Uno de los okupas de la Falperra: «Solo vengo aquí a ducharme. Duermo y salgo muy pronto para buscarme la vida»

La policía estrecha el cerco y aumenta su presencia en la zona, incrementando la identificación de personas


A Coruña / La Voz

La presencia policial en la Falperra no cesa desde que los vecinos denunciaron la semana pasada los problemas de inseguridad que se están viviendo en el barrio y señalaran directamente a los okupas del edificio del número 19 de la calle Doctor Fleming. Esta misma mañana el trasiego de vehículos policiales fue constante y los agentes incluso identificaron a varias personas que salieron del inmueble

Entre los identificados está Hamza, un marroquí de 19 años, que llegó a España cuando tenía 16 en los bajos de un camión que lo llevó desde Melilla hasta Madrid. «No tenía dónde dormir. Conocía a gente que vivía en este edificio y me acogieron, si no, tendría que dormir en la calle», explicó a los micrófonos de Radio Voz. Hamza acaba de salir de la cárcel después de nueve meses. Él dice que «por pegar una bofetada», aunque el motivo que figura en su expediente, tal y como reconoce es «robo con violencia». Asegura que nadie de los que vive en el edificio okupado es autor de los robos que denuncian los vecinos y achaca al racismo todas esas manifestaciones. «Solo vengo aquí a ducharme. Duermo y salgo muy pronto para buscarme la vida», comenta. Esta mañana la policía lo identificó cuando salía del edificio okupado. «Tengo que renovar mis papeles para poder buscar trabajo. Quiero estar legal, pero es muy difícil. Llevo tres años aquí, he pasado por un centro de menores, acabé en prisión y ahora estoy aquí, pero no tengo nada. Tengo la documentación caducada y la policía me ha dicho que tengo que ir a Extranjería a ponerlo todo al día, pero primero voy a ir al albergue a ver si me dan una ayuda que estoy esperando», afirma.

Hamza, a las puertas del edificio okupado de la Falperra
Hamza, a las puertas del edificio okupado de la Falperra

Con él estaba Gisella, una joven de 18 años, que asegura que no reside en el edificio okupado y que solo va allí para asesorarlos. «Soy gitana y he experimentado lo que es el racismo, por eso vengo aquí, porque los quiero ayudar», esgrime. Dice que pone «la mano en el fuego» por todos lo que habitan el inmueble «que son unos dos o tres por piso, y no veinte como dicen por aquí los vecinos», y desliza la posibilidad de que los autores de los robos sean los moradores del edificio de enfrente, también okupado por un grupo de origen argelino.

Durante toda la mañana la presencia de la Policía Nacional fue constante, con varios furgones recorriendo las calles del barrio y agentes apostados a la entrada del edificio okupado e identificando a todo el que entrase o saliese del mismo. En la calle, los vecinos de la Falperra se preguntan si la presencia policial obedece a que pronto se procederá desalojar el edificio okupado por orden del juzgado, con temor a que los habitantes opten por trasladar su residencia a alguno de los edificios vacíos que quedan en la zona.

 

Un okupa de A Falperra: «Soy americano y me cobran 50 euros por vivir aquí»

Emiliano Mouzo
César, okupa americano, saliendo del edificio número 19 de la calle Doctor Fleming
César, okupa americano, saliendo del edificio número 19 de la calle Doctor Fleming

Miembros de la banda incluso acuden a un establecimiento para que le afilen las navajas. La entidad vecinal anuncia que suspenden la concentración de este sábado a causa de las restricciones sanitarias

Son las 8.30 horas de la mañana de este viernes y sale un joven del edificio número 19 de la calle Doctor Fleming, uno de los ocupados en la Falperra. Se llama César. Es un joven de Washington, y llegó a la ciudad en el mes de febrero. «Vine de vacaciones, para conocer», explicó. Se sacó el billete para volar a España para recorrerla «y trabajar para sobrevivir y ganar un poco para regresar». Tenía pensado volver en marzo. Pero todos sus planes se fueron al traste con la aparición del covid-19

El primer problema surgió cuando no encontró trabajo. César viajó A Coruña con lo justo y pronto se encontró que no tenía un euro en el bolsillo. «Ya no podía dormir en una pensión y me vi en la obligación de ir a comer a centros sociales», explicó algo apenado. Fue en una de estas instituciones benéficas, en Padre Rubinos, donde conoció a un hombre: «Era español», matizó. Se le acercó y entablaron conversación. César le explicó su preocupante situación y el otro individuo pronto le buscó un remedio. Lo llevó hasta en número 19, abrió la puerta y le enseñó el primer piso: «Me dijo que para vivir aquí tenía que pagar 50 euros al mes».

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