pudieran acreditar su derecho sobre el objeto hallado la ejerciten». Punto. Nada más. No se decía dónde había sido sellado ni cuándo ni dónde apareció. Tampoco si era una primitiva o una quiniela. Ni siquiera la fecha de la pérdida o del hallazgo.

Eliminación de pruebas. Nunca se pudo comprobar por las cámaras de seguridad de Carrefour quien había sellado la primitiva. Hubiese sido muy sencillo tener el rostro de la persona que selló la primitiva en el despacho de Carrefour. Por la terminal, se sabía la hora y el minuto en que lo había hecho. Solo había que solicitar una copia de las cámaras de seguridad. Pero como se mantuvo en secreto un año y dos meses, las grabaciones ya se habían destruido. Como las de las cámaras que había alrededor del despacho de San Agustín.

El Ayuntamiento asume la búsqueda. La ley obliga a los municipios a abrir un expediente de hallazgo en estos casos. Una vez publicado en el BOP aquel escueto anuncio, que La Voz le puso los datos fundamentales que faltaban, el Ayuntamiento coruñés abrió sus puertas por un plazo de dos años para que todo aquel que sospechase ser el dueño del boleto, presentase las pruebas oportunas. Mas de 200 personas acudieron a María Pita hasta el 25 de septiembre del 2015 y ninguna de ellas aportó pistas suficientes que acreditasen su propiedad.

Proceso judicial. Una decena de personas presentan una demanda en los tribunales. Una vez que el Ayuntamiento no encontró al propietario, una decena de los reclamantes acudieron a la Justicia y presentaron una demanda. Durante los tres últimos años, la mayoría ya recibió la sentencia que les negaba la propiedad del boleto. Otros esperan al juicio e incluso a las pruebas que solicitaron, como una de ADN.

El lotero y el delegado de Loterías, investigados. El informe policial sostiene que actuaron «de mala fe». Manuel Reija había declarado en un principio que cuando se encontraba solo en el despacho, observó que en uno de los mostradores había un boleto de primitiva abandonado y en perfectas condiciones. Lo comprobó y vio que tenía un premio de 4,7 millones. Pero lo que dijo el lotero y lo que luego apareció en la terminal de la administración no concuerdan, según la investigación de la policía judicial. Los agentes que asumieron el caso concluyeron que el dueño de la primitiva estaba frente a Manuel Reija. «Indudablemente», el propietario del despacho no estaba solo, sino con el apostante. A esa conclusión llegaron gracias a la memoria de la terminal, que deja registrado al segundo cada uno de los boletos que se comprueban o sellan. Así, se pudo acreditar, según la investigación, que a las 11.25 horas y 32 segundos de aquel día, un cliente recibió un premio de un euro. Inmediatamente después, a las 11.25 y 39 segundos, apareció el dueño de la primitiva millonaria con 4 billetes, que le entregó a Manuel Reija. Este tardó 16 segundos en pasarlos por la máquina. Y le entregó 3,5 euros, lo que le correspondía por uno de los boletos. Pero nada le dijo, supuestamente, del premiado con 4,7 millones. Pese a que en la pantalla apareció el mensaje «premio superior. Entregar al cliente y llevar resguardo a la delegación», el propietario de la primitiva se fue de la administración con lo puesto y 3,5 euros más en el bolsillo. Seguramente, porque no pudo observar la pantalla de la terminal. Según sostiene la policía, el mensaje solo apareció «durante dos segundos, por lo que el apostante no le dio tiempo a verlo». Cuarenta y nueve segundos después, se presentó en el despacho otro cliente para realizar dos apuestas. Todo eso «prueba», según los investigadores, que el lotero no se encontraba solo, tal y como había declarado. Que en ese intervalo de tiempo entraron y salieron varios apostantes. Incluso, añaden los agentes, que Manuel Reija, cuatro minutos después de que se fuera el propietario del boleto, pasó de nuevo por la máquina sus cuatro billetes «para identificar» el resguardo millonario. Cuando el lotero fue llamado a declarar y ya conocía el resultado del análisis de la terminal, manifestó que se había confundido cuando dijo que se encontraba solo y que únicamente había visto un boleto, en lugar de cuatro. La jueza le preguntó por qué nunca había dicho que eran varios los resguardos que halló abandonados y no solo uno. Y esta fue su respuesta: «Nunca me interrogó la policía y estaba nervioso. No me percaté ni le di importancia a ese hecho». Por último, insistió en que si «hubiese tenido una mente delictiva, me hubiese sido facilísimo cobrar el premio y no montar toda esta parafernalia. Actué con honestidad».

El caso salpica a loterías. Cinco ex directivos de la ONLAE, también procesados. En la toma de declaración por videoconferencia al que entonces era presidente del organismo, José Miguel Martínez Martínez; al director de Negocios, José Antonio Gallardo López; al jefe de Servicios de Premios e Invendidos, Joaquín Aguado Carreño, y al director de Producción y Sistemas Técnicos, José Manuel Ortiz Pozo —investigados como supuestos autores de un delito de estafa cualificada—, dijeron a la titular del Juzgado de Instrucción número 8 de A Coruña que «ahora se han dado cuenta de que la versión que les había proporcionado el lotero no encaja con los datos de los terminales». También la abogada de la ONLAE, Soledad Parra, declaró lo mismo, que el lotero de San Agustín ocultó información durante el proceso para encontrar al legítimo beneficiario. La policía judicial tampoco deja en buen lugar al organismo. Achaca a sus exdirectivos ralentizar la investigación.

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