La moda de las casas de madera llega a Costa Miño con otro bum constructivo

Tras la comercialización de pareados, ahora resurge la vivienda unifamiliar


miño / la voz

Costa Miño recibe al visitante aún con muchos carteles de venta de parcelas. Queda bastante por ejecutar de la macrourbanización de más de un millón y medio de metros cuadrados proyectada en su día por la extinta Fadesa, pero el relanzamiento de las ventas que anunciaron hace meses los promotores locales ha traído bastante movimiento de operarios ya a la zona. No es la ciudad de vacaciones proyectada a semejanza de las del Levante, sino familias que han escogido esa zona como primera residencia animadas por unos precios, indican, por debajo del mercado.

La zona busca la normalidad tras acaparar titulares como imagen de la crisis inmobiliaria Un imponente chalé nuevo está ya prácticamente finalizado en la entrada, en la avenida de Xarrío. Un poco más arriba, en la rúa Camposas, trabajan unos operarios en otra vivienda que ya está cerrada de ladrillo y casi a la misma altura, pero del otro lado de la urbanización, están levantadas las planchadas de otra construcción en la calle Pontigo, frente a una zona de inmuebles ya habitados. En la rúa Nogueira también se aprecian los pilares para otra casa y, al fondo de la urbanización, en la calle Bieiteiro, se están construyendo otras dos, que están muy avanzadas. No son las únicas novedades en un polígono que busca la normalidad tras acaparar titulares como imagen de la crisis inmobiliaria. Al menos, otras cuatro parcelas lucen cintas en su terreno que dibujan lo que podrían ser futuros inmuebles.

El movimiento no es solo en la autoconstrucción, hay varias ofertas de casas individuales y distintas inmobiliarias han relanzado la comercialización de pareados que por diversas circunstancias no se vendieron. Con ello, Costa Miño sigue creciendo.

«La licencia de obra tardó seis meses, y la madera desde Finlandia estuvo en tres»

Estrena formato en Costa Miño, pero Francisco A. B. no las tiene todas consigo. Con el proyecto casi enfilado, asegura que le cansa tanta burocracia y los atrancos para alcanzar lo que será su quinta vivienda, que estrenará, según sus previsiones, a principios del mes de diciembre. «Me jubilé y estoy mejor en una casa que en un piso», explica sobre el resorte que le llevó a planear un nuevo traslado de residencia, aunque no apuesta por que sea el definitivo. «Quería una parcela y escogí la madera porque la sensación para vivir es mucho mejor, ahorras mucho en energía, es mucho más sana», afirma un hombre que trabajó como empleado público.

«Quería una parcela y escogí la madera porque la sensación para vivir es mucho mejor»

Aunque cabría presuponer que la nueva vivienda tendría que ser un proyecto ilusionante, este propietario de 65 años está decepcionado con el discurrir de los trámites. «Son todos problemas, estás luchando con todo el mundo y no das hecho nada», sentencia y relata que inicialmente tanto a él como al vecino de la parcela situada justo detrás de la suya, donde los obreros están finalizando una vivienda individual, les indicaron que había que hacer un refuerzo de la línea eléctrica. «Ahora nos dicen que no había que hacerlo, pero pagamos 1.500 euros», remarca.

La elección de este modelo de casa no fue por el precio, «sale más o menos como las otras». En su caso, que optó por la opción más cara, estima que la obra le costará unos 160.000 euros, entre la parcela, el cierre, la construcción de más de 80 metros y los muebles.

«Debería ser más sencillo»

Hace trece meses que adquirió el terreno, situado en la rúa Bieiteiro, en una de las parcelas más próximas a los únicos edificios construidos en Costa Miño, al final de la urbanización entrando desde la carretera DP-4803. Francisco reconoce que la elección de la ubicación no le resultó fácil. «Buscando terrenos pasé un año y lo más asequible es esto», comenta en relación al proyecto urbanístico de Fadesa. «Las cosas deberían ser mucho más sencillas, la licencia de obra, que es un mero trámite, me llevó seis meses, y la madera, que hubo que pedir a Finlandia, es abeto nórdico, estuvo toda aquí en tres meses», compara mientras aboga por que se agilicen este tipo de trámites. Espera que la de primera ocupación sea más rápida.

De la parte constructiva solo queda instalar las ventanas y el suelo, además de las instalaciones eléctricas. Pese a lo avanzado del proyecto, estima que «es la tontería más grande que hice en mi vida». Aún así, deja un resquicio para ver si cuando esté finalizada queda más satisfecho. «Esto es un experimento», sentencia. Eso sí, defiende la elección de que sea de madera. «Son muy cálidas y en verano bastante fresquitas, llevan mucho aislante», asegura explicando que se animó porque tiene unos amigos que viven en una similar.

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