La plaza de Lugo envía a Huesca y a Madrid angulas a mil euros el kilo

El exjugador de Deportivo, Carlos Fernández Luna, hizo también un pedido en el mercado coruñés con destino a Sevilla


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«¡Más caro que nunca!». Es la frase más utilizada en la mañana de este miércoles por las placeras y los pescaderos coruñeses refiriéndose al precio del pescado y del marisco a escasas 24 horas de la cena de Nochebuena. ¿Y cuáles son los motivos en plena pandemia del covid-19? «La restricción de no poder reunirse nada más que 6 o 10 personas en torno a la mesa hace crecer la demanda. No se puede comprar piezas grandes para preparar una gran cena o comida común. Cada unidad familiar tiene que preparar sus viandas», apunta Chelito, de Pescados Chelo, de la plaza de Lugo. Y así, el pescado y el marisco ya está caro en la lonja: «En primera subasta se dispararon los precios», comenta Gonzalo de Mariscos Abad. 

Por cierto, este placero fue uno de los únicos que tuvo a la venta angulas. A las once de la mañana de este miércoles ya había vendido la totalidad de esta, para algunos, gran exquisitez. Y a pesar de que el kilo costaba 1.000 euros. Algunos afortunados coruñeses tendrán en sus mesas angulas, pero una buena parte del producto fue enviado «entre algodones», dice Gonzalo, a Huesca, o, por ejemplo, a la Puerta del sol, a Madrid. Para fuera de las fronteras gallegas, para Madrid y para Sevilla viajaron santiaguiños, a 250 euros el kilo, así como otro tipo de especies. Uno de los solicitantes de estos manjares fue el exjugador de Deportivo Carlos Fernández Luna, el delantero ahora en el Sevilla. 

Sobre los precios, el besugo destacó sobre cualquier otra especie de pescado. Y es que este miércoles se subastó en el Muro una tanda que pararon los compradores a 88 euros el kilo. Por esta razón, el besugo de algo más de un kilo se pudo comprar en la plaza a 100 euros el kilo en el puesto de Pescados y Mariscos Aurora, «y tras aplicarle los impuestos, apenas le ganamos algo», subrayó esta pescantina. Esta especie no bajó de los 30 euros el kilo.

También destacó el precio del rodaballo salvaje, cuyo valor osciló entre los 55 y los 20 euros el kilo. La robaliza de anzuelo, «la que brilla», describe el pescadero Juan, tuvo un precio para el consumidor final de 45 euros el kilo, «y no bajó de los 22», recalcó. No hubo mucho rape de costa en el Muro. Por eso en primera subasta tuvo mucha expectación e interés por parte de los compradores, y su precio «se elevó mucho», contó Ramón Farto. Y el precio del peixe sapo no bajó en las plazas de los 27 euros.

El mero, del que dicen que es la carne del mar, estaba en la plaza a 32 euros el kilo, y llevando la pieza entera, que el más pequeño no baja de los tres kilos, «y es que al precio que fue en lonja no se puede torear, vender al corte», explicaron las placeras. Valor muy alto fue el del lenguado, a 45 euros, «y es que hubo muy poco en el muro», explican.

La merluza, que se podía comprar entre los 26 y los 10 euros el kilo, y el abadejo, cuyo valor fue entre 15 y 13, fueron las especies de pescado más asequible para el consumidor final.

En cuanto al marisco, el santiaguiño volvió a subirse a lo más alto del podio en cuanto a su precio. Como el martes su precio alcanzó los 250 euros el kilo, y también se pudo adquirir a 150 y a 125. 

Por supuesto, el percebe volvió a destacar como siempre, y es que ya en el Muro se subastó una partida a 288 euros el kilo, a 16 euros más que el martes, y, como no, su procedencia era de las piedras de O Roncudo. Bien es cierto que el rey del marisco más gordo ya no llegó a las plazas y a las pescaderías, «viajaron más allá de las fronteras gallega», contó Gonzalo de Mariscos Abad. Pero aun así, sí hubo gran exposición de percebe en los puestos a precios que oscilaron entre los 180 y los 100 euros el kilo.

El lubrigante gallego volvió a superar sus marcas de otros años, y el más caro, las buenas piezas, se vendieron a 75 euros el kilo, y no bajó de 60. Y la nécora merece también una mención especial, porque las piezas gordas y las hembras alcanzaron en las plazas los 120 euros el kilo, «es cierto que están caras, pero esto es un lujo, un seguro de acierto en las mesas», decían. También hubo ejemplares a 80 y a 68. La centolla, cuyo valor osciló entre los 70 y los 25 euros el kilo, y el buey gallego, que se movió entre los 35 y los 25 euros el kilo, confirmaron que el covid-19 «no va a poder con los gallegos», declaró con ilusión y con esperanza Chelito, pero eso sí, «con sentidiño», rogó.

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