La antigua sede de Padre Rubinos en Labañou se convertirá en un centro de baja exigencia

La institución benéfica cede el inmueble al Ayuntamiento de A Coruña, que llevará a cabo el proyecto con 500.000 euros de financiación de los fondos Eidus y que contará también con aportación municipal


A Coruña

Las antigua sede de la Real Institución Benéfico Social Padre Rubinos de Labañou tendrá una segunda vida y pasará a convertirse, en un futuro próximo, en un centro de baja exigencia para personas con dificultades de adaptación que viven en la calle. Será así después de que la entidad aprobase la cesión del inmueble -carecía de actividad desde la apertura del nuevo refugio en la ronda de Outeiro- al Ayuntamiento de A Coruña. Así lo anunció ayer la alcaldesa, Inés Rey, en el programa Voces de A Coruña de Radio Voz, donde aprovechó para agradecer la «buena disposición» por parte del presidente de la entidad, Eduardo Aceña, así como de los miembros del consejo de la institución.

El gobierno local pretende adaptar la infraestructura, un bloque de cuatro plantas de altura, a las necesidades del servicio a través de una reforma completa que se sufragará, además de con la aportación de las arcas municipales, con una partida de 523.000 euros procedente de los fondos europeos de la Estrategia de Desarrollo Urbano Sostenible (Eidus).

En octubre del pasado año, la Concejalía de Benestar Social se vio en la obligación de cerrar el centro Abeiro, situado en Orillamar, un espacio municipal con la misma funcionalidad que tendrá el antiguo edificio de Padre Rubinos de Labañou y que había abierto sus puertas en el 2017 bajo el mandato de la Marea Atlántica. La clausura de las instalaciones se debió a que no disponía de la preceptiva autorización de la Xunta, por lo que había sido multado. «El centro no cumplía la normativa ni contaba con los permisos necesarios. Nos vimos abocados a cerrarlo por el riesgo que corrían tanto los usuarios como los trabajadores», explicó la regidora.

Los centros de baja exigencia son espacios en los que se presta atención básica a las personas sin hogar durante la noche para intentar evitar que duerman en la calle. Allí pueden disponer de bebidas calientes o simplemente de un techo en el que refugiarse de las inclemencias del tiempo, sin que la instalación llegue a funcionar como un albergue. «Tenemos la obligación de cuidar a los más vulnerables y dar respuesta a sus necesidades en condiciones seguras y hoy lo hacemos de la mano de Padre Rubinos», sentenció la regidora.

Párking disuasorio

Además, Rey anunció que este viernes por la mañana comenzó a funcionar el aparcamiento disuasorio de Casablanca, una demanda de la Asociación de Vecinos Oza-Gaiteira-Os Castros, que aportará al barrio 120 nuevas plazas de párking. A finales de agosto las máquinas entraron en la parcela municipal para acondicionar el terreno, que se ha asfaltado, dotado de iluminación y que cuenta ahora con un acceso peatonal accesible. «Servirá de aparcamiento disuasorio durante el día y dará servicio a los vecinos del barrio durante la noche», explicó la alcaldesa. Desde la concejalía de Mobilidade están estudiando la posibilidad de acercar la parada de autobús situada en la rotonda de Casablanca a una localización más próxima al aparcamiento para que, así, los ciudadanos puedan utilizar el bus urbano para trasladarse hasta el centro de la ciudad sin necesidad de hacerlo en coches particulares.

Inés Rey aprovechó su intervención en el espacio Cita en María Pita para felicitar a Martín Fernández Prado por su nombramiento como nuevo presidente de la Autoridad Portuaria y abogó porque a partir de ahora «se normalicen las relaciones» entre ambas administraciones, ya que «están llamadas a cooperar por el futuro del puerto y la ciudad». La regidora reconoció que algunos temas, como la deuda de Langosteira, la necesidad de un tren al puerto exterior o el futuro de los terrenos portuarios en la ciudad «llevan enquistados mucho tiempo por el sucesivo torpedeo entre administraciones» y considera que «ahora es el momento de superar eso». Sobre el diseño de la futura fachada marítima de la ciudad, «el último gran desarrollo de la ciudad por hacer», Inés Rey apuesta por la cooperación entre Adiminstraciones y el consenso político. «Es necesario que nos sentemos y encontremos puntos en común. Tenemos que empezar a trabajar desde lo que nos une y después pulir nuestras diferencias pensando siempre en el bien y el futuro de la ciudad», apuntó.

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