Resignación en A Coruña frente a un nuevo mazazo

El desánimo reina entre hosteleros y comerciantes, que ya intuían nuevas limitaciones


A Coruña / la voz

Las malas noticias, aunque sean previsibles y esperadas como en el caso de las restricciones a ciertas actividades, siempre hacen daño. La resignación y el desánimo reinan en el ambiente entre los hosteleros y los dueños de pequeños comercios de la ciudad, que entienden que las últimas medidas eran inevitables a la vista de la evolución de la pandemia, pero al mismo tiempo suponen un nuevo golpe para sus maltrechas economías, que acumulan casi un año de cierres intermitentes y limitaciones. Se esperaban medidas más estrictas en Betanzos, Cambre y Sada, los municipios en peor situación junto con Arteixo, y alguna restricción más en la ciudad, pero finalmente se aplican por igual a toda Galicia.

«Volvemos al punto de partida y así seguiremos durante mucho tiempo», asegura José Manuel Souto, propietario de El Cigarral, quien cree que el cierre de las cafeterías y restaurantes se mantendrá por más tiempo que las tres semanas anunciadas inicialmente. La hostelería tendrá que cerrar la atención en el local por completo poco más de dos meses después de sufrir una situación similar, aunque ahora el sector aplaude que otras actividades como el comercio también se vean implicadas. «Por lo menos ahora también afecta a otros ámbitos como los centros comerciales», explica Vanesa Docampo, del Ambigú Galicia Gaiteira. «Resignada, ¿cómo quieres que esté?», asegura que se siente tras conocer que se ven obligados a un nuevo cierre, el tercero en poco menos de un año y con el segundo muy reciente.

La resignación no es exclusiva de los dueños de los locales de hostelería, sino que la clientela también asume las consecuencias. «Venía aquí a pasar el rato y a estar con algunos amigos, pero ahora nada, hay que quedarse en casa y pasear, ¡qué se le va a hacer!», asegura un cliente de este local.

El cierre temprano y obligatorio que había hasta ahora de la hostelería también afectaba al pequeño comercio de manera indirecta, que sufría los daños colaterales de esta medida. Una dinámica negativa que se incrementa porque los negocios no esenciales también ven restringidos sus horarios de apertura, aunque en algunos casos recibieron el anuncio con cierto alivio. «Esperábamos algo más estricto como un confinamiento», asegura Marta Felípez, de la zapatillería Pantuflas, en la zona de Cuatro Caminos.

«La hostelería y el pequeño comercio están muy unidos», explica José Salgado, de la Asociación de Comerciantes Distrito Mallos. Esa unión se debe a que «cuando los bares cierran, hay menos vida», lo que repercute en las visitas de los clientes a los negocios. De este modo, el comercio ya vivía una situación parecida a lo que ahora es oficial y que con la entrada en vigor de las nuevas medidas se extenderá a toda la jornada y no solo a partir de las seis de la tarde, momento en el que las cafeterías y restaurantes estaban cerrando.

Reacciones

Las nuevas medidas también tuvieron respuesta desde de la corporación municipal. El PP hizo un llamamiento a extremar el respeto de las restricciones y pide al Estado que cumpla con la «entrega de vacunas», la Marea reclama que cada restricción sanitaria «leve aparellada a súa compensación económica» y el BNG reclama «medidas máis contundentes». Por su parte, el gobierno local anunció su apoyo a crear un «fondo común de axudas dirixidas ás persoas autónomas e ao sector da hostalaría e turismo», una propuesta de lanzada por la Diputación.

En el área metropolitana coruñesa, los alcaldes han salido ayer de manera unánime a pedir que se cumplan las medidas impuestas por la Xunta antes unas cifras de positivos que, en muchos casos, se encuentran disparadas. Por su parte, el sector de la hostelería cuestiona que se siga centrando en ellos las restricciones más duras, pero, al menos, el hecho de que las medidas sean para toda la comunidad han generado menores recelos que cuando se aplicaban de manera individual.

«Es mejor así, medidas más estrictas y por menos tiempo»

La obligación de cerrar la atención a los clientes de manera total en los locales fue recibida por algunos hosteleros como un mal menor para intentar poner remedio al crecimiento continuo de la transmisión del coronavirus en la ciudad. «Era previsible que nos cerrasen del todo, era lo esperado. Es mejor así, medidas más estrictas y por menos tiempo», asegura Pilar Ramas, encargada de la cafetería Hollywood.

El hecho de tener que cerrar el establecimiento no es bien recibido por ningún local, pero en el caso de esta cafetería de la zona de Cuatro Caminos prefieren mirar la parte positiva. «Quizás sea lo mejor para que cuando volvamos podamos hacerlo con la mayor normalidad posible», explica Pilar. Las limitaciones progresivas a las que se vio sometido este sector en las últimas semanas culminan con este nuevo cierre, que vuelve a poner el foco sobre su actividad. «Llevamos sin barra desde hace mucho tiempo y siempre iban reduciendo los aforos», lamenta la encargada de este negocio. Estas nuevas medidas sitúan a muchos hosteleros ante un dilema, ya que pueden seguir preparando comida para llevar pero la imposibilidad de también atender a la clientela en las terrazas les sitúa ante una decisión complicada. «Vamos a valorar si seguimos con el reparto de comida», destacan desde la cafetería Hollywood.

Sin ayudas

Las restricciones no son el único problema de la hostelería, que también ven cómo las ayudas prometidas no terminan de convertirse en un hecho. «No llegan, ninguna, a ver si se concretan finalmente». Desde el sector también recibieron de buen agrado que no sean la única actividad que se ve afectada por el nuevo paquete de restricciones. «Me parece estupendo porque parece que los contagios se dan solo en la hostelería», asegura Pilar Ramas.

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