Ana María Ares, voluntaria: «Me emocionó ver a barrios enteros cantando el cumpleaños a los niños»

Ella era la que nos decía «gracias por quedaros en casa» desde el coche de Protección Civil en el confinamiento


a coruña / la voz

Hoy hace nueve meses que la pandemia llegó a nuestras vidas. Desde el minuto uno, Ana Ares (A Coruña, 1983) se puso al servicio de la ciudad para ayudar a los que más lo necesitaban. Ella pertenece a ese ejército de héroes invisibles que transitaban entre las calles vacías durante el confinamiento. Para darles las gracias, sanitarios, cajeras, taxistas y policías fueron los protagonistas del encendido navideño en María Pita. En representación de todos ellos habló esta voluntaria de Protección Civil, curtida en mil batallas.

-Ha estado en el Prestige, Angrois, los héroes del Orzán... ¿En

qué lugar sitúa al covid?

-Esto es algo que nunca vamos a olvidar, se lo contaremos a nuestros nietos... Y ojalá que nunca se olvide y que evolucionemos, para que no se vuelva a repetir jamás.

-¿No ha sido este el momento más duro, entonces?

-Lo más duro fue consolar a los familiares de Angrois en la estación de tren de A Coruña. Eso me costó muchísimo.

-Durante estos meses también tuvo que consolar a mucha gente.

-Sí. Hicimos un poco de todo. Principalmente, nos dedicamos a llevar la comida a los niños que tenían las becas escolares. Había que acercarles la comida a casa, que siguieran comiendo bien.

-¿Cómo les recibían?

-Bueno, las sonrisas de esos niños eran lo más bonito de todo. Nos demostraban su agradecimiento y cariño haciéndonos dibujos, manualidades...

-No solo ayudaban a los niños.

-Lo mismo hicimos con el Banco de Alimentos o Padre Rubinos. Le llevábamos el menú a esas personas que no podían salir de casa. Y al principio de todo incluso estuvimos haciendo las máscaras de metacrilato.

-¿Las pantallas protectoras?

-Sí, porque había una carencia de soluciones en ese sentido. ¡Y nos pusimos a ello!

-¿Una imagen para el recuerdo?

-La ciudad completamente vacía impresiona mucho. Era como algo apocalíptico, de película.

-¿Todavía hoy suelta una lágrima si piensa en...?

-(...)En algunas personas mayores que conocí que viven solas. Se te encoge el corazón. Nosotros les íbamos a hacer la compra o a por las medicinas.

-¿Qué le saca una sonrisa?

-La ilusión de los niños cuando íbamos a cantarles el cumpleaños feliz y que todos los vecinos lo coreasen al unísono. También hubo algún aniversario de boda muy emotivo. Pero a mí me emocionó ver a barrios enteros cantando el cumpleaños a los niños.

-¡Casi mueren de éxito!

-¡Uy, sí! Llegó un momento en que a lo mejor teníamos 10 cumpleaños en un solo día. [Risas]

-¡Además que no podían faltar al aplauso de las 8! Qué estrés.

-¡Claro! Eso se convirtió en una costumbre bonita. A la gente le animaba. Era un rato en el que los vecinos se conocían más entre sí.

-Fueron muy sonadas sus palabras de aliento.

-Sí, muchas veces me tocaba a mí. Yo era una de las que decía por el micrófono del coche cosas como: «Gracias por estar en casa», «De aquí se sale», «Pa’lante»...

-Iban por todos los barrios.

-Tratamos de cumplir eso, pero era difícil ir por todas las calles.

-¿Por qué empezaron a hacerlo?

-Porque nosotros teníamos que salir a aplaudir a la gente; no solo que ellos nos aplaudieran a nosotros. Estar encerrado en casa, y con los niños, era complicado.

-¿Se han reivindicado?

-Nos hicimos más visibles. Muchos coruñeses no sabían ni que existíamos. Es verdad que con la pandemia dimos más el callo, pero en la ciudad llevamos trabajando y ayudando a prevenir desde 1983. Y son 37 años ya.

Vocacional: Ana Ares lleva veinte años en Protección Civil. Entró en cuanto pudo, tras cumplir los 18 años.

Pionera: Fue una de las primeras mujeres en conducir una ambulancia y una de las primeras técnicas de emergencias sanitarias de las agrupaciones civiles de Galicia. El año pasado le entregaron la Medalla al Mérito de Protección Civil.

«Disfrutemos la Navidad pero con cabeza. Es la forma de pasar página cuanto antes»

Tiene una cara de buena persona que no puede con ella. Al igual que todos sus compañeros de la Agrupación de Voluntarios de Protección Civil, Ana Ares se volcó con las emergencias del covid. Siempre dispuesta a ayudar, en su discurso del encendido navideño se declaró vocacional: «Durante todos estos meses hemos estado siempre ahí para haceros la vida más llevadera. Y ahí seguiremos, pase lo que pase, porque es nuestra vocación».

-¿Qué supuso ser la portavoz?

-Fue un orgullo representar a mis compañeros.

-¿Tuvo que tragar saliva?

-Reconozco que sí. No de soltar la lagrimilla, pero casi. Fue muy emocionante.

-¿Cuánto ensayó el discurso?

-Lo leí en mi casa un par de veces y cambié algunas cositas, pero estuve muy cómoda. Eso era lo que quería decir.

-Se quedó a gusto.

-No, bueno, ¡mucho más habría que decir! Para darle las gracias a tantas y tantas personas que han estado ahí, no llegan las palabras.

-¿Qué más habría dicho?

-Pues mire, que de las cosas más sencillas no te das cuenta hasta que pasa algo malo. Estaban ahí.

-Habla de los esenciales.

-Sí. Con la pandemia nos hemos dado cuenta de que las cosas más esenciales de la vida son, al final, las más importantes.

-Esos héroes invisibles.

-Sí, la cajera del súper, el camionero que lleva la comida de un lado a otro de España, la limpiadora... Te das cuenta que no puedes vivir sin ellas.

-¿Qué diría por el megáfono a los coruñeses en esta Navidad?

-Disfrutemos la Navidad, pero con cabeza y con el mayor de los cuidados. Es la única forma de pasar página cuanto antes. Hagámoslo bien y recuperaremos todos los besos perdidos.

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