Un okupa de A Falperra: «Soy americano y me cobran 50 euros por vivir aquí»

Miembros de la banda incluso acuden a un establecimiento para que le afilen las navajas. La entidad vecinal anuncia que suspenden la concentración de este sábado a causa de las restricciones sanitarias

César, okupa americano, saliendo del edificio número 19 de la calle Doctor Fleming
César, okupa americano, saliendo del edificio número 19 de la calle Doctor Fleming

A Coruña / La Voz

Son las 8.30 horas de la mañana de este viernes y sale un joven del edificio número 19 de la calle Doctor Fleming, uno de los ocupados en la Falperra. Se llama César. Es un joven de Washington, y llegó a la ciudad en el mes de febrero. «Vine de vacaciones, para conocer», explicó. Se sacó el billete para volar a España para recorrerla «y trabajar para sobrevivir y ganar un poco para regresar». Tenía pensado volver en marzo. Pero todos sus planes se fueron al traste con la aparición del covid-19

El primer problema surgió cuando no encontró trabajo. César viajó A Coruña con lo justo y pronto se encontró que no tenía un euro en el bolsillo. «Ya no podía dormir en una pensión y me vi en la obligación de ir a comer a centros sociales», explicó algo apenado. Fue en una de estas instituciones benéficas, en Padre Rubinos, donde conoció a un hombre: «Era español», matizó. Se le acercó y entablaron conversación. César le explicó su preocupante situación y el otro individuo pronto le buscó un remedio. Lo llevó hasta en número 19, abrió la puerta y le enseñó el primer piso: «Me dijo que para vivir aquí tenía que pagar 50 euros al mes».

«Me dijo que para vivir aquí tenía que pagar 50 euros al mes»

César aceptó «a pesar de que la casa estaba muy sucia, y porque no tenía a dónde ir». Tiene que hacer algún trabajillo, no explicó qué tipo pero aseguró que no delinquía, para poder pagar «el alquiler». Contó que había tenido que trabajar lo suyo «para sacar toda la basura que había en el piso». Sobre la actividad de los otros okupas prefiere no pronunciarse. Con voz serena y apaciguada explica que no le interesa lo que hagan sus compañeros del edificio: «Solo pido que no me molesten... y no lo hacen».

Este joven americano sale del edificio bien aseado. Cuelga al hombro una mochila y en una mano baja una bolsa de basura. «Este por lo menos baja la porquería, porque los otros la tiran al patio de luces y el olor que desprende es horrible», cuenta una vecina. Otra mujer que sale con el perro de un edificio que colinda con el ocupado confirma lo que dijo la señora, y subraya que como no pongan remedio al problema de la Falperra, «además del grave problema de seguridad ciudadana, también habrá otro de salubridad».

«Este por lo menos baja la porquería, porque los otros la tiran al patio de luces y el olor que desprende es horrible»

Mientras, los okupas más agresivos continúan a lo suyo. Recientemente alguno de ellos «acosó gravemente y peligrosamente a una trabajadora», explicó Raúl, un vecino. De hecho, estos individuos se tumbaron sobre el coche de la joven «y la llamaban haciéndole gestos obscenos», explicó este hombre. Al final tuvo que acompañar a la mujer hasta su vehículo «y yo mismo lo hice con miedo y porque había más personas en la calle viéndonos», subrayó.

Además, algunos miembros de esta pandilla agresiva no tienen el más mínimo reparo en preparar «sus armas de trabajo», explicó un empresario. Fueron a un local y pidieron que le afilasen unas navajas, «una de ellas automática». El titular del negocio le dijo que el afilado le llevaría cinco días. Los individuos se marcharon con las armas refunfuñando y diciendo «que las necesitaban para ya». Otros comerciantes también explicaron lo que creen que es un motivo «de la extremada agresividad» que demuestran varios miembros de esta banda de okupas. Aseguran que entran en los restaurantes a comprar bebidas de altas graduaciones alcohólicas y energéticas, «y su mezcla es una bomba, le loquean», aseguraron estas fuentes.

A las cinco de la tarde, dos grilleras de la Policía Nacional aparcaron en el barrio y hasta una decena de agentes bajaron a patrullar la zona. Llegaron a entrar en el 19 de Doctor Fleming, cuya puerta está solo entornada, pero no pasaron del portal. Sí solicitaron a los allanadores que salieran, algo que, como era de esperar, no hicieron. Sin la pertinente orden judicial no pueden acceder a los pisos, pese al clamor de un vecindario que continúa denunciando constantes ataques.

La asociación vecinal aplaza la protesta por las restricciones sanitarias

La Asociación de Vecinos de la Falperra convocó a los ciudadanos a concentrarse delante de la plaza de Santa Lucía para protestar contra «el problema gravísimo de seguridad ciudadana y de convivencia», señaló Jaime Suárez, presidente del colectivo. La movilización, prevista para la una de la tarde de hoy, fue desconvocada, «aplazada», dijo Suárez, debido a las restricciones sanitarias establecidas por culpa de la pandemia. Y es que ya habían confirmado su asistencia «unas 200 personas y solamente se pueden juntar 10», subrayó Suárez. Por su parte, la alcaldesa, Inés Rey, apoya las medidas vecinales y dijo que mantiene un diálogo constante con la Delegación del Gobierno y que el 092 colabora con el 091 para subsanar el problema de seguridad.

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