Los hosteleros y comerciantes de A Coruña, ante las nuevas restricciones: «Es terrible, no somos capaces de levantar cabeza»

Los negocios de la ciudad notaron desde primera hora las repercusiones derivadas de las nuevas medidas impuestas en toda Galicia para tratar de frenar el avance del coronavirus


A Coruña

El miércoles a medianoche entraron en vigor nuevas restricciones en Galicia para hacer frente a la situación epidemiológica actual generada por el coronavirus. La hostelería, de nuevo, vuelve a ser uno de los sectores más castigados, ya que regresa la prohibición de consumir en la barra, se reduce el aforo en el interior al 50 % y en terraza se limita hasta el 75 %. 

Este jueves, los establecimientos más madrugadores de A Coruña ya notaron la repercusiones derivadas de estas restricciones, algunas «muy importantes para el desarrollo de actividades económicas fundamentales para nuestra ciudad y para Galicia», recalcó Fina, gerente de la cafetería y restaurante Lonja de La Coruña, ubicada en el muelle de Linares Rivas. Este negocio atiende durante la madrugada y la mañana las necesidades del sector pesquero y también las de los trabajadores de empresas auxiliares. 

«Durante esta madrugada trabajamos lo mínimo, lo que nunca nos pasó. Y ahora por la mañana lo mismo», asegura. El local, de 250 metros cuadrados, ha pasado de un aforo de 98 personas a uno de 45, «pero la gente tiene miedo, y ya ves, son las ocho de la mañana y hay cuatro personas».

Lo mismo ocurre en el bar El Puerto: «Así es imposible aguantar», dice el concesionario del establecimiento. Asegura, también, que estas nuevas medidas «perjudican, en este caso, a otras empresas de primera necesidad y de las más importantes para la economía de la ciudad».

La churrería El Timón también notó la entrada en vigor las nuevas prohibiciones derivadas del coronavirus. «Esto es terrible, no somos capaces de levantar cabeza. Y yo no me puedo quejar», explicó Lito, el propietario del negocio. Fina y Lito coinciden en la idea de que la hostelería vuelve a ser la señalada, «la culpable de todo, mientras los autobuses van llenos de gente». Lito va más allá: «Un grave problema es el comportamiento de algunas personas, las mínimas claro, que llegan a los establecimientos sin mascarilla, quieren utilizar la barra.. y te tienes que enfrentar a ellas y echarlas fuera», indicó.

«Llega de nuevo en mal momento, porque llevábamos un par de fines de semana en los que parecía que la gente se estaba animando a salir de casa, volvíamos a tener reservas, volvíamos a servir cenas, por supuesto con todas las medidas de seguridad y demás. Y esto vuelve a meter miedo a la gente», comenta el portavoz de los hosteleros de la Marina, Antón Sáez, sobre las nuevas restricciones impuestas al sector. «Cada vez que hay una noticia negativa lo notamos directamente en las reservas y en la facturación», añade. Y esta ocasión no ha sido diferente, sobre todo la limitación de las reuniones a un máximo de cinco personas: «Nos preocupa especialmente, porque teníamos reservas para este fin de semana de seis personas, y alguna incluso de diez, y hemos tenido que llamarles para decirles que no es posible. El problema es que la inmensa mayoría anula entonces la reserva totalmente», lamenta el hostelero, que en la tarde del miércoles tuvo que coger el libro de reservas para ir advirtiendo a sus clientes de las nuevas restricciones: «Hemos tenido que llamarles nosotros para cancelar, porque estamos más informados que los clientes. Llamar a todos para decirles que no nos era posible servirles. Eso es algo muy duro para nosotros, renunciar al negocio, sobre todo ahora que es cuando más lo necesitamos porque los números no salen». Por ahora quedan catorce días de restricciones, pero Sáez prefiere no hacer cábalas sobre lo que puede venir después o sobre si se verá afectada la campaña de Navidad: «No miramos al futuro porque nos deprimimos, así que vamos semana a semana, buscando cómo podemos dinamizar el consumo día a día».

Frente al edificio administrativo de la Xunta en Monelos está uno de los locales de hostelería que sirve más desayunos rápidos, de esos que se toman entre gestión y gestión, de toda la ciudad. Es la churrería Núñez, cuyo propietario, Óscar Núñez, explicaba en Radio Voz que se sienten «criminalizados, pagando el pato de la irresponsabilidad de toda la sociedad, porque esto no es cosa de la hostelería». En el caso de su negocio, las nuevas restricciones afectan especialmente al consumo: «La mayoría viene a tomar un café rápido a la barra, y ahora se encuentran con que tenemos que sentarlos en una mesa», explica mientras lamenta que con estas medidas «lo que se consigue es meter miedo a la población, no concienciarla».

Aforo al 50 %

Pero no solo la hostelería se ha visto afectada, también el aforo en los comercios y en los lugares de culto se reduce al 50 %. En la Tahona de la plaza de Lugo solo pueden atender a un cliente por dependienta, mientras que «antes otros entraban, esperaban y miraban los productos, pero ahora simplemente entran y piden lo que quieren», explica Gonzalo, encargado del establecimiento. Además se pregunta: «Cuando llueva, ¿los clientes tendrán que esperar fuera y mojarse? Si es así, se marcharán». 

El sacristán de la parroquia de Santa Lucía reconoce que a pesar del espacio «controlamos muy mucho el aforo». Asegura que los feligreses «dejaron de venir a misa por miedo y ahora prefieren verla por la televisión».

En la zapatería Natural World de la calle Real han pasado de un aforo de cinco personas a solo poder atender a dos clientes a la vez. «Tengo que decirle a la gente que tiene que esperar y además hacerlo fuera. Y así, lo más probable es que se vayan. A veces entran sin darse cuenta, les tengo que pedir que se vayan y les parece mal. En vez de ganar clientes, los pierdes», comenta Isabel Velasco.

También en la tienda de General Óptica de la misma calle las restricciones afectan a su día a día. Cuentan con trece profesionales y pueden atender a otros tantos clientes. «A los que pasan por la calle y entran a mirar gafas o preguntar no podemos atenderlos», comenta Noemí, la directora del establecimiento. Además, reconoce que en la zona se están notando mucho las restricciones de la hostelería. 

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