El vínculo lejano entre la iglesia románica de Arteixo y un castro sin excavar

El sencillo pero notable templo de Chamín se encuentra a kilómetro y medio del yacimiento de Castelo

Puerta principal con arquivoltas decoradas y tímpano  de la iglesia románica de Chamín, en Arteixo
Puerta principal con arquivoltas decoradas y tímpano de la iglesia románica de Chamín, en Arteixo

A Coruña / La Voz

Si hay castro, hay iglesia. Es una vieja máxima que suele ser cierta. Tampoco es que sea muy difícil acertar, visto el número de castros y parroquias existentes en Galicia. Y Arteixo -a donde se puede ir sin saltarse el relativo confinamiento- no es una excepción en general, aunque en algunos lugares no se cumple la regla. Por ejemplo, en el castro identificado como Castelo, cuya croa o parte superior está a 182 metros sobre el nivel del mar y que en otros tiempos era un mirador privilegiado sobre el puerto natural de Sorrizo, donde debió de haber actividad pesquera hace un par de milenios.

Hoy subir al castro encierra cierto sentido de la aventura y una vez arriba la panorámica no existe, ya que los eucaliptos lo dominan todo. En lo alto se distingue una croa oval bien protegida por una muralla que impresiona, y que en algunos puntos pasa de 12 metros de altura.

A este yacimiento se llega dejando a la espalda la playa de Barrañán, subiendo y cuando a la diestra aparece la escuela y el centro social de Lagoa, se gira a la mano contraria, donde hay una fuente como referencia. Ese monte que se bordea desde el primer metro es el que acoge el castro.

Pero ¿y la iglesia? Pues en este caso no la hay. O mejor dicho, no la hay tan cerca que demuestre una intención de cristianizar un enclave pagado. Sin embargo, dando marcha atrás (o sea, rumbo a Barrañán) y desviándose a la diestra (señalizado Monteagudo), al kilómetro y medio, en llano, un cartel anima a desviarse a la izquierda, a Chamín, que ya está a la vista. Una aldea en la cual es preferible aparcar a su entrada, donde se alza un estupendo ejemplar de cruceiro con pousadoiro, y caminar esas pocas docenas de metros.

Lateral de la iglesia románica de Chamín, en Arteixo, con sepulcro antropomorfo
Lateral de la iglesia románica de Chamín, en Arteixo, con sepulcro antropomorfo

Hay que prepararse para la sorpresa: aparece ante los ojos un más que notable templo románico, cuya sencillez no apaga el asombro. El campanario es mucho más moderno, pero los canecillos o soportes del alero del tejado son del siglo XII o XIII.

La puerta principal muestra las arquivoltas decoradas (esas molduras semicirculares) y tímpano (entre las arquivoltas y la puerta en sí), que ya anuncian que eso es un auténtico tesoro. La ventana tapiada del ábside, tres cuartos de lo mismo. Y cuando el visitante va a descansar en uno de los dos bancos pegados a uno de los muros se fijará en un sepulcro antropomorfo (o sea, con forma humana) que yace a unos metros.

¿Dónde poner el fin de la excursión? En el área con bonito parque infantil, tirolina incluida, antes de entrar en Chamín.

LA AVENTURA

Ascender a la croa del castro desde la aldea del mismo nombre.

LA FOTO MÁS PERSONAL

En el cruceiro de Chamín.

EL DESAFÍO

Identificar todos los elementos románicos de la iglesia de Chamín.

EL PASADO

Los habitantes del castro de Castelo construyeron un foso para defenderse de posibles enemigos.

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